7 de febrero de 2008

Seis meses y un día con Moisés, qué dulce condena



Parece que fue ayer cuando este pequeñajo vino al mundo para trastocar mi vida y la de todos los que me rodean, pero no, hace ya seis meses que está aquí y desde entonces no ha parado de cortar mi vida cotidiana. Desde que llegó me ha sido imposible escribir a un ritmo constante, aunque gracias a ello me he dedicado a escribir algunos cuentos cortos y me he decidido por fin a hacer este blog (y todos los demás), porque resulta un modo más directo y personal de exponer los pensamientos, en un ratito puedes escribir un best seller y cientos de amigos (en mi caso más bien decenas aún) pueden leer lo que opinas de esto y de aquello...
Desde que nació Moisés no he podido leer un libro a un ritmo aceptable ni dormir una noche completa, tampoco he podido ir a algunos sitios (aunque he de reconocer que es Miriam la que se ocupa de casi todo con él).
Desde que nació Moisés mi vida ha dado un vuelco, un vuelco que a veces puede llegar a parecer incómodo, pero que en realidad resulta la más agradable de las rupturas con la monotonía. Si todos los niños son como él, dudo que me conforme con tenerle sólo mucho tiempo. Bendita intranquilidad.
No ha venido con un pan bajo el brazo (sino con 2500 €) y me ha traído un montón de novedades maravillosas, además de un aprendizaje más que adecuado en el cambiado de pañales, preparado de biberones y demás asuntos de bebés.
Qué decir de una aventura así...

2 comentarios :

Rudy Spillman dijo...

Leyendo tus comentarios se ha llenado de "baba" la pantalla de mi operador. Pero en vez de limpiarla he bendecido mi hogar con ella.
¿Que te puedo decir yo, cuando cambié pañales a 4 hijas, siendo la menor hoy, una soldado de 19 años y la mayor, aprox. de tu edad?
Ni mil best sellers que escribiera podrían retribuirme lo que mis hijas me han dado.
Un abrazo.
Rudy

Javienci dijo...

Como ya te he dicho en privado Moisés es con toda probabilidad el mejor libro o escrito que podré hacer nunca (a no ser que tenga más hijos). Espero que no me de demasiados disgustos cuando sea mayor (aunque creo que benditos disgustos ¿no?)