21 de febrero de 2008

El hombre solidario (2)

Ya en el colegio solía levantar profundos dolores de cabeza a mis profesores de religión, preguntándoles acerca de aquellas cosas que no entendía muy bien de las iglesias o de su doctrina. Como aquella vez en la que le pregunté a mi profesora de catequesis por qué no podía hacer mi primera comunión vestido con un chándal y calzado con unas zapatillas de deporte... total –indiqué con aquella versión infantil de mi inconformidad- si según tú voy a ver a un amigo que lleva junto a mí toda la vida... O ésa otra en que indiqué algo que no me cuadraba del todo. Jesús, un judío hijo de un carpintero –al que idolatran los cristianos como los romanos o los griegos lo hacían con sus dioses paganos- era un hombre humilde, dedicado por completo a los demás, sobre todo a los pobres y a los enfermos, un comunista de cabo a rabo al que no le importaba ceder su pedazo de pan al prójimo por una sonrisa, un hombre honrado, dotado con el poder de la palabra, sacrificado al final por sus ideas progresistas, por sus deseos de igualdad... un hombre que adoctrinaba en la humildad, sin ostentaciones... sin embargo las iglesias, los sacerdotes... los papas... vivían en su mayoría en la opulencia. El Vaticano poseía más riquezas que la mayoría de los estados del mundo. ¿Por qué no utilizaba toda esa riqueza por el bien del prójimo? ¿Por qué era cada día un país más rico? Tengo que aclarar que yo soy cristiano, creo en Dios y a veces hasta acudo a la iglesia, pero hay cosas que no me cuadraban entonces, ni lo hacen ahora y que no puedo evitar murmurar en alto en cuanto tengo ocasión.
Cuando llegué al instituto y pasé a cursar Ética hubo otro montón de cosas que me parecieron mal, como la importancia que se le daba a la formulación o a las ecuaciones de segundo grado y así... o al pensamiento de tipos que llevaban siglos muertos y cuyas ideas eran en ocasiones puras idioteces para mi gusto. Me peleé con casi todos mis profesores en alguna ocasión y me dediqué en cuerpo y alma a intentar cambiar aquellas cosas que no me gustaban...
No conseguí nada.