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La importancia de las librerías

Artículo publicado en Diábolo Magazine

16 de enero de 2017

Nuestra Cultura sigue creciendo a pesar de los recortes y la austeridad creciente


Un buen año cultural en líneas generales

No me gustan las listas, porque siempre son injustas y subjetivas. Tampoco soy muy de resúmenes, por lo común me dan mucha pereza y por lo general no suelo pasearme por lo que ha ocurrido, prefiero darme una vuelta por lo que está pasando o por lo que va a pasar… sin embargo, llegado cierto punto del año, me suele tocar el realizar unas y otros, así que, un año más, vamos a hacer un pequeño balance sobre lo que nos ha regalado 2016 a nivel cultural en la Sierra Oeste de Madrid, un repaso a través de la memoria de cuanto ha acaecido, a primer recuerdo y sin buscar más allá de lo que mi mente haya pensado que es memorable, así, si me dejo algo importante (que lo haré) me discutiré después algo menos.

Si pensamos en el año cultural de la Sierra Oeste, lo primero que se me viene a la cabeza es, una vez más, el necesario y alentador impulso que nuestra Cultura comarcal ha tomado desde hace ya varios años. Un empujón y un trabajo que sigue llegado, en la mayoría de las ocasiones, por parte de las personas que aman la Cultura, personas que llevan a las instituciones a remolque y que obligan a que nuestros ayuntamientos tengan que ponerse las pilas para no quedarse atrás, aunque no por ello no se siguen descolgando. Nuestros gobiernos municipales, bibliotecas, ayuntamientos… están muchas veces atados de pies y de manos, recortados hasta la médula, adentrados en el vertiginoso proceder diario de la austeridad impuesta por instancias superiores, problemas con los que no se suelen topar las personas más entusiastas (o que no vemos con tanta facilidad), quizá por eso, un año más, los más grandes impulsos culturales han llegado desde el mismo pueblo, desde esas personas con ansias de disfrutar de contenidos, encuentros, presentaciones, teatros…

Si me paro a pensar en lo más importante que hemos tenido, culturalmente hablando, en la Sierra Oeste, tengo que empezar recordando a nuestras bibliotecas municipales, centros de lectura y demás, que continúan peleando por ofrecernos cuanto pueden a pesar de las circunstancias y las ausencias de presupuestos. En especial, este año, me gustaría mencionar a la Biblioteca de Fresnedillas de la Oliva, que en mayo ofreció un homenaje muy especial a Joan Keiser, que puso en funcionamiento la biblioteca municipal hace ya más de 30 años. Creo que es un bonito homenaje en el que se pueden sentir identificados todos los que luchan por la Cultura, muchas veces hallando muros realmente complicados de derribar.

Los clubes de lectura son otros de nuestros puntos fundamentales, pero este año, el protagonismo, especialmente en este último trimestre del año, recae en el teatro aficionado, que goza de una salud exquisita en nuestra comarca, algo que se ha demostrado enormemente con esas excelentes Jornadas Cervantinas, impulsadas por Andrés Ruiz, desde Cenicientos y seguidas por grupos de Cadalso de los Vidrios, Santa María del Tietar, Villa del Prado, San Martín de Valdeiglesias… creo que esa unión de grupos teatrales y asociaciones culturales nos puede traer muchos buenos momentos en el futuro más cercano.

Elegiría Cenicientos como epicentro cultural de 2016, ya no por ser el rincón del que partió la propuesta de esas jornadas teatrales de carácter (que no escenificación) aficionada, sino por haber dado un vuelco a su propuesta cultural y haber puesto en marcha, por ejemplo, un nuevo concurso literario en la comarca, así como otras muchas propuestas que van creciendo con ingenio y vitalidad. Para un pueblo en el que la Cultura se limitaba a tener corridas de toros en verano… todo este nuevo apoyo a otros modelos culturales me parece digno de destacar.

No me puedo olvidar del que, sin duda, será ese epicentro en 2017, por eso de contar con sede propia para un curso completo, el Centro Cultural Santa Catalina, de San Martín de Valdeiglesias, donde la Asociación Cultural Teatro Sierra Oeste sigue desarrollando un trabajo inconmensurable por nuestra Cultura, ofreciéndonos diversas y completas disciplinas artísticas dentro de sus talleres, presentaciones, encuentros, debates… uno de esos equipos que siguen trabajando por que la diversidad cultural y la riqueza de contenidos y propuestas sea cada vez más enorme e inabarcable. Uno de los puntos fuertes de la Cultura de 2016 fue la entrega del Premio Divulgación Cultural, convocado y entregado por esta asociación, que fue para uno de los grandes impulsores de la Cultura y el Deporte de la Sierra Oeste de Madrid, Vicente Hernández, un grande de nuestra comarca.

Hay tantas personas de las que me gustaría acordarme y que me vienen a la memoria al pensar en Cultura, que solo quiero mencionar a uno de ellos, porque creo que también es uno de los grandes protagonistas de nuestra Cultura. Se trata de Jesús Reolid, violero de profesión y uno de nuestros artistas escondidos, de esos que están ahí, que siempre trabajan, que se dejan la piel en su arte (la creación de instrumentos), pero que apenas conocemos. Este año hemos conocido a Jesús a través de un espectacular trabajo en la recreación de instrumentos musicales desaparecidos, además de hacerlo gracias a su excelente poesía. Otro de los grandes personajes culturales de la Sierra Oeste, vinculado para siempre con Pelayos de la Presa.

Y, para terminar, aunque, como decía al principio, estoy convencido de haberme dejado mucho y muy importante, me gustaría recordar que nuestra comarca ha sido elegida como rincón de reunión y homenaje del grupo de los Hijos de Mary Shelley, otra de esas propuestas culturales diferentes que eligen nuestros lugares por su belleza y por sus posibilidades.

En fin, el año ha sido largo y a nivel cultural muy extenso y repleto. Apenas he hablado de la música, de la pintura, de nuestros poetas, de la Asociación Cultural Las Palabras Escondidas, de nuestros escultores… hay tanto y es tan rico, que, en un único artículo, por extenso que sea, es imposible meterlo todo. Lo que, por lo menos a mi modo de ver, es una grandísima fortuna para todos.



