5 de noviembre de 2007

Un recuerdo más...

Esto lo escribí el 16 de abril de 2004, desde entonces han pasado muchas cosas pero creo que es un buen momento para incluirlo en el blog. Ahora que las radios, las televisiones, las noticias y los tertulianos han vuelto a revivir y hacernos volver a sentir el horror de los atentados del 11-M con la excusa de la sentencia del juicio, es un momento tan bueno como cualquier otro. Espero no resultar muy naif como dice mi colega Rafa Martín.

Un recuerdo más.

Se ha hecho, hablado, comentado y razonado todo lo posible sobre los criminales actos acaecidos el viejo ya, por desgastado, 11 de marzo de 2004.
Ha habido cientos de homenajes, públicos y privados; miles y miles de minutos de silencio, que, sumados, quizás equivalieran a los años robados a tanta juventud masacrada, a tanto talento por llegar, a dos niños que nunca verán la luz; se han derramado millones de lágrimas por más de la mitad de los millones de habitantes que pueblan nuestra casa: la Tierra; se han vertido cientos de litros de tinta oscura sobre periódicos, revistas y todo tipo de soporte empapelado. Millones de dedos temblorosos han escrito agonizantes mensajes de miedo y resquemor al prójimo en teclados imperturbables, que no permiten mostrar las manchas de lágrimas derramadas sobre una carta redactada entre sollozos.
Aplausos, conmemoraciones, recuerdos, monumentos, altares improvisados, un funeral de estado como jamás se ha visto en España por lo sentido de las emociones desatadas por toda la ciudadanía española, así como por nuestros vecinos y amigos recién llegados de fuera... árabes, judíos, cristianos, protestantes, ortodoxos, budistas... y todas las religiones del planeta unidas en una causa común por primera vez desde el terrible día vivido en otro fatídico 11, en Septiembre, en Nueva York. El día en el que todos nos sentimos morir un poco, estuviésemos donde estuviésemos desperdigados por el mundo.
Millones de homenajes dedicados a esas inocentes víctimas que, quizás, algún día hubieran otorgado al mundo el milagro de una existencia gloriosa. Estudiantes que podrían haber llegado a genios en el futuro; trabajadores que, poco a poco, con el sudor de su frente podrían haber conseguido la majestuosidad de una vida tranquila y apacible junto a sus familias; dos pequeños que podrían haber encontrado la cura a una enfermedad incurable, que podrían haber llegado a ser lo que fuera... sólo Dios, Alá, Buda, Geová... sólo Él, pues siempre es el mismo ser con distintos ropajes, podría conocer sus futuros arrancados de cuajo. Futuroa truncados por la inefable guadaña traída por la fuerza, arrebatada a la misma Muerte por unos asesinos desquiciados.
A pesar de las miles de cartas, de los mensajes en los móviles, de los escritos de recuerdo, de las noticias, de los llantos, los e-mails, los carteles, los dibujos de niños, redacciones, sentimientos, a pesar de los recuerdos y homenajes otorgados a aquellos casi dos centenares de víctimas y a los otros cientos que no los acompañaron en su viaje, pero que quedaron marcados para siempre por el atentado. A pesar de todo éso, yo también quiero ofrecerles esta dedicatoria, aunque se pierda en el océano de todo lo anterior.
Porque todos los homenajes son pocos para los caídos en causas que les son ajenas y si ya recibieron millones de dedicatorias antes de ésta, no fueron suficientes, como tampoco lo serán las recibidas después. Pues el único homenaje verdadero que pueden recibir es el final de la violencia en nuestro mundo y éso, desgraciadamente, es sólo una utopía, un sueño que los humanos jamás encontraremos.

Ahora, a 5 de noviembre de 2007, quiero también dedicar este escrito a todas las víctimas inocentes. También a las de Irak, Afganistán, Pakistán, Somalia, Chad, Etiopía...