25 de diciembre de 2007

¿Cuánto vale un pensamiento?

Suelo divagar demasiado y sobre demasiadas cosas, lo que me hace en ocasiones llegar a callejones sin salida edificados por mis propios pensamientos. A veces soy capaz de tirarme todo un día pensando en algo mientras hago mis rutinas y trabajo diarios; y otras de cambiar de tema un millón de veces en medio de una fracción de segundo. Si me diesen un céntimo cada vez que tengo una idea (que no tienen ni por qué ser buenas ni honestas) tendría una cámara acorazada repleta de esas miserables monedas de color cobre. El problema que tengo es que son tan rápidos, tan fugaces,tan esquivos y, en ocasiones, tan descabelladas, que la mayoría de ellas se pierden en el maremagno de mi cerebro no bien han aparecido. Muchas de mis ideas se diluyen sin más como cucharadas de sal de mesa esparcidas en el centro de un océano. Claro que, de tanto en tanto, soy capaz de llevar alguna de ellas a cabo (últimamente lo hago demasiado, lo que me da demasiado trabajo). De ahí lo de los blogs, los cuentos, los vídeos... y en vez de conformarme con lo que tengo cada vez quiero abarcar más. Da igual que nadie lea los blogs o que los libros se pudran en las estanterías virtuales de lulu, yo sigo a lo mío.
Sé que nunca haré algo bien del todo, porque cuando empiezo a aprender a hacer algo lo dejo de lado para hacer sitio a la novedad, como el niño que aparta el regalo de Papá Noel para coger el de los Reyes Magos.
¿Tienen precio los pensamientos? No lo sé. Sólo sé que la próxima vez que tenga uno que cosidere bueno intentaré hacerme caso. Volviendo al asunto de Papá Noel, el año pasado, viendo tantos Papás Noeles colgados de las ventanas, imaginé que en España tendrían buena acogida unos reyes magos del mismo tipo. Por unos segundos incluso me imaginé patentando la idea... el caso es que no lo hice, con el resultado de que este año alguien se ha sacado una pasta con los reyecitos de plástico de las narices. ¡Mira que soy idiota!
Todos tenemos ideas geniales, ideas y proyectos que podrían convertirnos en millonarios o estrellas... o que podrían llevarnos a la ruina (y en mi caso, a veces, a la cárcel), el problema es que no todos tenemos el valor de llevarlas adelante.
No sé si los pensamientos tendrán un valor económico. Sólo sé que en una idea está la clave de todo, desde el principio.