11 de enero de 2008

Cuando leo un buen libro.

Me encanta leer, lo que sea, a veces hasta los prospectos de medicinas o los ingredientes de los briks de zumo o... cualquier cosa. Pero es con un buen libro con lo que puedo pasarme horas y horas sin notar o recordar que tengo que hacer algo. Últimamente, con todas las cosas en las que me he metido y todos los proyectos que tengo abiertos, con la escritura, con Moisés... me es imposible leer todo lo que querría, sin embargo siempre encuentro un hueco para leer el libro que tenga empezado en el momento (cuando no son dos o tres los empezados). El pobre de Moisés ha leído conmigo el último libro que ha pasado por mis manos: La ladrona de libros. Ha tenido que escuchar a su padre leyendo párrafos que no entenderá hasta dentro de unos años, pero es lo que le ha tocado. No suelo leer libros prestados, me gusta comprarlos y tenerlos para siempre en las estanterías de mi habitación, pero con La ladrona de libros hice una excepción, me leí un libro que me dejaron y he de decir que estoy muy contento de haberlo hecho, me ha encantado, tanto que he escrito un epílogo del mismo que publicaré aquí en unos días.
Puedo estar meses leyendo el mismo libro, mas cuando llego a las páginas finales tengo que dejar todo lo que esté haciendo para acabarlo, esperando saber qué ocurre al final. Suele pasar que me quede frío al llegar a la última palabra, esperando algo más, aguardando un último milagro que resucite al protagonista muerto o añada una sentencia juiciosa, esperando que los personajes con los que me he encariñado no se marchen... nunca pasa. Una vez que llego al final, como nosotros cuando morimos, sólo quedan recuerdos y sensaciones, sólo eso.
Espero que lo que deje yo sea un buen recuerdo, una sensación de que fui un tipo estupendo, aunque para eso, espero, aún queden muchísimos años felices.

1 comentarios :

Cohen dijo...

Yo siempre recuerdo unas palabras de Cervantes, que en El Quijote dice que siempre estaba leyendo cualquier papel, incluso los que encontraba por el suelo y otros pisaban al pasar. Estas palabras las decía Sidi Amed no sé que más el supuesto escritor del Quijote y que encontro los primeros capítulos de casualidad.
Será una cualidad de los escritores la de leer cualquier cosa, nos guste o no. Los prospectos, los ingredientes de las bolsas de fritos, los catálogos de inmobiliarias o lo que vende el Carrefour.