En la radio, hablando de libros

Desde 2007 peleando por dar a conocer la mejor literatura

"La gran aventura de Sir Wilfredo - El asedio de las sombras"

Una novela para disfrutar de las princesas y de los caballeros.

Microrrelatos en 3 Capítulos

Disfruta de más de cien historias cortas

La importancia de las librerías

Artículo publicado en Diábolo Magazine

24 de agosto de 2016

La última palabra


Antes de marchar quiso dejar algo. Lo que fuese. Quizá necesitaba hacer como cuando era pequeño, tener la última palabra antes de callar y zanjar la discusión. Habían perdido. El pueblo era de ellos. Y "ellos" era una palabra extraña y difícil de pronunciar, porque ese "ellos" no era más que un "nosotros" partido por la mitad, sin ningún sentido. Habían perdido. Y eso significaba que se tendrían que marchar para siempre. Pero, antes, iba a gritar su última palabra. Todos la escucharían. "Ellos"... y "nosotros". Todos debían escucharla...

Se coló en el minúsculo sótano de su amigo Pedro. Allí se guardaba uno de los tesoros mejor cuidados de todo el pueblo, una magnífica estación de radio R2 que les habían arrebatado hacía unos meses a los italianos. Nunca se había puesto delante de un micrófono. Le dio igual. Abrió los canales, como le había visto hacer cientos de veces a Pedro. Y recitó a Lorca y a Machado, a Unamuno y a Benavente, a Alberti y a Cernuda... sabía que "ellos" conocían el rincón en el que se ubicaba la emisora. Y aun así, fue incapaz de callar...

Dos horas. Ese es el tiempo que estuvo en el aire. Supo que, de haber sobrevivido a esa guerra habría intentado dedicarse a la radio. Había encontrado su vocación. Una desgracia, el hacerlo horas antes de morir. Al amanecer del día siguiente, ante el pelotón de fusilamiento preparado por "ellos", vio que estaba ante más "nosotros" de los que había pensado. Luis, Paco, el Gaitán... su cuadrilla de niño, al completo, le iba a matar. No le impactó demasiado. Pero, descubrió algo más. No lo habría imaginado nunca. Vio que muchos de los que tenía enfrente, los fusiles en ristre, recitaban versos en silencio, rememorando en un mudo homenaje los que él mismo había recitado en la tarde anterior. Sonaron los disparos. Ni su estruendo fue capaz de enmudecer a la poesía, que ya nunca los abandonó. Ni a "nosotros" ni a "ellos". La poesía no entiende de fronteras.

21 de agosto de 2016

En el Cielo


En el cielo todo se ve diferente. Es tranquilo y agradable. Pacífico, aunque te enfrentes a la muerte. Todo parece ir más despacio. Menos vertiginoso. Aquel día me encontraba en verdaderos apuros. Mi viejo Hurricane estaba agujereado de arriba a abajo, yo mismo lo estaba. Notaba la sangre huyendo de mi cuerpo. Y ese puñetero Uno-Cero-Nueve seguía a mi cola. El motor estaba en las últimas. El humo provocaba lágrimas en mis ojos a pesar de las gafas protectoras. Pero todo parecía ir muy despacio. Como si alguien lo hubiese contado ya. Como si solo fuese el borrón de un recuerdo perdido y, de repente, encontrado...

Sabía que estaba a punto de morir. Todo estaba decidido. Narrado ya por algún estúpido autor que había leído que el derribo de los Hurricanes era el pasatiempo favorito de los centenares de Messerschmitts que usaban los alemanes. Lo cierto es que estaba a punto de estrellarme y morir. No me importaba. A esa velocidad nada dolería demasiado. Cuanto más me acercaba al suelo más rápido corría todo. Por encima del miedo y de la protesta, cada segundo, menos ruidosa del motor que me mantenía en el aire, recordé a mis padres, a mis hermanos, a Giselle, con quien ya nunca podría ir a ver la famosa Torre Eiffel de la que siempre me hablaba… el mar estaba a mis pies, casi podía tocarlo con la punta de los dedos. Estaba tan cerca todo…