12 de enero de 2017

Ojalá que en Primaria no se lea lo mismo que se practica la Educación Física


El Gobierno quiere que se lea más en los colegios. O eso es lo que ha manifestado y, algunos, hemos leído en los periódicos, el Secretario de Estado de Cultura, Fernando Benzo. Y enfatizo la palabra “ALGUNOS” porque, según un informe confeccionado por la Federación de Gremios de Editores de España, cuatro de cada diez españoles apenas leen nada.

“La lectura en España”, ese es el nombre del informe que ha impulsado una noticia que se repite en nuestros medios de comunicación y en nuestras redes sociales. Ya sabéis, una repetición de imágenes y de titulares que solemos ver de pasada y sin profundizar demasiado. Un estudio que ha conseguido que el secretario de Estado pronuncie una frase muy llamativa, pero poco halagüeña, un titular, que se dice, pretende que se “iguale el tiempo dedicado a la lectura en los colegios con el que se dedica a la práctica de la Educación Física”… lo que querrá decir, muy poco. Porque la Educación Física tiene un horario muy escaso en la primaria, de hecho, la media es de 53 horas anuales en España, vamos, entre un 3 y un 6% del “currículo mínimo recomendado”… 

El secretario de Estado de Cultura ha afirmado que no quiere que ese tiempo de lectura que “recupere el que existía en tiempos pasados en las etapas iniciales de la Educación” sea a través de una asignatura específica y que no sabe cómo se puede compatibilizar esa idea de que se lea más con la pérdida continua de las Humanidades en el periodo educativo… vamos, que yo creo que, una de dos, o está algo perdido o nos ha dicho algo que todos queremos escuchar, pero que nadie sabe poner en marcha…

¿Qué vamos a leer en clase? ¿Vamos a conseguir que los enunciados de los problemas de matemáticas sean más literarios? ¿Vamos a aprender a multiplicar con poemas? ¿El clima y los órganos de nuestro cuerpo se van a contar con metáforas y aliteraciones? ¿Los maestros se dedicarán a leer fragmentos de literatura en clase de Ciencias?

No sé bien si es tan difícil conseguir que se lea… creo que hay centros que lo consiguen sin apenas esfuerzo (o, mejor aún, con mucha ilusión y con muchas ganas). Bibliotecas, Clubes de Lectura, Colegios, Librerías… a veces parece tan fácil, que no entiendo cómo no se logra más. 

Esta misma mañana me preguntaba una amiga cómo conseguir que su niña leyese más, una niña de 5 años. Yo me he reído, tener esa preocupación a los 5 años es algo que me parece divertido. No pasa nada. Con 5 años es difícil que uno se ponga a leer un libro. Otra cosa es que juguemos con el libro, lo manoseemos, miremos de arriba abajo hasta la última de sus ilustraciones, conozcamos al detalle ese mordisco que hicimos sin querer a una de sus páginas… y recordemos ese momento en el que compartimos ese libro con alguien que nos quiere y que nos acompaña en la lectura.

Creo que, una vez más, el Gobierno y sus ideas van por detrás. Llevad libros a los colegios, llevad a sus autores, haced que los niños tengan un trato diario con los unos y con los otros. Que conozcan al escritor de ese libro que tienen en las manos tan bien como conocen al tercer suplente de la portería de un equipo de fútbol de segunda división (como mínimo). Que disfruten de la lectura, que jueguen con ella, que se adentren en las historias con ánimo de diversión. Que no piensen que son herramientas de estudio y de aprendizaje, sino de ocio y recreo. Veréis cómo leemos más. Olvidémonos por unos años de Quijotes, Lazarillos, Celestinas y Regentas… o, mejor aún, tengámoslos a nuestro lado, para que sepamos de dónde vienen las historias que tanto disfrutamos hoy. Démosles a nuestros chavales libros actuales, de autores vivos, de autores cercanos y fáciles de encontrar incluso en un paseo por la calle. Convirtamos la lectura en un juego. Seguro que, más de la mitad de esos jugadores infantiles seguirán jugando de mayores. 

Yo me adentré en la lectura jugando con tebeos, con novelas infantiles, con poemas y cuentos escuchados en la radio… como muchos adolescentes intenté pasar de puntillas por muchos de los libros que me obligaron a leer en el instituto (de hecho, lo logré en algunas ocasiones…), pero seguí leyendo mis historias, esas que me apasionaban y me emocionaban, que me atrapaban y hacían disfrutar de mi propio tiempo de ocio.

Ese es el secreto. Olvidarnos de las obligaciones y convertirlas en devociones. Si a un niño no se nos ocurre ponerle a ver películas de Cine Mudo o grandes clásicos del cine, por eso de que, si no, de mayores no van a conocer ese bagaje cultural, ¿por qué lo hacemos con los libros? Los niños ven cine, ven buen cine, cine de actualidad, de hoy, y, con un poco de suerte, querrán saber por qué existe hoy ese cine que les gusta y se adentrarán más allá… o no, nunca se puede saber, ¿por qué nos cuesta tanto que hagan lo mismo con la lectura?

Señor secretario de Estado de Cultura, Don Fernando Benzo. Para leer, para seguir leyendo, para convertirnos en Lectores, con mayúsculas, hay que amar a los libros, nada más. Y hacerlo desde muy pequeños. No es una cuestión de horarios o de cuotas. De obligaciones o currículos. Es una cuestión de imaginación, cariño, compromiso, ilusión y buenas elecciones.

19 de diciembre de 2016

La Navidad de Dani


Las cosas no iban demasiado bien en casa de Dani, a sus 10 años había visto desaparecer poco a poco muchas de las cosas de las que disfrutaba desde que era pequeño, cosas que creía que eran habituales. Primero fueron los fines de semana a la sierra, porque sus padres habían tenido que malvender la casa de los abuelos por menos de la mitad de lo que valía, después fueron las vacaciones a la playa, hacía ya dos veranos que no salían de Madrid, y luego fueron muchas cosas más: la mayoría de las extraescolares, las salidas al cine, los dvd… ahora casi siempre estaban en casa, veían pelis pirata de mala calidad gracias al adsl de los vecinos del tercero, sus padres discutían casi todos los día por culpa del dinero y la despensa se llenaba gracias a sus abuelos por parte de madre. La vida de Dani había cambiado mucho desde que su padre se había quedado sin trabajo, hacía ya tres años. Su madre limpiaba alguna casa y ayudaba a los señores del cuarto, pero con el dinero que ganaba casi no había para nada de nada. Su padre buscaba y buscaba, pero no había ningún trabajo para él.

