#MalditaGuerra

Porque la Guerra es una mierda, se mire como se mire

"La gran aventura de Sir Wilfredo - El asedio de las sombras"

Una novela para disfrutar de las princesas y de los caballeros.

Microrrelatos en 3 Capítulos

Disfruta de más de cien historias cortas

La importancia de las librerías

Artículo publicado en Diábolo Magazine

28 de diciembre de 2007

Despido así el 2007, ¿cómo mejor?

Con este soneto de Francisco de Quevedo despido el blog en este 2007, espero que os guste tanto como a mí. Y espero haber hecho bien los cortes de los versos.

Es hielo abrasador, es fuego helado,
es herida que duele y no se siente,
es un soñado bien, un mal presente,
es un breve descanso muy cansado.
.
Es un descuido que nos da cuidado,
un cobarde con nombre de valiente,
un andar solitario entre la gente,
un amar solamente ser amado
.
Es una libertad encarcelada,
que dura hasta el postrero paroxismo,
enfermedad que crece si es curada.
.
Este es el niño Amor, éste es tu abismo.
¡Mirad cual amistad tendrá con nada
el que en todo es contrario de sí mismo!

Francisco de Quevedo

26 de diciembre de 2007

No creo que nunca me den el Nobel

No, no creas que aspiro a un premio semejante. No soy un buen escritor. Puede que alguna de mis historias pueda resultar interesante o, incluso, amena; pero cada vez que leo un buen libro me doy cuenta de todo lo que flojea mi narrativa. Además tengo un montón de faltas de ortografía y cometo bastantes errores gramaticales. en ocasiones recurro al corrector de Windows y hasta a los sinónimos y antónimos para no repetirme... claro que en blog eso sería un rollo, así que si ves alguna faltita espero que podrás perdonarme.
Sé que para ser un buen escritor debería leer y escribir mucho más de lo que lo hago, sé que tendría que esforzarme mucho más, sé que tendría que ser menos vago de lo que soy... quizá realizar algún taller literario o recibir alguna clase magistral. El problema es que, en mis errores y en mis fallos, me gusta cómo soy y cómo escribo, entonces ¿para qué esforzarme en cambiar? Claro, procuro aprender de mis faltas para no cometerlas de nuevo, procuro describir mejor, aprender algo de aquello sobre lo que voy a escribir...
Aun así, ahora mismo, seamos sinceros, el Nobel aparte, no me encuentro nivel real para competir con ningún autor consagrado, aún no.
.
PD. Amigos, familiares y colegas. Absteneros de realizar alguna aportación del tipo: "Pues a mí me gusta lo que haces" o "realmente sí escribes bien"..., el párrafo anterior es una reflexión sincera, no quiero que parezca algo falsamente modesto destinado a despertar los elogios o apoyos de aquellos que me quieren. Un saludo.

25 de diciembre de 2007

¿Cuánto vale un pensamiento?