No sé por qué recordé en ese momento la sopa de ajo que tanto detestaba. La hacía mi madre los lunes y yo hacía cualquier cosa para evitar comerla. En ese momento habría dado mi alma por tomar una última cucharada. Aunque, si tenerla delante, la saboreé. Olí ese momento en la mesa. En familia. Fue un instante que me hizo sonreír. El alemán dejó de dispararme y de seguirme. Yo sabía bien el porqué. No le culpé. Seguramente se trataba de otro chaval de mi edad, a quien le habían entregado un arma que no sabía utilizar del todo y le habían encomendado alguna misión estúpida y sin sentido. En esta ocasión él había ganado la partida. Quién sabe. Lo mismo, algún día, ese chico llevaría a su novia a París, a ver la famosa Torre Eifell. Sería estupendo que lo hiciera. Antes de convertirme en una enorme bola de fuego sobre el mar recordé a Giselle y me la imaginé intentando eludir la sopa de ajo de mi madre. Creo que solté una carcajada antes de estallar.


Este microrrelato está escrito después de leer "Volando solo", del genial Roald Dahl. Un gran inspirador de historias.

20 de agosto de 2016

La ventana


Muchos años después, María volvió a asomarse a la ventana a la que se asomaba de pequeña. Y una vez apoyada en su alfeizar, aquel en el que había grabado su nombre con un destornillador oxidado, ante la vista de un horrible muro de hormigón, dejó derramar las lágrimas que no habían brotado entonces. Cuando sonaron las sirenas y su mundo desapareció para siempre...

Esbozó una sonrisa. Cada mañana, desde que habían llegado a esa casa en las afueras, se había asomado para disfrutar del paisaje que la rodeaba. Aquel pueblo era una preciosidad. Desde su ventana podía ver el perezoso movimiento que iba empezando a despertar a todo el mundo, el tronar del mar en el pequeño puerto, la llegada del día. Daba igual que fuese invierno, verano, otoño o primavera. María siempre se asomaba a su ventana, por la mañana, lloviese o hiciese sol. Cuando se marchó su padre, también se asomaba cada tarde, esperando que volviese...

No volvió. La guerra se lo llevó a un lugar del que aún no había regresado. María sabía que su padre seguía en una cuneta, quizá contando sus cuentos a los niños que habían muerto cerca de él. Haciéndoles sonreír como le hacía sonreír a ella. Cuando la encontraron, hacía ya casi 70 años de aquello, María seguía asomada a la ventana de la única pared que quedaba en pie de su casa. La mirada perdida en el mar embravecido, en el movimiento perezoso del despertar ante la muerte. Del pueblo no quedaban en pie más que ella y su ventana. De sus ojos pardos no llegó a brotar ninguna lágrima. 

Qatal


Qatal. Asesino. Así fue como empezaron a llamar al niño perdido. Ese fue el mote que se ganó cuando le dieron el arma y le ordenaron disparar a su hermana. Aquellos hombres. aquellos lobos. Aquellas bestias sin alma que un día vinieron a su pueblo y masacraron a los hombres. Violaron a las mujeres y secuestraron a los niños...

Qatal por aquel entonces tenía otro nombre que hoy nadie, ni él mismo, recuerda. Asió el arma con los dedos temblorosos. El corazón encogido. La mente en otra parte. En el vacío. En la nada. Apuntó a su hermana con el arma. Era una prueba para ser un soldado. Eso vociferaban las bestias. El niño solo podía pensar en la sangre, en los disparos, en los ojos rojos, en la rabia y el odio desatado por aquellos lobos sin alma.