A Dani nunca le había gustado estudiar… y ahora, sin saber por qué, cada mañana se levantaba con menos ganas de ir al colegio o de hacer los deberes. Sus padres hablaban de cartas del banco y pronunciaban mucho la palabra desahucio. Dani sabía lo que era, cuando tenía ocho años había colaborado en una campaña lanzada desde su cole para ayudar a Martina, la friki, como la llamaban casi todos, incluso él algunas veces, una niña triste y gris, solitaria y cabizbaja, a la que nadie se acercaba nunca, como si tuviese una enfermedad contagiosa. Dani había ayudado a Martina, claro que sí, todos lo habían hecho en el cole, pero nadie quería ser como ella. A sus 10 años comprendía que iba camino de ser como Martina… y eso le aterraba, por eso cada día estudiaba menos, por eso cada día iba con menos ganas al colegio. 

Una mañana, cuando volvía a su casa después de clase, se topó con una bolsa de la compra que alguien había dejado olvidada en la calle. Era enorme y pesaba muchísimo. Dani se acercó con cautela al verla apoyada junto a una farola. Y al asomarse no pudo menos que emitir un “oh” gigantesco. Estaba llena de turrones y dulces navideños. Dani, que llevaba unos meses sin poder coger el autobús, estaba solo en la calle. Miró a todas partes y no vio a nadie. No había nadie. Cogió la bolsa, muy asustado, la escondió en su mochila (para lo que tuvo que sacar unos libros) y corrió hasta casa, agitado y asustado, pensando que alguien le gritaría que devolviese esos dulces. Que era un ladrón. Que eso no era suyo. Que no se lo merecía. 

Al llegar al pie de su portal se encontró con el vagabundo que dormitaba junto al cajero del banco. Dudó un instante, pero si él había tenido tanta suerte como para encontrarse más dulces de los que había soñado ver en toda la Navidad, el señor Ramón, que había sido el dueño de la tienda de chucherías cuando él era pequeño y le saludaba cada mañana con una sonrisa, a pesar de su triste situación, se merecía también una pizca de esa fortuna. Se agachó a su lado, le dedicó un saludo y un susurro con el que le deseó una Feliz Navidad. Sacó la bolsa y le entregó la mitad de los dulces, incluso el turrón de chocolate, que era el que más le gustaba de todos. Ellos no tenían casi nada, pero el señor Ramón tenía mucho menos, por eso le dio la mitad de lo encontrado. Al hacerlo se sintió bien, muy bien, de hecho.

Esa Navidad fue muy especial. Dani la vivió con su familia. Fue un festejo apagado y humilde, escueto, pero repleto de su mutua compañía y de deseos de un año mejor. Tuvo un único regalo, solo uno. Una pequeña bolsa de deporte en la que se cobijaban unas fantásticas botas de fútbol. Dani recordó cuando entrenaba los martes y los jueves, esa temporada había tenido que borrarse. Y pensó en el esfuerzo que sus padres habían hecho para que él y su hermano tuviesen un regalo en Navidad. Les quiso más que nunca.

Todo seguía igual. Su padre sin trabajo, su madre mal trabajando, el señor Ramón en la calle, él y su hermano dejando de hacer cosas, los abuelos tristemente sonrientes… pero estaban juntos. Y él tenía botas nuevas. Y se había encontrado una bolsa repleta de dulces de Navidad. Y sin saber por qué se acordó de Martina, a quien todos habían ayudado… Dani miró a su familia y lo supo, supo que todo iba a ir mejor.

Al pasar la Navidad y volver al colegio, lo primero que hizo fue acercase a Martina y charlar con ella. Empezó con un saludo, continuó con una sonrisa y se convirtió en una amistad infinita. Juntos pusieron en marcha un proyecto que finalizó con la reapertura de la tienda de chucherías del señor Ramón y con la vuelta de este a su casa de siempre, una casa que le había quitado el banco hacía uno meses, algo en lo que colaboró todo el barrio de Dani y todo el colegio. Él mejoró en sus notas y en las ganas de ir a clase, volvió a sonreír y logró que todo cambiase con su empeño y con un coraje que nunca supo de dónde había nacido, pero que supo que ya jamás le abandonaría.

No hubo fórmulas mágicas, no le tocó la lotería, ni siquiera tuvo la suerte de que alguien, por medio de un hechizo, cambiase su vida para siempre. Fue él, con amigos y con ayuda de todos los que le rodeaban, quien obró el cambio. Él fue el héroe de la historia.



Este año me hicieron un curioso -y genial- encargo desde la Dirección del Periódico A21, en el que llevo escribiendo desde que arrancó hace ya más de 100 ediciones y varios años. Me pidieron (y creo que ha sido la primera vez) un cuento de Navidad, pero algo que fuese distinto, original y, a poder ser, desenfadado... le he dado muchas vueltas al asunto, primero pensé en escribir la continuación del anuncio de la Lotería y convertir a la entrañable señora de la historia en una tirana con deseos de cobrarse el dinero entregado en el billete, después se me pasaron por la cabeza muchas historias más y llegué a escribir el irreverente cuento que podéis leer en este enlace... después me lo pensé mejor.

Necesitamos valientes, personas comprometidas, héroes... y no, no hace falta buscarlos muy lejos, los tienes junto a ti, tú mismo debes serlo (y puedes, si así lo quieres), por eso y no por otra cosa, al final me decanté por Dani, este héroe anónimo tan real como la vida misma.

Espero que os guste.