Suelo divagar demasiado y sobre demasiadas cosas, lo que me hace en ocasiones llegar a callejones sin salida edificados por mis propios pensamientos. A veces soy capaz de tirarme todo un día pensando en algo mientras hago mis rutinas y trabajo diarios; y otras de cambiar de tema un millón de veces en medio de una fracción de segundo. Si me diesen un céntimo cada vez que tengo una idea (que no tienen ni por qué ser buenas ni honestas) tendría una cámara acorazada repleta de esas miserables monedas de color cobre. El problema que tengo es que son tan rápidos, tan fugaces,tan esquivos y, en ocasiones, tan descabelladas, que la mayoría de ellas se pierden en el maremagno de mi cerebro no bien han aparecido. Muchas de mis ideas se diluyen sin más como cucharadas de sal de mesa esparcidas en el centro de un océano. Claro que, de tanto en tanto, soy capaz de llevar alguna de ellas a cabo (últimamente lo hago demasiado, lo que me da demasiado trabajo). De ahí lo de los blogs, los cuentos, los vídeos... y en vez de conformarme con lo que tengo cada vez quiero abarcar más. Da igual que nadie lea los blogs o que los libros se pudran en las estanterías virtuales de lulu, yo sigo a lo mío.
Sé que nunca haré algo bien del todo, porque cuando empiezo a aprender a hacer algo lo dejo de lado para hacer sitio a la novedad, como el niño que aparta el regalo de Papá Noel para coger el de los Reyes Magos.
¿Tienen precio los pensamientos? No lo sé. Sólo sé que la próxima vez que tenga uno que cosidere bueno intentaré hacerme caso. Volviendo al asunto de Papá Noel, el año pasado, viendo tantos Papás Noeles colgados de las ventanas, imaginé que en España tendrían buena acogida unos reyes magos del mismo tipo. Por unos segundos incluso me imaginé patentando la idea... el caso es que no lo hice, con el resultado de que este año alguien se ha sacado una pasta con los reyecitos de plástico de las narices. ¡Mira que soy idiota!
Todos tenemos ideas geniales, ideas y proyectos que podrían convertirnos en millonarios o estrellas... o que podrían llevarnos a la ruina (y en mi caso, a veces, a la cárcel), el problema es que no todos tenemos el valor de llevarlas adelante.
No sé si los pensamientos tendrán un valor económico. Sólo sé que en una idea está la clave de todo, desde el principio.

22 de diciembre de 2007

Me cago en el "Gordo" de la lotería.

Llevo un montón de tiempo viendo al calvo de la lotería y ahora resulta que es un gordo. No entiendo nada. Lo único que sé es que cada año me pasa lo mismo. Me levanto y empiezo a pensar en todo lo que voy a hacer con el dinero que me toque en la lotería de navidad y cuando llega el mediodía me acuerdo de toda la pasta que me he gastado en impuestos para el estado. No pasa nada, porque como tengo salud... eso de la salud seguro que se lo inventó un rico. "El dinero no da la felicidad", suelen decir los ricachones desde sus mansiones. Y yo aquí, en el Super, tan pringao como siempre, pensando que tienen razón, que no da la felicidad, pero que ayuda bastante. Como todos los años he escuchado los topicazos de siempre, estos son: ha estado muy repartido, voy a tapar agujeros, ha tocado a gente que lo necesitaba de verdad... y cientos de frases semejantes que todos sabemos de memoría, pero que nos vuelven a contar año tras año como si fuesen nuevas.
Dentro de unos días me olvidaré y empezaré a pensar en la lotería del año que viene, en qué me gastaré el dinero que me toque. Mientras llega me consolaré jugando a la Euromillones y a la Quiniela, como dice mi hermano Carlos: "Algún día me tiene que tocar algo, seguro, lo que pasa es que todavía no sé cuando."

20 de diciembre de 2007

Vídeo de Un ejército para Hans

18 de diciembre de 2007

Muchas cosas para tan poca cabeza

No sé bien sobre qué escribir. El caso es que tengo un millón de ideas en la cabeza, un sin fin de artículos, textos, cuentos, novelas... historias que fluyen sin parar como ríos desbocados, pero no sé cómo extraerlas, por lo menos de forma coherente, sin que se entremezclen las unas con las otras. Debe ser que mi cerebro está como este invierno trastocado, confundido y liado. Mis instintos naturales me hacen escribir más y mejor –dentro de mis leves cualidades- con el mal tiempo. El frío, la lluvia, el viento, la niebla son musas que me incitan a crear e imaginar, a escribir sin mesura y a llenar páginas y páginas de todo tipo, tanto de papel como digitales. Sin embargo este año con tanto sol parece que estoy algo más vago que de costumbre. El frío está ahí, eso no lo puedo negar, pero como no va acompañado de sus colegas otoñales parece que sus susurros velados son algo más suaves que de rigor y no entran en mi cabeza como suelen hacerlo en esta época. Claro que imagino que algo tendrá que ver tanto proyecto nuevo y tanto lío como me he buscado yo solito. He empezado varios blogs, sólo por puro aburrimiento y por deseo de hallar más lectores. A éste que leéis hay que sumar el de mi editorial (otro invento), el de mi equipo de fútbol sala (¿quién dijo que el deporte está reñido con la cultura?) y recientemente uno nuevo sobre noticias (Plyngo and Me), donde comento algunas noticias muy de vez en cuando a través de las palabras de dos personajes ficticios: Plyngo, un dinosaurio de peluche rosa con muy mala uva y me (aún no tiene nombre, aunque creo que voy a bautizarle Jonás, por la paciencia), un hombre bastante inocente para ser humano. Ambos conviven en una cueva situada en la costa de una de las Islas Cook y discuten como lo harían dos buenos tertulianos televisivos o radiofónicos.
Bueno, lo dicho, demasiados proyectos, a los que tengo que sumar el escribir en La Almenara, un periódico comarcal (en la sección de deportes), y seguir en contacto con mis amigos de Lulú, así como estar al tanto de Moisés, sobre todo y para mi gusto, estar al tanto de Moisés (ése sí que es un gran proyecto, seguramente el mayor). ¿Alguien da más? Y luego extraña que no tenga tiempo de leer, ni siquiera a los amigos.