No sabía disparar. Nunca lo había hecho. Sudaba. Sabía que las bestias le gritaban al oído, le empujaban. Sonreían. Él ni siquiera sabía que estaban ahí. Solo estaban sus dedos temblorosos, el nudo de su estómago. Y su hermana. Arrodillada ante él a sus cinco años. Pensó en ella. No había conocido la paz. Siempre había vivido en guerra. Merecía un lugar mejor, un mundo mejor. Qatal hizo lo que debía. Sin querer. Sin proponérselo. Un acto reflejo de puro terror. Se giró con el gatillo entre sus dedos temblorosos. Los hombres, por llamarlos de algún modo, estaban tan borrachos y desprevenidos que no tuvieron tiempo de defenderse. Pronto, en el barrio, solo quedaron un buen puñado de niños llorosos, una niña arrodillada y un hombre forjado, a sus diez años, en una prueba de fuego que le convirtió para siempre. Asesino. Qatal.

16 de agosto de 2016

Amor Imposible


Recorrerte lentamente
disfrutarte,
rozar tu ardiente piel entre jadeos. Y abrasarme.
Sin respiración, sin aire, beber de tus miradas y deseos.
Agonizar de amor 

                                y soñarte 
                                                 y anhelarte 
                                                                     y desearte…


Y por fin saborear tus labios un segundo.

Quizás, con suerte, tenerte un instante entre mis brazos
y morir poco a poco cuando llegue el alba y me abandones
resbaladiza, irremediable
y te desvanezcas en el día. 


Y me mates.



Hace unos días participé en uno de los concursos propuestos por Diversidad Literaria. He vuelto a tener la suerte de ser seleccionado para formar parte de la antología recopilatoria que publican con los concursantes. Espero que os guste el poema.


14 de agosto de 2016

He ganado el X Certamen de Poesía de Navas del Rey


¡Qué suerte! Ayer, estaba yo haciendo fotos de la estupenda representación teatral del Grupo de Teatro de Navas del Rey cuando anunciaron que iban a dar los premios de los concursos de verano y, una vez más, tuve la inmensa fortuna de ser galardonado con uno de los premios, en esta ocasión el de poesía. El de relato se lo llevó mi amigo José Gerardo Vargas, así que... 

Pues nada, aquí tenéis el poema, creo que ya lo publiqué por aquí hace tiempo, pero bueno, lo repito.


Guerra

Una vez llegué a pensar que una guerra a tiempo es un acierto…
era un ignorante entonces, lo confieso

después
ahora
         más tarde
llegaron las fotos
                           los vídeos
                                           el dolor
                                                        los gritos
las certezas

la guerra es un polvo gris sobre los niños
indefensos
    miembros inertes sobre los brazos de sus padres,
miedos innombrables en los ojos
aterrados
               recuerdos que ya jamás se olvidan,

con suerte un campo de refugiados atestado,
por lo común escombros, cenizas, sangres y trincheras…

La guerra es una cicatriz inabarcable…

Es el llanto inconsolable de unos rizos despeinados,
los ojos aterrados de una madre
un padre inmóvil, incapaz de comprender qué ha sucedido
una enfermedad crónica, inaudita, inexplicable…

ahora lo sé
y no puedo menos que reconocerlo y alegrarme,
nunca he tenido que lamentar vivir en una guerra,
no he sufrido una batalla…

era, soy, un ignorante
lo reconozco,
pero hoy soy un poco más sabio al afirmar:

nada bueno puede traernos nunca una guerra.
   

Un paseo por Navas del Rey con Alberto López Langa


Recorriendo Navas en muy buena compañía

Hace unos días me invitaron a disfrutar de una propuesta de lo más divertida, pasear por Navas del Rey y charlar mientras con Alberto López Langa y con Lu Sesma. La propuesta es de lo más interesante y, a pesar del calor de finales de julio, los tres (o eso creo yo) disfrutamos muchísimo de ese estupendo paseo por Navas del Rey, sus lugares, sus curiosidades e incluso su historia.

El resultado es un artículo dedicado a Navas en la web ECO-VIAJES del diario digital Nueva Tribuna, si quieres echarle un vistazo, pincha en este enlace y podrás leerlo entero.

Gracias a Alberto por querer pasear conmigo y a Lu, por acompañarnos y fotografiarnos tan estupendamente bien.