17 de diciembre de 2016

Sin dejar a nadie atrás


Hemos abandonado tantos sueños…

Los hemos dejado a la deriva
marchitos sobre lápidas de llantos
perdidos para siempre en la negrura
del olvido y del desastre

desolados
               desahuciados
de la vida que creían disfrutar

que tenían…

Y apenas nos importa

Nos dejamos llevar por la corriente
por las relaciones virtuales y sin roce
ajenas y lejanas
por ese día a día que te arrastra
y te hace desechar el tiempo preciso
para ver
              y sentir
                           y sufrir
                                        y tocar

Hemos pasado de largo por su lado

Y apenas nos importa
Nos hemos dejado engañar tantas veces
que parece que nada nos atañe
que no nos duele lo que ocurre
que no lo vemos

A nuestro lado
en la puerta colindante
en la ventana que ves desde tu casa
en ese banco helado
en el clamor de un cajero encartonado

Pero está ahí
todo está ahí

A nuestro lado

Lo estamos viendo cada día

Y apenas nos importa

Hasta ese día,
hasta el punto de que no solo importe
sino que además luchemos
ese instante en el que te levantes

y grites
            y pidas
                       y exijas
                                    y logres

Hasta ese preciso instante

seguiremos estando condenados
a dejar abandonados
tantos y tantos

Sueños

Marchitos para siempre en el abismo

Luces de neón que un día se apagaron
y siguen esperando los repuestos

Nos dicen que no importa
que sigamos a lo nuestro
que ya se arreglará lo que sucede
alguien lo hará por nosotros
está todo dicho y hecho

¿te lo crees?
¿todavía lo haces?
¿aún no has vislumbrado la mentira?

pensamos que hay alguien por encima
personas siniestras, gobiernos ocultos, ideas malsanas
que nos sobrepasan y nos encomiendan
que nos llevan a actuar como lo hacemos…

¡deja de engañarte!

Eres tú
            y tú
                   y tú
                          y yo

Somos nosotros
no hay nadie más

Que empiece a importarte
que empiecen a escocerte las heridas

El día que quieras
el día que cambies
el mundo, tenlo por seguro, cambiará a tu lado

Y, al fin, soñaremos todos
sin necesidad de abandonar a tanta gente
de relegar al abismo a millones

Podremos vivir

Sin dejar a nadie atrás.


12 de diciembre de 2016

Un cuento (diferente) de Navidad


Llegó de madrugada. Caminaba entre tambaleos rocambolescos y trompicones. Sobre la barba, espesa y desgreñada, gastaba una nariz ancha y unos ojos apagados que, si se miraban bien, podrían haber sido vivaces en el pasado. Tenía la ropa sucia. Todo en el recién llegado hacía que se le mirase con distancia, con rechazo por unos y misericordia lejana por otros. Y aun así despedía una extraña aura de inexplicable grandeza. 

El hombre se apoyó en la barra y resbaló, a punto estuvo de irse al suelo. Mantuvo el equilibrio no obstante y se quedó a escasos centímetros de arrollar a Lucy, la chica que lucía el vestido más corto y las piernas más largas. Ella, que no tendría ni veinte años, miró al hombre con una mezcla de sentimientos que iban de la admiración a la repulsión. Y sin saber por qué, quizá siguiendo el instinto natural de su antiquísima profesión, se acercó a su abultado vientre y a sus mejillas arreboladas.

Tobías, el camarero, se acercó al punto a la pareja y sirvió dos copas antes de que el hombre fuese consciente de la presencia de la muchacha a la que era probable que triplicara en edad. Ella tomó su bebida y cogió al hombre del brazo. Tenía los movimientos y la disposición tan estudiados que en apenas dos minutos se encontró sentada en su regazo sobre uno de los brillantes sillones de poliéster que tan bien se lavaban con una simple pasada de bayeta.

El orondo cliente ni siquiera tomó su copa entre las manos, nada que impidiese que antes de marcharse del lugar tuviese que pagarla junto con la de su atractiva compañera. Ella intentó abrazarlo y él se zafó ligeramente, sin demasiado empeño. Parecía evidente que estaba borracho. Tanto que Lucy pronto tuvo en mente sacarle un servicio sin necesidad de prestarlo. El hombre intentó apartar a la joven y volver a la calle, pero ella fue más persistente y condujo a su cliente hacia una de las habitaciones del Club de carretera en el que trabajaba seis noches a la semana por unos 50 euros la noche, si había fortuna.

Solo al llegar a la habitación y desnudar al pobre hombre, se dio cuenta de las gruesas ropas rojas que vestía, las botas de nieve que calzaba y el grueso cinturón que ceñía su abultadísima cintura. Por un momento y sin saber por qué, Lucy recordó que era Navidad. Una idea que desechó rápidamente. La Navidad eran fechas complicadas en el Club, los clientes habituales solían ser hombres de familia. Arropó al buen señor, que se durmió profundamente y volvió a bajar a la pesca de un nuevo interesado.

A la mañana siguiente saltó la noticia, ningún niño había recibido regalo de Navidad, Papá Noel había desaparecido. Un carro tirado por renos fue encontrado en las inmediaciones de un Club de Carretera, al parecer se había estrellado aparatosamente de madrugada. Los renos estaban en buen estado, aunque del carro no podía decirse lo mismo. No había ningún saco ni ningún regalo en las inmediaciones del accidente, eso fue lo que declaró un grupo de personas que conducían dos camiones con los que iban recogiendo cartones. Dicen, que esa misma mañana, una pareja de Policía Nacional se llevó a un señor con amnesia (o una gran resaca) a la cárcel. Un señor que había consumido de todo en el Club del pueblo y que decía que no tenía con qué pagar. De Papá Noel nunca más se supo.

3 de diciembre de 2016

Julián y el Dragón


La noche que el dragón llegó a la Colina Nublada Julián estaba en calzoncillos. Se acababa de lavar y estaba a punto de ponerse el pijama cuando un ruido estremecedor sacudió toda su cabaña. A los pocos segundos empezaron a llegar hasta sus oídos los balidos de sus ovejas, los mugidos de sus vacas y los ladridos de Sao y Pillo, sus dos perros pastores. Fue todo tan de sopetón que el pastor se descubrió de pronto helado de frío y con muy poca ropa delante de un dragón tan fiero como enorme. 

