4 de diciembre de 2007

Carta de Moisés a mamá antes de nacer.

Bueno, no gané el concurso de carta, pero al menos puedo ponerla aquí para que la lea todo el mundo. En cuanto al cuento "¿Tú me habrías disparado?", que sí obtuvo premio, será publicado en lulu en próximos días. Avisaré.
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Querida Mamá.

Cuando leas esta carta probablemente yo ya no esté aquí. Este hogar es a cada instante más estrecho y oscuro, sus paredes me aprisionan, me ahogo con su aire escaso. He de salir ahí fuera, ver por mí mismo todas esas maravillas de las que siempre me estás hablando. He de sentir las cosas por mí mismo.
Sé que me quieres con toda tu alma y que llorarás cuando me aleje y sé que, si de tu voluntad dependiera, no abandonaría nunca el calor de tu regazo, tu abrazo. Estoy protegido y feliz contigo desde el principio, no lo olvides. Yo prometo no olvidar tu cariño sin fisuras y tu amor extremo. ¡Pero tengo que ver por mí mismo!
Quiero saber qué son todas esas cosas que me cuentas, sentir el sol ardiente sobre mi piel desnuda y el frescor de la hierba húmeda bajo las plantas de mis pies, el arrullo de la brisa de una primavera lluviosa y el olor de la paja mojada. Ver las estrellas en un firmamento despejado y la inmensidad de las montañas. Quiero sentir todo eso por mí mismo, ver con mis propios ojos... el mar, sobre todas las otras cosas quiero contemplar la vastedad del mar, ver si es cierto que es azul...
No quiero que sientas tristeza, no llores, no temas. Nunca olvidaré todo lo que me quieres porque es un sentimiento inviolable; nunca se romperá nuestro lazo, así el cirujano lo cercene con una guadaña de metal reluciente.
La vida que me has ofrecido es maravillosa, única, ¡quiero vivirla!
Papá piensa que ahí fuera no todo es hermoso. No lo dice nunca en voz alta pero puedo adivinarlo en su entonación al hablar. Sé que piensa que hay mil injusticias que me harían creer en la inhumanidad de los hombres y aun así, tanto él como yo mismo, mantenemos la esperanza de estar equivocados, de que la Tierra que heredaré es un buen lugar para vivir.
El cobijo que me has regalado, la energía con la que alimentaste el sueño de una nueva vida, tu amor, han servido para formarme y transformarme en la persona que soy hoy.
No sé si llegaré algún día a ser el hombre más justo, ni el más inteligente, tampoco el más sabio o erudito, ni el más hermoso, ni el más famoso, no sé si seré generoso y culto, no sé si seré buena o mala persona... sólo sé que intentaré ser el mejor que pueda. Por ti.
Hoy viajaré allá fuera, me separaré de ti para siempre y sin embargo estaremos más cerca de lo que nunca antes lo hayamos estado, pues hoy por fin nos veremos las caras, podremos mirarnos a los ojos frente a frente. No te preocupes, seguro que estás más allá de todas mis expectativas. Te quiero aún sin conocerte o quizás por conocerte mejor que ningún otro. No temas, continuaré queriéndote ocurra lo que ocurra. No lo olvides nunca.
Tengo que dejarte ya, quizás no volvamos a hablar tan abiertamente hasta dentro de muchos años, cuando ya sea un hombre. O quizás jamás vuelva a decirte esto que te digo hoy. De todos modos, no lo olvides.
La luz me llama cada vez más intensamente. No es la primera vez que intento alcanzarla, pero sé que ésta será la ocasión en la que la alcance al fin, sé que hoy es el día. Por fin veré el mundo por mí.
No te asustes si me ves sucio o pequeño, arrugado o con los ojitos entrecerrados, no te asustes si parezco un poco perdido e inacabado. Me convertiré en un hombre fuerte y sano, robusto. Seguro que hasta me hago más alto que tú.
Te quiero Mamá, no lo olvides nunca, ni siquiera cuando no te lo diga.

Moisés