11 de agosto de 2016

Cartas de Barro


Terminó de escribir sin poder evitar un nuevo borrón. Esperaba que no se notasen demasiado los temblores provocados por el frío y el terror que sentía, había procurado que las lágrimas no cayesen en el papel repleto de frases cortas y recuerdos entregados. Lo que sabía que no podría ocultar serían las manchas de barro, esas no las podría borrar jamás, ni en las cartas, ni en los recuerdos ni en su vida...

10 de agosto de 2016

Recitando a Benedetti


Desde luego, no es la primera vez que recito a Mario Benedetti y, seguro, no será la última, pero esta vez sí que he recogido solo un poema para quien quiera escucharlo, uno de mis favoritos del uruguayo.

Cuentos políticamente correctos

El Lobo y el Cazador se fueron a la tetería de la aldea y allí, con una humeante tacita de porcelana en las manos dialogaron sobre la conveniencia o no de que una señora tan mayor como la Abuelita viviese sola en una cabaña en mitad del bosque y de la posibilidad de denunciar a la madre de Caperucita para que le quitasen la custodia de una niña a la que dejaba corretear entre los árboles por su cuenta y a la que nunca cambiaba de ropa. Incluso pensaron en poner en marcha una campaña en Change.org para censurar su mal proceder... Y fueron felices y comieron… ensalada de rúcula y brócoli a la plancha, que las perdices suben el colesterol. Fin.

Que nadie se me asuste, este no es el último final del tradicional cuento de “Caperucita Roja”, que se ha ido transmitiendo oralmente a lo largo de decenas de generaciones y que Charles Perrault fijó por escrito en su propia versión de la tradición oral. No, no es el nuevo final de este cuento que todos conocemos con uno u otro añadido, pero podría serlo. Que a nadie le quepa duda. De un tiempo a esta parte existe una corriente cada día más acuciante que pide una versión políticamente correcta de todo lo que pasa por nuestras manos. Todo tiene que ser correcto, el machismo tiene que obviarse o eliminarse, hay que evitar la sangre y la muerte, hay que borrar cualquier detalle capaz de traumatizar a los niños (y las niñas, espero no cometer un desliz en este asunto tan delicado), aunque esos traumas sean para muchos pobres psicólogos el pan de cada día. Y aunque el mayor trauma o problema causado por los relatos mal llamados infantiles es la creencia por parte de buena parte de la población femenina mundial en el Príncipe Azul, algo de lo que no tienen la culpa los cuentos tradicionales, qué va, sino la versión edulcorada de Disney de todos estos asuntos.


Soy políticamente correcto, a veces creo que demasiado, pero incluso a mí me resulta molesto esa necesidad innecesaria (perdón por la incongruencia) de cambiar los cuentos de toda la vida, de convertirlos en adaptaciones cada día más suaves y con detalles más rocambolescos. Como os digo soy políticamente correcto y me gustan la igualdad, los valores éticos, la educación, la corrección en el lenguaje… creo firmemente que los nuevos cuentos tienen que amoldarse a la sociedad actual o pelear para que, a través de su mensaje, la misma sociedad cambie poco a poco. Lo que me parece algo menos recomendable y me gusta mucho menos es ese intento actual por cambiar lo tradicional y convertirlo en moderno. En suave y ligero. Que nadie se equivoque, no hablo de asuntos que puedan poner en peligro la salud de las personas o de los animales. Hay tradiciones y tradiciones. Algunas es muy bueno que cambien y se adapten, claro que sí. Pero cambiar lo tradicional en los cuentos clásicos  y en la Literatura Infantil es algo que me molesta mucho. 

¡Ojo, llega un párrafo con “spoilers” (vamos, que voy a destripar algunos secretos)!