Julián llevaba en las manos su bastón de pastor. Lo miró como con pena cuando el dragón rugió por primera vez. Con un palito como ese poco podría hacer frente a una bestia semejante. Eso mismo parecían haber pensado Pillo y Sao justo un instante antes, porque los dos se encogían tras Julián con el rabo entre las piernas. El único que parecía inmutable ante la presencia del gigantesco monstruo era Belcebú, el búho que dormitaba casi perpetuamente en las ramas del tejo que daba sombra y cobijo a la cabaña de Julián, pero su tranquilidad no se debía a una enorme valentía por parte del búho, no creáis, se debía a que estaba ya muy viejo y apenas escuchaba o veía nada.

El dragón se relamió al ver las ovejas que se amontonaban en un rincón. Los ojos le relucieron de placer y dio un par de pasos que provocaron una fortísima sacudida en toda la colina, Julián trastabilló y estuvo a punto de caer. ¿Qué iba a hacer? Si el dragón se comía sus ovejas le dejaría en la ruina… pero, ¿cómo podía impedirlo?, ¿qué podía hacer él frente a un leviatán tan impresionante? Se le ocurrió una idea en el mismo momento en el que el dragón empezaba a abrir sus fauces para devorar a una de las aterrorizadas ovejas. Y gritó. Gritó mucho. Levantó las manos y las agitó. A lo mejor, pensó, podría asustar al dragón. El monstruo giró la cabeza y descubrió al pastor en calzoncillos. Hizo un sonido muy raro y empezó a agitarse. Julián tardó un largo y atemorizante minuto en darse cuenta de que el dragón estaba riéndose, se estaba riendo de él. 

Y entonces supo que estaba perdido, tiró el palo al suelo y salió corriendo hacia su cabaña. Los dos perros lo adelantaron en dos zancadas y se perdieron más allá de la casa del pastor. El dragón, sin dejar de carcajearse de las pintas del pobre hombre, olvidó las ovejas por un instante y se acercó al aterrorizado Julián. Abrió su bocaza y… ¡se lo merendó de un solo bocado! Fue un estupendo aperitivo antes de comerse a las ovejas, a las vacas y hasta a los perros si los hubiese encontrado (aunque estos fueron mucho más listos que su difunto amo).

Dicen que aquel dragón sembró el pánico durante muchos años. Lo hizo hasta que llegó a la comarca una inusual heroína que pudo derrotarlo y se hizo muy, muy famosa tras su hazaña. Fue una heroína que vestía de caballero y que recorrió el mundo en busca de aventuras hasta que se enamoró de un hermoso príncipe que encontró encerrado en una torre, secuestrado por una bruja, pero ¿sabéis qué? Eso ocurrió en otro momento, en otra historia, en otro cuento y quizá, solo quizá, algún día alguien os lo cuente.

27 de noviembre de 2016

La niña de los cartones


La primera vez que Raúl se encontró con Belén ni siquiera se atrevió a mirarla. La niña estaba sentada en el bordillo de un portal que había justo frente al colegio al que iba, vestía una ropa muy sucia, tenía el pelo enmarañado y olía bastante mal. Desde la ventana de su clase, Raúl sí tuvo el valor suficiente como para otear a aquella niña tan extraña que se sentaba entre cartones y papeles. Al lado de la pequeña, que tendría más o menos 9 años, como él, descubrió la figura de un anciano con sombrero. Un señor muy, muy viejo con una barba larguísima que vestía una gabardina rota y deslucida.

Durante dos semanas Raúl pasó al lado de Belén sin atreverse a mirarla. No tenía el suficiente coraje como para hacerlo. Y eso que, cada día, cuando llegaba al colegio, se asomaba a la ventana y miraba a la niña fascinado y sorprendido por su presencia. No sabía por qué, pero se sentía profundamente atraído por aquella chica y, especialmente, por su historia, porque había algo de lo que Raúl estaba seguro, tras esas ropas rotas y tras esos cartones y papeles, más allá del pelo sucio y enmarañado o de la botella vacía del anciano, había una historia. Probablemente una historia triste.

Casi dos semanas después de haberla espiado por primera vez ocurrió algo inesperado, la niña miró hacia el colegio justo en el momento en el que el niño se asomaba. Y le vio. Vio que un niño se asomaba a la ventana y la miraba descaradamente. Raúl metió la cabeza de forma apresurada y trató de pasar la mañana como si nada hubiese pasado. Pero aquel día su vida cambió para siempre.

Y es que, al salir de clase se encontró con Belén cara a cara. Ella le miraba con sorpresa y con una infinita curiosidad. También parecía algo enfadada. Los ojos de la chica chispeaban con un fuego que habría sido capaz de hacer arder a Raúl, a quien las mejillas sí que le ardieron y el corazón le dio un vuelco cuando ella se plantó delante de su camino y le gritó que por qué la espiaba. No fue un primer encuentro muy agradable, la verdad, pero aquel fue el primer día que hablaron. Solo fue una especie de discusión de un solo sentido, solo eso, pero fue el principio de muchas cosas más. Como casi todas las cosas, algo tiene que empezar a ponerlas en marcha.

Algunas semanas después, cuando Belén se sentaba con Raúl en clase, tras muchas aventuras y muchas cosas que no cabrían en este cuento, la niña le contó quién era, de dónde venía y por qué llevaba tantos días viviendo en la calle, entre cartones, por fin le hizo partícipe de su secreto, de su Historia, pero ¿sabéis qué? Eso ocurrió en otro momento, en otra historia, en otro cuento y quizá, solo quizá, algún día alguien os lo cuente.

10 de noviembre de 2016

El capitán del equipo se vuelve a llevar a la chica


Pues hala. Ha ganado Trump. ¿Os ha sorprendido? A mí, desde luego, también. ¡Y mucho! Aunque… Quizá podamos unir este triunfo al del Brexit en el Reino Unido o al NO a la Paz elegido en Colombia… el caso es que hay quien empieza a pensar que la Democracia no funciona, que no puede ser que votemos tan mal, que nos equivocamos al hacerlo… ¿cómo puede ser, dicen muchos, que alguien manchado de corrupción siga ganando elecciones?, ¿por qué cae bien alguien que hace tanto mal?, ¿por qué se elige lo que se aleja tanto del sentido común?, ¿cómo puede ser el presidente del país más poderoso del mundo una persona que despierta tantos recelos y que parece tan poco… apto para ser presidente incluso de su comunidad de vecinos?