14 de diciembre de 2007

Feliz compra, cara Navidad

Cuando era pequeño adoraba la Navidad. Esperaba con ilusión desmedida que llegara esta fecha en la que todo el mundo hablaba de paz, de amor, de armonía. Me ponía morado de turrón y de polvorones, pedía el aguinaldo, cantaba a viva voz las resabidas letras de los villancicos, veía cien –o más- películas típicamente navideñas y me insuflaba del maravilloso espíritu navideño. La ignorancia es una de las madres de la felicidad. Ahora, según crezco, veo la realidad de la Navidad y me siento cada año más arrepentido de mi amor por ella. No es que me disguste del todo. Aún sigo tragando como un poseso turrones y polvorones varios –ahora con tal cantidad de variedades que se hace una misión ímproba el elegir cuál-, continuo escuchando las voces estridentes de los villancicos, sigo viendo películas de Papá Noel... aunque ahora sean es su mayoría un poco gamberras, me siguen gustando las luces que adornan casas y calles –ahora parece que cada cual tenga su propio Corte Inglés, Alcampo o Carrefour que mostrar a los demás-... en fin que me siguen gustando las mismas cosas que de pequeño. El problema es que ahora me doy cuenta de lo necios que somos al pensar que la Navidad sirve para algo más que para llenar los bolsillos de los comerciantes (sobre todo de los mayoristas o de los grandes centros). Las compañías eléctricas deben forrarse en estas fechas –todavía más-, los jugueteros hacen su agosto aunque estemos en diciembre, incluso el Vaticano recibe más donativos de los habituales. Todo el que tiene algo que vender afila sus garras en Navidad. Pocos son los que recuerdan qué se conmemora en estos días y si lo hacemos es sólo de pasada. A muy pocos nos importa la paz en el mundo, la armonía, el amor o estupideces semejantes, que haya gente muriendo de hambre o frío mientras nosotros glotoneamos o gastamos más de la cuenta. Hemos aprendido que la Navidad significa en realidad gastos salvajes más allá de nuestras posibilidades, créditos rápidos, comidas apabullantes, despilfarro general, regalos, tarjetas de crédito... eso es lo que significa la Navidad. Y como las cosas cada vez están más caras pues la Navidad también y como mi cuenta cada vez aguanta menos tanta presión, mi gusto por estas fechas cada vez es más escaso. Espero que la llegada de Moisés sea un estímulo positivo, creo que sí, este año incluso me ha dado por montar un Belén en mi terraza. Un Belén precioso que destila paz y belleza... y pensar que allí están continuamente en guerra...
No creas que voy a dejar de hacer todo eso que hacemos en Navidad, no, no. A mí me han educado para gastar sin control y sin preocuparme de las penas de los demás. De todos modos pongo mis pensamientos, que no mis actos en recordar a todas esas gentes tan necesitadas. Quizá en otra vida y con otra actitud diferente seré capaz de ser solidario de verdad y no piense que con comprar cuatro bolígrafos y un par de tarjetas de UNICEF baste para sentirme bien conmigo mismo.