Que no se derrita el Soldadito de Plomo, que la Sirenita no se vuelva espuma de mar, que a Caperucita no se la coma el lobo o que Barba Azul sea un simpático señor de un castillo que se limita a divorciarse de aquellas esposas demasiado curiosas para poderse casar con otras… desvirtúa el mensaje de los cuentos, los cambia irremediablemente y consigue que nuestros niños y niñas estén cada día más alejados de la realidad. De pequeño he leído muchos de estos cuentos, los he escuchado. He sabido que las mujeres curiosas morían en ese castillo, que el Cazador disparaba al Lobo (¿o era un Leñador que iba con un hacha cual enano de la Tierra Media?), que la Bailarina de la caja de música se quedaba sin soldadito, que la Cerillera se moría de frío… la muerte, el miedo, la prudencia, el respeto ante lo desconocido… son mensajes que la tradición oral ha ido trayendo hasta nosotros y que no debería perderse, porque en esta tradición clásica se oculta parte de lo que nos ha convertido en lo que somos como sociedad, nos ha ayudado a prevenirnos de los peligros. Si los Gigantes no se comen a los niños o las Brujas no pretenden asarnos por acercarnos a sus Casitas de Chocolate ¿qué va a impedir que nos acerquemos a las unas o a los otros?

Y aun así vuelvo a reiterar que los nuevos cuentos hablan de otros asuntos, de respeto, igualdad, semejanzas entre las diversidades… y me encanta que lo hagan. Pero, repito, los nuevos cuentos, no los tradicionales. E incluso creo que, en ocasiones, es bueno que un libro obvie todo eso para que tengamos que ser nosotros mismos quienes los añadamos a nuestra mecánica intelectual.

Leo mucha buena literatura infantil y juvenil, la disfruto. Sé que hay dos autores muy queridos y admirados por los creadores de estos géneros literarios (si es que se pueden llamar así), estoy hablando de Roald Dahl y Gianni Rodari, aunque podríamos meter a Astrid Lindgren y a muchos autores más. Estos autores eran de todo menos políticamente correctos a la hora de escribir para niños. Es cierto que la sociedad ha cambiado ¡y mucho!, pero me da mucha pena el hablar con editores y editoras de LIJ que afirman rotundamente que hoy no publicarían las historias de estos tres grandes escritores. Y no me extraña, juegan a la incorrección, a la rebeldía, a la molestia de tanto en tanto… y en días como los que atravesamos, de globalizaciones y homogenizaciones ¿a quién le interesa que exista una nota discordante?

Llevo todo el mes de julio empapándome de Roald Dahl, lo estoy disfrutando como un enano y estoy queriendo ser gamberro, gritar groserías, mascar chicles y ver la televisión sin parar... pues no, es mentira, pero me lo estoy pasando como un enano con sus historias gamberras y transgresoras. 

Quizá, hoy en día, la mejor forma de ser una mente libre, un rebelde, sea, precisamente, leyendo a los clásicos.



28 de julio de 2016

El Sol enamorado


Te he visto socorrer a los poetas,
engrandecer los sueños de los locos,
inspirar amores inauditos
y tejer con tu plata los desastres más hermosos.

He presenciado tu entereza
al otear maravillas o desastres
y tu menguar obstinado cuando he pretendido darte alcance.

Te he visto nacer y morir en tantas vidas
que seré incapaz de recordarlas
pero nunca olvidaré, amada mía, esta pasión con que me embriagas.

27 de julio de 2016

Recitando dos poemas de Pablo Neruda


Creo que debo ser el último de los recitadores en acercarme a Pablo Neruda e incluso de publicar por aquí algunas de las cosas que recito. Hoy vengo con dos poemas, dos poemas pertenecientes a uno de los libros más leídos de todo el mundo, "20 poemas de amor y 1 canción desesperada".

Una amiga de Castillos en el Aire, Loli Pages, me comentó que, lo mismo, estaba bien que recitase a Neruda en alguna ocasión y yo... que soy un chico fácil, pues eso, que aquí tenéis dos de los poemas más famosos de la historia de la literatura.

Espero que os gusten.





