26 de enero de 2008

La ladrona de libros. Epílogo

No sé si habrás leído "La ladrona de libros". Si lo has hecho entenderás mucho mejor este pequeño homenaje y si no... bueno, es un pequeño cuento que puede leerse para pasar un rato... creo que agradable. Además, me sirve para conmemorar el Día del Holocausto que se celebra el 27 de enero todos los años desde 1959. Espero que te guste.
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¿Quién dice que ser la Muerte no tiene sus ventajas? Sí, es una carga muy pesada el recoger día tras día las almas de aquellos que ya no precisan de su cuerpo para existir, notar el peso de los sentimientos humanos, ver las miserias diarias o el salvajismo de los hombres, sentir que no puedes hacer nada por evitar el dolor de aquellos que no merecen sufrirlo... pero también tiene sus momentos buenos, supongo que es como todo en la vida. Qué ironía hablar de la vida siendo yo la Muerte.
Aquel día tenía más trabajo de lo habitual en mi, ya de por sí, ajetreada carrera ordinaria, estábamos en agosto de 1945 y había alguien, alguien al que llevaba mucho tiempo deseando ver, al que le había llegado la hora de postrarse ante mí. Hay almas que te llaman anhelantes, otras te gritan pidiendo ayuda o incluso tiran de ti hasta que logran llevarte a su lado, las hay que me esperan en silencio o comprenden que tienen que acompañarme aunque no querrían tener que hacerlo. Pero hay almas, menos de las que puedas creer, que esperas poder aferrar muy fuerte y no dejar escapar, almas oscuras y sucias que dejan marca en mis manos, almas destinadas a un lugar no demasiado agradable que nunca he llegado a visitar más que a través de sus ojos incandescentes. No son demasiados en comparación con la masiva existencia humana, pero son suficientes como para que un observador puntual quede escandalizado o aterrorizado ante la malevolencia de los hombres.
Dejé todo lo que tenía que hacer, sabía que después tendría que hacer un sobreesfuerzo para recuperar el tiempo perdido, pero merecía la pena hacer ese breve receso, esa alma me había dado demasiado trabajo en unos años, había llegado el momento de ajustar cuentas.
Últimamente pasaba demasiado tiempo en Alemania. La guerra estaba a punto de concluir y las bajas se contaban por cientos día a día. Por suerte habían terminado muchos de los bombardeos aliados y el frente ruso hacía tiempo que había dejado de estar tan cargado, aunque después del negocio que me llevaba a Berlín aún tendría dos momentos que me harían estremecer –no sabes qué difícil es hacer estremecer a la Muerte- y pensar en si la humanidad valía la pena, un par de bombas en Japón, sólo dos, me hicieron trabajar a destajo durante días, ni siquiera yo fui capaz de llevarme de una vez todas las almas cuyos cuerpos habían sido arrasados en Hiroshima y Nagasaki...
Volvamos a Berlín, pues esto puede llegar a ser divertido, aunque me tomo mi trabajo muy en serio.
Llegué a través de la Wilhenstrasse y me colé en el búnker en el que el Führer daba sus últimas órdenes. Vi por allí a varios de sus ministros, generales y subalternos, vi a más asesinos juntos de los que en pocas veces puedes contar. Vi sus rostros pálidos, asustados, vi que me esperaban tarde o temprano, sabían que yo estaba por allí y la mayoría había perdido ya su orgullo patrio, su soberbia nazi. No pude evitar reírme ante la famélica expresión de sus corazones embotados por el miedo. De haber tenido el poder suficiente o las ganas habría querido poder dejarlos en medio de un campo de exterminio, entre los presos, a los pies de los hornos crematorios, sin armas, sin soldados... sólo ellos ante las víctimas indefensas. ¿Qué habría ocurrido? Puedo imaginarme que en ese caso los verdugos habrían sido distintos, pero no menos crueles, los hombres atesoran una crueldad extrema en sus corazones, lo que ocurre es que hay almas capaces de borrarla y hasta de hacerla desaparecer.
Pero me estoy extendiendo demasiado. Está a punto de ocurrir. El hombrecito pequeño y con bigote, de pelo grasiento peinado hacia un lado está a punto de verme de verdad No en los ojos de los contrarios a su régimen, no en sus fábricas de muerte, no en las lápidas y medallas de sus soldados... no, va a verme a mí.
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Bueno, ésta es sólo la mitad del cuento, creo que iba a resultar demasiado largo... el lunes o el martes cuelgo el resto.

4 comentarios :

Anónimo dijo...

Es cierto, ese ser se merecería eso y muchísimo más, pero la muerte de la ladrona de libros no es cruel.
¿Tu crees que Hitler se sentiría culpable alguna vez?
Los fanatismos no admiten dudas, los fanáticos creen en lo que hacen.
Los mayores criminales de la historia, si hablas con ellos, creen buenas sus razones, aman a los suyos, y creen estar en la verdad. Mira los asesinos etarras, se creen en una guerra justa, piensan que matando sólo cumplen con sus ideas.
Si te vas al corredor de la muerte, y hablas con los condenados, siempre te dirán lo buenas personas que son, que la vida les ha arrastrado a hacer lo que hicieron.
Puede sí, que haya alguien que sepa que ha engañado, mentido, manipulado o matado a otros, pero siempre creerán que sus razones son válidas.
¿Son culpables?
Seguramente, pero ellos no lo saben.


Rocío

Silvia dijo...

"pequeño libro" le llamas a 531 paginas... Javi.. ten paciencia que sabes que yo me lo tomo con calma...jeje

sr.stromboli dijo...

Estoy de acuerdo contigo, Rocío... en parte.

Está claro que para ellos es su verdad, su justicia...

Quien decide lo que es bueno o malo? Es difícil, pues cada uno tenemos nuestros pensamientos.

Ahora, una cosa está clara... O por lo menos yo lo veo así, matar está mal, muy mal. Los etarras estarán luchando por "su" guerra, pero traspasar el límite de la vida es harina de otro costal!!
Que reivindiquen, me parece fenómeno...!! que luchen por algo que creen justo, pero que dejen a los demás que tengan sus propias opiniones, que no nos intenten cambiar a golpe de pistola.

Al tema... el libro, pues es muy fácil de leer en las 75 páginas que llevo jeje, de momento diré que... distinto, ya no por la historia, que me está enganchando, pero sólo levemente jeje, sino por cómo se cuenta y como está escrita ;-)

sr.stromboli dijo...

Coñe... y el epílogo de Javi de pm, como siempre xDDDDDD (que para eso hemos venío jajaja)