¿Es que nos hemos vuelto locos? ¿Es que la Democracia está fallando? Hay muchas personas que piensan que esto está ocurriendo... ¿no será la Educación lo que falla?

Es cierto que en el caso de estas elecciones de EEUU parece que no se ha votado a uno de los dos candidatos, sino en contra de uno de los dos… algo así como lo que pasó en España hace dos elecciones o incluso más… porque en España somos expertos en votar a la contra. Pero es evidente que algo pasa, en todo el mundo, para que esto vaya como va y para que ocurran estas cosas… hay quien habla de la crisis como motivo. Se habla del “Populismo” como un mal endémico… quizá es que la gente ya esté harta de que le vendan motos que no entienden… y, si por lo menos saben de qué les están hablando… pues eso. Cuando las cosas van mal y hay alguien que nos dice lo que queremos escuchar, aunque sea mentira y aunque vaya vestido de palabras y pensamientos soeces y chabacanos… pues nos convence. Casi entre en lo normal. La demagogia es muy fácil de utilizar en una sociedad idiotizada y poco crítica.

Lo mismo hay quien se ofende escuchando esto. Si es así, si te has ofendido, enhorabuena, perteneces al cada vez más escaso núcleo de población con capacidad de pensamiento crítico y de no tragar con cualquier cosa. Enhorabuena, te repito. Y, aun así, es una desgracia ser así en un mundo como este. En una sociedad conformista y especuladora. 

Adormilada tras toda una serie de informaciones diarias y circos continuos. Donald Trump, el nuevo presidente de los EEUU (si es que no impugna los resultados él mismo) es un personaje televisivo y cinematográfico, un “showman”, alguien que sabe llegar al gran público, un Silvio Berlusconi venido a más o un Jesús Gil venido a menos… porque don Jesús era mucho don Jesús… la televisión y el cine nos mantienen horas y horas pegados a sus diversas pantallas. Nos tienen hipnotizados. Nos llevan a dónde les apetece a través de las diversas mareas de opinión que quieren fomentar… y aunque los medios han querido cerrar las vías a Trump, han llegado demasiado tarde. Porque una amplia población estadounidense (especialmente en zonas rurales), quiere ser Trump, aspira a serlo.

Así que, en esta ocasión se han unido el Populismo y la Demagogia, con la televisión, con la simpatía ofrecida por un personaje que representa algunos de los valores que siempre hemos visto en los norteamericanos a través del cine y de la televisión… un tipo campechano, exitoso, con dinero… un triunfador. El típico capitán del equipo que se acuesta con todas las chicas casi sin pretenderlo, el que todo el mundo admira y adora, el que va siempre bien peinado y acapara todas las miradas y palmaditas en la espalda… Trump es el capitán del equipo. Estoy convencido de que muchos de los votantes de Trump querrían estar en su pellejo, poder ejercer su poder como quisiesen y cuando quisiesen…

En las películas el chico normal, el de "a pie" termina llevándose a la chica y el protagonismo... en la vida real (algo que también nos cuentan las películas) eso no es así, el Capitán del equipo sigue ganando la partida. Especialmente en las zonas rurales (que es la inmensa mayoría de Norteamérica)

La verdad, no sé de qué nos extrañamos. Ha ganado Trump… al menos este señor va de cara. Nos dice en todos los morros que quiere hacer lo que quiera y cuando quiera, que puede hacerlo porque tiene todo el dinero del mundo para hacerlo, porque es un ganador y porque tiene la simpatía de todos aquellos que quieren ser como él. Porque es el espíritu americano personificado, con torre propia incluida. Una persona que se jacta de ser capaz de disparar a alguien en la calle y que nadie le recrimine nada…

Desgraciadamente, amigos, este es el mundo que nos va a tocar vivir. Me gustaría haber tenido la oportunidad de conocer a algunos de los votantes de Trump y preguntarles por sus lecturas… en un mundo de lectores, de personas inquietas, de pensadores críticos… Donald Trump no tendría cabida más que en los shows televisivos que le gustan o en sus múltiples negocios. Nunca, jamás, en la política. Aunque, quién sabe, en un mundo así, quizá Hillary Clinton ni siquiera habría optado a la presidencia tampoco.

En la sociedad del twitt, del pensamiento rápido y superficial, no hay sitio para personas que piensen. Solo hay lugar para impulsos y deseos a corto plazo.

Ojalá no hayamos llegado aún al punto de no retorno. Ojalá…

Y dicho todo esto, nadie puede aún juzgar a Trump, una cosa es lo que se dice para denigrar al rival político o para llegar al gran público y otra diferente es gobernar de verdad. Veremos...

16 de octubre de 2016

El Dragón de Jacinto

Cuando a Jacinto le dijeron que podría tener un dragón para él solo no imaginaba todo lo que tendría que trabajar para poder tenerlo. Sus padres le avisaron de que ellos no se iban a ocupar de un dragón, porque ya tenían bastante con las dos mantícoras de sus hermanas, el hipogrifo del abuelo y el burrustaquio del vecino, que tenían que cuidar de vez en cuando, porque el vecino era muy viajero y un poco cara… y porque a los padres de Jacinto les encantaban los animales y, sobre todo, se les daba muy bien cuidarlos.

Pero a Jacinto le hacía tanta ilusión tener un dragón que no le importaba nada eso de trabajar mucho y aseguró que haría todo lo necesario para cuidarlo. Tener un dragón para él solo era un sueño que siempre había tenido. El día que fueron a por él al nido de dragones, vieron tantos que parecía imposible decidirse por uno solo. Parecía una decisión imposible hasta que Jacinto cruzó su mirada con la de un dragón muy pequeño. Estaba acurrucado en un rincón, encogido tras una cola demasiado larga para un cuerpecito tan diminuto. Era muy chiquitín. De un color azul desvaído, mate. No relucía como las otras crías de dragón. Tampoco correteaba. Se limitaba a estar ahí parado. Encogido y asustado. Desde la distancia parecía tener un ojo más grande que el otro y era feo a rabiar. Muy, muy feo. Por alguna razón inexplicable Jacinto supo que ese tendría que ser su dragón. Ese y ningún otro. 

