19 de octubre de 2007

A quien pueda interesarle

Esto lo escribí en noviembre de 1998 y me valió un concurso de carta del instituto, espero que os guste. Toda la historia es ficticia y no está bien escrita, pero es que casi hace diez años que la escribí. Bueno, a ver qué os parece...

A quien pueda interesarle.

Hoy por fin me marcho de aquí. Pongo punto y final a un periodo de mi vida que ha durado ya demasiado tiempo. Tengo que irme, volver a casa, intentar olvidar lo que he visto y sentido en este lugar, algo que sé será imposible pues llevo las imágenes grabadas a fuego en mi mente y las reviviré durante el resto de mis días.
Queda una hora para partir y no volver. No debo mirar atrás. Tengo que borrar esto, ¡huir! Lo he intentado en un millar de ocasiones al dormir, siempre con el mismo resultado, despertándome en la noche, víctima de incontables pesadillas.
Ojalá pudiese correr y seguir corriendo hasta perderme para siempre, ojalá pudiese gritar tan alo que hasta el mismo dios me escuchara, pero sé que no puedo y el desasosiego que siento me desespera, me mata.
Allí, en casa, tengo una vida con mi familia, en mi pueblo y lo peor es que sé que jamás volveré a ser el que era. Aquel chico alegre de sonrisa fácil ya no regresará a casa pues no tendrá mas que asomarse a la ventana de sus pensamientos para revivir las terribles experiencias vividas en este lugar olvidado por el mundo.
Siempre escucharé el débil llanto casi mudo de los recién nacidos cubiertos por las apestosas moscas y el de los críos desnutridos que nunca sabrán lo que es jugar, ni crecer... Siempre oiré el gemido de angustia de esa pobre gente muriéndose de hambre con sus esqueléticos cuerpos y sus ojos vidriosos, tristes conocedores de un destino sin futuro.
Siempre los veré en sus tristes chozas, malolientes, mostrando sus demacrados rostros, siempre los veré...
El helicóptero me espera, pero no oso abrir la puerta, la frágil seguridad que me aporta, la frontera que me separa de toda esa podredumbre, de la muerte.
¿Cuántos han muerto e mis brazos? ¿Veinte? ¿Cincuenta? Perdí la cuenta (o quise perderla) cuando aquella cría se murió abrazada a mí, abrazada a una esperanza que no tenía. Cuando llegó a mí parecía que se estaba curando, que mejoraba y en ese preciso momento, cuando mejor estaba, cuando parecía más feliz se desvaneció, se perdió en el abismo.
Jamás podré olvidar su rostro, el más bello que he contemplado: sus ojos estaban hundidos en dos profundas cuencas medio vacías pero aun así destellaban con una luz especial y su pelo no había crecido, la pequeña mandíbula sobresalía amoratada y sus escasos dientes asomaban entre unas labios cortados e hinchados. Pero esa chiquilla aun en el umbral de la muerte, aguardando a la parca me sonrió y en ese mundo de caos y desagracia, aquella sonrisa iluminó todo su rostro, arropándome con su esperanza. Una ilusión que desapareció con ella.
Ya no creo en los hombres, ni en dios, sólo creo en la certeza de la muerte y lo fácil que es dejarse llevar por ella...
Si alzo la cabeza puedo ver un tarro de pastillas para dormir, más que aconsejables en este lugar si quieres descansar, ¡Dios mío, que fácil sería!
Qué sencillo resultaría tomar unas cuantas en mis manos y... ¡demasiado fácil!
Podría dejar de vivir atormentado, podría no volver a casa, podría dejar de ver todos los rostros de la guadaña, ¡qué fácil sería...!
Si alguien lee esta carta pueda que tenga dudas sobre si usaré las patillas o si por el contrario tomaré el helicóptero para regresar a casa. Yo no las tengo.
Ya no...

2 comentarios :

thebooksaysDVD dijo...

Intereante, ese vacío es importante para mi, expresan mucho más.

Cohen dijo...

Luego creo que el helicóptero sufría un terrible accidente, y el prota tenía que sobrevivir en una isla misteriosa. No, no es Perdidos, es una vr. de D. Defoe: El nuevo Robinson Crusoe.