4 de diciembre de 2007

Carta de Moisés a mamá antes de nacer.

Bueno, no gané el concurso de carta, pero al menos puedo ponerla aquí para que la lea todo el mundo. En cuanto al cuento "¿Tú me habrías disparado?", que sí obtuvo premio, será publicado en lulu en próximos días. Avisaré.
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Querida Mamá.

Cuando leas esta carta probablemente yo ya no esté aquí. Este hogar es a cada instante más estrecho y oscuro, sus paredes me aprisionan, me ahogo con su aire escaso. He de salir ahí fuera, ver por mí mismo todas esas maravillas de las que siempre me estás hablando. He de sentir las cosas por mí mismo.
Sé que me quieres con toda tu alma y que llorarás cuando me aleje y sé que, si de tu voluntad dependiera, no abandonaría nunca el calor de tu regazo, tu abrazo. Estoy protegido y feliz contigo desde el principio, no lo olvides. Yo prometo no olvidar tu cariño sin fisuras y tu amor extremo. ¡Pero tengo que ver por mí mismo!
Quiero saber qué son todas esas cosas que me cuentas, sentir el sol ardiente sobre mi piel desnuda y el frescor de la hierba húmeda bajo las plantas de mis pies, el arrullo de la brisa de una primavera lluviosa y el olor de la paja mojada. Ver las estrellas en un firmamento despejado y la inmensidad de las montañas. Quiero sentir todo eso por mí mismo, ver con mis propios ojos... el mar, sobre todas las otras cosas quiero contemplar la vastedad del mar, ver si es cierto que es azul...
No quiero que sientas tristeza, no llores, no temas. Nunca olvidaré todo lo que me quieres porque es un sentimiento inviolable; nunca se romperá nuestro lazo, así el cirujano lo cercene con una guadaña de metal reluciente.
La vida que me has ofrecido es maravillosa, única, ¡quiero vivirla!
Papá piensa que ahí fuera no todo es hermoso. No lo dice nunca en voz alta pero puedo adivinarlo en su entonación al hablar. Sé que piensa que hay mil injusticias que me harían creer en la inhumanidad de los hombres y aun así, tanto él como yo mismo, mantenemos la esperanza de estar equivocados, de que la Tierra que heredaré es un buen lugar para vivir.
El cobijo que me has regalado, la energía con la que alimentaste el sueño de una nueva vida, tu amor, han servido para formarme y transformarme en la persona que soy hoy.
No sé si llegaré algún día a ser el hombre más justo, ni el más inteligente, tampoco el más sabio o erudito, ni el más hermoso, ni el más famoso, no sé si seré generoso y culto, no sé si seré buena o mala persona... sólo sé que intentaré ser el mejor que pueda. Por ti.
Hoy viajaré allá fuera, me separaré de ti para siempre y sin embargo estaremos más cerca de lo que nunca antes lo hayamos estado, pues hoy por fin nos veremos las caras, podremos mirarnos a los ojos frente a frente. No te preocupes, seguro que estás más allá de todas mis expectativas. Te quiero aún sin conocerte o quizás por conocerte mejor que ningún otro. No temas, continuaré queriéndote ocurra lo que ocurra. No lo olvides nunca.
Tengo que dejarte ya, quizás no volvamos a hablar tan abiertamente hasta dentro de muchos años, cuando ya sea un hombre. O quizás jamás vuelva a decirte esto que te digo hoy. De todos modos, no lo olvides.
La luz me llama cada vez más intensamente. No es la primera vez que intento alcanzarla, pero sé que ésta será la ocasión en la que la alcance al fin, sé que hoy es el día. Por fin veré el mundo por mí.
No te asustes si me ves sucio o pequeño, arrugado o con los ojitos entrecerrados, no te asustes si parezco un poco perdido e inacabado. Me convertiré en un hombre fuerte y sano, robusto. Seguro que hasta me hago más alto que tú.
Te quiero Mamá, no lo olvides nunca, ni siquiera cuando no te lo diga.

Moisés