Le quiso antes de tenerlo entre los brazos.

Sus padres intentaron hacerle cambiar de idea, le enseñaron muchos dragones más robustos y lustrosos, coloridos, relucientes, escupe-fuegos, con alas enormes que, seguro, les permitían deslizarse elegantemente por los aires… sin embargo, Jacinto se mostró inflexible. Había encontrado su dragón.

Y Gruñido, como llamó a aquel diminuto dragoncito, se fue a vivir con ellos.

Dicen que algunos años después Gruñido seguía siendo tan feo como de pequeño. Puede que incluso algo más. Había crecido mucho. Ahora volaba y escupía fuego como los otros dragones… o casi, por lo menos, solía tener muy mala puntería y no pocos de sus aterrizajes forzosos habían acabado en pequeños desastres mobiliarios. Pero tenía el corazón más grande que nadie hubiese encontrado nunca en un dragón. Y era el mejor amigo de Jacinto. Dicen que vivieron grandes aventuras y que los padres de Jacinto jamás se arrepintieron de la decisión que había tenido su hijo el día que fueron a buscar un dragón al nido. Ni siquiera el día en el que pasó algo que hizo que cambiase la vida de aquella familia para siempre… pero ¿sabéis? Eso ocurrió en otro momento, en otra historia, en otro cuento y quizá, solo quizá, algún día alguien os lo cuente.



2 de octubre de 2016

Encuentro Imposible


Tras más de diez minutos de ladridos y lamentos de los perros el Tío Raimundo salió de su casa. Iba en calzoncillos. Una camiseta de tirantes, sudada y con sospechosos manchurrones oscuros, cubría su torso y su abultado estómago, casi todo por lo menos. Hacía fresco en el monte de la noche zamorana. Quizá por eso llevaba puestos los calcetines remendados y repletos de agujeros. Quizá por eso caminaba sobre dos destartaladas alpargatas de plástico barato. Quizá por eso había enganchado la boina y se la había calado bien. Las ojeras y las legañas le molestaban, no le dejaban ver con claridad. Los perros volvieron a ladrar y a aullar. El tío Raimundo gruñó. Acarició bien el bastón que siempre llevaba entre las manos. Esos puñeteros perros iban a aprender a no molestar por la noche...

Iba tan distraído y adormilado que tardó algo más de un par de minutos en apreciar el resplandor que invadía la madrugada. Y eso que parecía que era de día. Al percatarse de la luz el Tío Raimundo escupió en el suelo y se cagó en los muertos de todos los domingueros de España. Se iban a cagar. Con paso decidido se acercó a la fuente de la luz. Cada paso era más difícil de dar. Cada vez hacía más calor. Incluso él empezó a pensar que, lo mismo, allí estaba pasando algo raro...

“¡No me jodas!” No pudo evitar que se le escapase la expresión... bueno, tampoco se olvidó de Dios, ni de su madre, ni de otros recuerdos y reniegos menos reproducibles. Incluso el Tío Raimundo, que nunca había salido del monte ni había visto películas de televisión ni había escuchado noticias en toda su vida más que las que alguien dejaba caer en la taberna del pueblo cuando jugaban al tute o al mus, incluso él, supo que estaba ante un platillo volante. Un umbral extraño se abrió en el material imposible del que estaba hecho el artefacto. Y de allí, como surgido de un abismo inaudito, surgió la figura de un ente extraño, inimaginable. Un ser alto, delgado, de color verde y cien ojos en un cráneo demasiado grande para poder ser soportado por un cuello normal. La impresionante figura alargó un tentáculo hacia el Tío Raimundo, como si quisiera entablar una conversación o establecer un contacto. Quizá el primero entre la humanidad y una civilización extraterrestre e infinitamente superior a la humana. El Tío Raimundo miró al ser con un gesto desconcertado. Después volvió a escupir. Asió el bastón con firmeza y se lio a palos con el desconocido. “¡Vas a aprender tú a no venir a dar por culo por la noche, cabrón!” Dicen que escribió el alienígena en su cuaderno de bitácora antes de morir de una paliza.

24 de septiembre de 2016

Cazando bajo la tormenta - Parte I


El trueno de los tambores resonó por encima de la tormenta. Grum gruñó. Esa noche habría partida de caza. Miró a Hem, la hembra con quien compartía nido y nicho desde que Lamba había muerto devorada. Esta asintió. Sabía que cuando los tambores irrumpían no había nada que aludir.

Un relámpago iluminó las cicatrices del rostro del rastreador. Hem sabía que había sido guerrero en el pasado. Uno de los mejores. Ahora era un simple siervo bajo las órdenes del Gran Cazador, aunque Grum le doblaba en tamaño y habilidades. No era un gran partido. No había podido elegir. La Ley de la Montaña Nublada exigía una pareja para ocupar un nido. Solo la muerte libraba de esa exigencia del Gran Urkell, el Protector. El Brujo Queirquel que había conseguido con su magia un rincón seguro en un mundo en el que la protección valía más que cualquier otro tesoro.

Desde la caída de Sarberk, la Ciudad de la Frontera, el mundo era un lugar cada día más terrible que el anterior. Al menos, en la Montaña Nublada se podía dormir bajo techo, a salvo.

Grum realizó un gesto torpe con la cabeza antes de atravesar la raída cortina que cubría el umbral del nido. Ella admiró su enorme cuerpo. Los músculos que evidenciaban su pasado en múltiples contiendas. Las cicatrices que cubrían cada palmo de su torso y de su rostro. La propia Hem era una guerrera temible. Una hembra temida en la Tribu de la Montaña. Pero sabía que ante Grum poco tendría que hacer en una lucha cuerpo a cuerpo.

Cuando partió. La hembra renegó. Le habría encantado participar en la caza nocturna, pero el Gran Urkell había prohibido que las hembras participasen. Afirmaba que mantenerlas en la montaña, a salvo en los nidos, era el único modo de conservar la especie. Los Krams eran más importantes que Hem o que Grum. La raza estaba por encima de todo.
De momento, quizá por el terror inicial, por la incertidumbre ante lo inexplicable llegado desde la Frontera, todos habían obedecido al pequeño humano que gobernaba con mano de hierro. Un trueno golpeó sus oídos. Había sonado demasiado cerca. Los tambores seguían sonando. Alertando de la convocatoria. De la caza. Hem escupió. Empezaba a estar cansada de quedarse fuera de la lucha y de la caza.