25 de julio de 2016

La Curiosidad de la Nigromante


La Criatura se lanzó hacia ella. Pudo esquivarla por unas décimas de segundo. Supo que no tendría la misma suerte en una segunda oportunidad. Tenía que hacer algo si quería sobrevivir. Luchar... ¿cómo se iba a enfrentar con un ser semejante? Debía estar loca cuando pensó que era buena idea atravesar el Portal. Estaba muerta. Lo sabía. Ni siquiera ella debería haber hollado el Abismo. Era una imprudencia, una auténtica locura. Conocía la teoría de cuanto pasaba en este lado de la Creación, pero estar allí en realidad era algo muy diferente. Lo sabía. Sabía que cada plano tenía unas reglas. Y unos custodios. Estaba en el plano más bajo de la existencia. Había creído que su poder sería incontenible allí. Y lo era. Pero no había contado con la presencia de un Digaón. Un Demonio del Abismo.

Un destello oscuro en los ojos del monstruo le indicó que todo estaba sentenciado. Estaba perdida. Actuó por puro instinto. Fue como si el pánico le regalase la velocidad adecuada y necesaria. Solo tenía una meta: sobrevivir. No importaba el cómo. La Nigromante sudaba y temblaba cuando invocó al Leviatán. Al demonio más temible. Al mismísimo señor del Infierno. Y lo hizo un instante antes de ser ella misma devorada por una bestia infernal. El Diagón la miró con extrañeza e incredulidad. Después desapareció en un torbellino de luz y sangre. Un estertor infinito azotó los oídos de la mujer. Sus oídos sangraban. Las piernas no pudieron sostenerla. Y entonces lo vio. Contempló al demonio que ella mismo había despertado. Y supo que no solo ella estaba en peligro. Lo estaba toda la Existencia.

Intentó romper el lazo, desbaratar el vínculo que la uniría desde ese preciso instante al Diablo durante toda la eternidad. No pudo. Había roto el Juramento. Había ido más lejos de lo que debería... no había nada que pudiera hacerse. Mantuvo su poder apenas un segundo más antes de caer en el pozo infinito y formar parte de la Colectividad que sufría en el interior de la bestia. Al atravesar el Portal de regreso ya no era la Nigromante, era un ser diferente. Sus siervos no lo supieron hasta que los devoró uno a uno, lenta y dolorosamente. Después, lo que quedaba del rostro de la mujer esbozó una sonrisa. Tenía un mundo a su disposición. Y ya no existía un Portal capaz de enviarle de vuelta al Abismo...

13 de julio de 2016

Zombis y Sangre


Sangre. Cuando uno piensa en zombis piensa habitualmente en sangre. Pero no he visto ni una gota de sangre desde que empezó esta noche infinita. Puede que haya tenido suerte… o puede que haya olvidado aquello que me hace humano. No he visto sangre, pero sé que se ha derramado. Sé que las calles han sido regadas con la vida de cientos de personas. Supe que estábamos condenados en el mismo momento en el que vi al primero de ellos. Por eso no he visto la sangre, por eso me escondí entre estos barrotes. Por eso evito cualquier contacto con el exterior. Nadie ha entrado aquí. Nadie ha salido. No he visto la sangre. Zombis. Son asquerosos. Películas, libros, pesadillas. Sé lo que son. Por eso he sobrevivido. Por eso no he visto la sangre. Los colgué. Colgué a los que estaban aquí antes. Estaban preparados. Tenían víveres, agua y energía. Para años. Pero yo lo sabía. Tarde o temprano serían zombis. Todos. Por eso me adelanté. Por eso estoy solo. Por eso no veré la sangre. Una cuchilla rasgará la piel de mis muñecas. Me la dejará ver, por fin. Es llamativa y hermosa, la sangre.

Me entrevistan en LIBRIPEDIA

¡Qué duro es responder a una entrevista!

Mi amigo Guillermo de los Mozos ha puesto a trabajar a todo su equipo para preparar una completa entrevista sobre mí... ¿qué os parece? Yo os la dejo por aquí para que la disfrutéis (o la sufráis, nunca se sabe). Gracias Guille y gracias Libripedia.

Parece fácil, pero no lo es en absoluto, no creáis. Estar al otro lado de la pregunta... pues eso, que no es lo mío.

Podéis llegar hasta la entrevista PINCHANDO AQUÍ