14 de diciembre de 2007

Feliz compra, cara Navidad

Cuando era pequeño adoraba la Navidad. Esperaba con ilusión desmedida que llegara esta fecha en la que todo el mundo hablaba de paz, de amor, de armonía. Me ponía morado de turrón y de polvorones, pedía el aguinaldo, cantaba a viva voz las resabidas letras de los villancicos, veía cien –o más- películas típicamente navideñas y me insuflaba del maravilloso espíritu navideño. La ignorancia es una de las madres de la felicidad. Ahora, según crezco, veo la realidad de la Navidad y me siento cada año más arrepentido de mi amor por ella. No es que me disguste del todo. Aún sigo tragando como un poseso turrones y polvorones varios –ahora con tal cantidad de variedades que se hace una misión ímproba el elegir cuál-, continuo escuchando las voces estridentes de los villancicos, sigo viendo películas de Papá Noel... aunque ahora sean es su mayoría un poco gamberras, me siguen gustando las luces que adornan casas y calles –ahora parece que cada cual tenga su propio Corte Inglés, Alcampo o Carrefour que mostrar a los demás-... en fin que me siguen gustando las mismas cosas que de pequeño. El problema es que ahora me doy cuenta de lo necios que somos al pensar que la Navidad sirve para algo más que para llenar los bolsillos de los comerciantes (sobre todo de los mayoristas o de los grandes centros). Las compañías eléctricas deben forrarse en estas fechas –todavía más-, los jugueteros hacen su agosto aunque estemos en diciembre, incluso el Vaticano recibe más donativos de los habituales. Todo el que tiene algo que vender afila sus garras en Navidad. Pocos son los que recuerdan qué se conmemora en estos días y si lo hacemos es sólo de pasada. A muy pocos nos importa la paz en el mundo, la armonía, el amor o estupideces semejantes, que haya gente muriendo de hambre o frío mientras nosotros glotoneamos o gastamos más de la cuenta. Hemos aprendido que la Navidad significa en realidad gastos salvajes más allá de nuestras posibilidades, créditos rápidos, comidas apabullantes, despilfarro general, regalos, tarjetas de crédito... eso es lo que significa la Navidad. Y como las cosas cada vez están más caras pues la Navidad también y como mi cuenta cada vez aguanta menos tanta presión, mi gusto por estas fechas cada vez es más escaso. Espero que la llegada de Moisés sea un estímulo positivo, creo que sí, este año incluso me ha dado por montar un Belén en mi terraza. Un Belén precioso que destila paz y belleza... y pensar que allí están continuamente en guerra...
No creas que voy a dejar de hacer todo eso que hacemos en Navidad, no, no. A mí me han educado para gastar sin control y sin preocuparme de las penas de los demás. De todos modos pongo mis pensamientos, que no mis actos en recordar a todas esas gentes tan necesitadas. Quizá en otra vida y con otra actitud diferente seré capaz de ser solidario de verdad y no piense que con comprar cuatro bolígrafos y un par de tarjetas de UNICEF baste para sentirme bien conmigo mismo.

1 comentarios :

sr.stromboli dijo...

Javier... es estos días es muy lícito afilarse las garras para sacar provecho... eso lo hacemos todos y lo haremos sin dudarlo.

Por desgracia no tenemos los co"·$%&/ jones (xDD) para irnos a Africa a ayudar a los hambrientos, no vaya a ser que volvamos con SIDA, si volvemos claro está... A esos voluntarios sí hay que darles un aplauso y de los gordos.

Nosotros nos conformaremos con comer centolla aunque sea una vez al año, y engordar un poco con los mazapanes...

PD: Evidentemente es un comentario totalmente sarcástico, no exento de verdad, por desgracia. Al fin y al cabo, sólo vivimos una vez, y eso hay que aprovecharlo (quien sea nos ha brindado esta oportunidad y se la ha quitado a los pobres africanos... aunque yo me pregunto: podía haber sido más justo con todos, no??)