Era una Kram. ¡Por el Rugido de Khronis! Necesitaba derramar sangre...


21 de septiembre de 2016

El globo


Un rayo de sol ha entrado por la ventana
un rayo templado
luminoso
tenue cual caricia de niño

frágil, como mi memoria

Ha sido solo un segundo
un diminuto instante
apenas un suspiro

pero ha sido suficiente para recordar el globo

aquel hermoso globo
                                  Brillante
                                                Enorme
                                                             Sonriente
Sé que he sonreído

No siempre soy consciente,
supongo, aun así, que lo hago a menudo
siempre he sido muy risueño
a veces incluso un poco pesado

El globo…

               Y la carita de mi hijo tras su brillo
               sus ojos relucientes, enormes,
               su esplendorosa sonrisa
               la mirada orgullosa de mi Mari

               La inocencia

¡qué felices éramos entonces!

María, Miguel…

                            Y yo,
                            sí, también fui muy feliz a su lado

Fueron muchos los años felices
radiantes

Cuando me acuerdo, disfruto como un niño
sonrío por haber sido tan feliz

Ahora lo recuerdo

Intento retenerlo aquí, en mí mismo
pero sé que, en un soplido revoltoso de la brisa, volveré a olvidarlo

Me duele saberlo
pero ahora sonrío,
ahora recuerdo la importancia de ese instante

¡Nada más importa!

El júbilo

La dicha

¡Nada más importa!

Ni el después, ni el olvido, ni esta maldita memoria mía.
Nada más importa.
Soy feliz.

Está aquí, conmigo, mi hijo,
siempre está a mi lado
aunque a veces no me acuerde
aunque le llame de otro modo
aunque yo parezca más pequeño
más diminuto
menos yo…

Es él

           Siempre es él
           Siempre lo ha sido

¡Le quiero tanto!

Quizá luego me olvide,
quizá le vuelva a confundir con la vecina
o con mi padre…

¡qué mala leche tenía mi padre al enfadarse!
Aunque era un trozo de pan,
un bendito.
Mi padre.

Hay noches que nos reímos juntos con esos disparates
mi hijo y yo, juntos,
otras lloramos…

Pero hoy
ahora
soy feliz, plenamente feliz. Y él lo sabe.
Mi Mari, allí arriba, seguro que también lo sabe.

El sol lo ha permitido,
me ha dado este regalo,
este segundo, este instante, este suspiro.

Un momento suficiente para verte
y recordarte

Hijo mío

Y sonreírte
Y besarte

Y decirte de nuevo,
como siempre nos dijimos
como tantas veces nos hemos dicho,
ahora lo recuerdo,

Te quiero, siempre te he querido.

 Gracias por no olvidarlo.


Para todas las personas que se olvidan de su felicidad y de sus globos azules...

Héroe de juguete


El cochecito en el suelo desencadenó todo...

El soldado, horas después, aún no entendía por que había ametrallado a esa familia que podría haber sido la suya propia.

El miedo, el estrés, el dedo en el gatillo...

Nadie más que él supo la causa de su suicidio.

En el barro quedó el arma, aún humeante.

A su familia le llegó una carta afirmando que había sido un héroe.



#MalditaGuerra

16 de septiembre de 2016

Llanto de la Tierra Herida


Las lágrimas surgieron

la Tierra herida vomitaba un llanto inabarcable
infinito

nada se movía
nada evidenciaba la dolencia

pero la Tierra seguía llorando inconsolable
las lágrimas seguían surcando el horizonte

todo era quietud
calma
silencio

desconsuelo

hartazgo

la ceniza aún flotaba en el ambiente

una piedra cayó en ese momento
quizá ese fue el desencadenante necesario
si es que lo era alguno

todo se estremeció de puro terror

la Tierra herida lo supo de pronto
aunque siempre lo había sabido

la sangre 

los cuerpos

la derrota

la masacre
aún no había terminado


24 de agosto de 2016

La última palabra


Antes de marchar quiso dejar algo. Lo que fuese. Quizá necesitaba hacer como cuando era pequeño, tener la última palabra antes de callar y zanjar la discusión. Habían perdido. El pueblo era de ellos. Y "ellos" era una palabra extraña y difícil de pronunciar, porque ese "ellos" no era más que un "nosotros" partido por la mitad, sin ningún sentido. Habían perdido. Y eso significaba que se tendrían que marchar para siempre. Pero, antes, iba a gritar su última palabra. Todos la escucharían. "Ellos"... y "nosotros". Todos debían escucharla...

Se coló en el minúsculo sótano de su amigo Pedro. Allí se guardaba uno de los tesoros mejor cuidados de todo el pueblo, una magnífica estación de radio R2 que les habían arrebatado hacía unos meses a los italianos. Nunca se había puesto delante de un micrófono. Le dio igual. Abrió los canales, como le había visto hacer cientos de veces a Pedro. Y recitó a Lorca y a Machado, a Unamuno y a Benavente, a Alberti y a Cernuda... sabía que "ellos" conocían el rincón en el que se ubicaba la emisora. Y aun así, fue incapaz de callar...

Dos horas. Ese es el tiempo que estuvo en el aire. Supo que, de haber sobrevivido a esa guerra habría intentado dedicarse a la radio. Había encontrado su vocación. Una desgracia, el hacerlo horas antes de morir. Al amanecer del día siguiente, ante el pelotón de fusilamiento preparado por "ellos", vio que estaba ante más "nosotros" de los que había pensado. Luis, Paco, el Gaitán... su cuadrilla de niño, al completo, le iba a matar. No le impactó demasiado. Pero, descubrió algo más. No lo habría imaginado nunca. Vio que muchos de los que tenía enfrente, los fusiles en ristre, recitaban versos en silencio, rememorando en un mudo homenaje los que él mismo había recitado en la tarde anterior. Sonaron los disparos. Ni su estruendo fue capaz de enmudecer a la poesía, que ya nunca los abandonó. Ni a "nosotros" ni a "ellos". La poesía no entiende de fronteras.