6 de marzo de 2008

El hombre solidario 11


Para todo el mundo resultó una sorpresa y un acontecimiento excepcional que un europeo arribara en la costa en un cayuco, abrazado a un pequeño negrito, acompañado de una muchedumbre de negros harapientos, negros procedentes de África, esclavos para sus minas, para sus modernas minas del siglo XXI.
Tardé en reaccionar, sólo lo hice en el momento en el que la policía municipal y los servicios sociales trataron de arrancarme al niño de mis brazos. Yo no quería soltarlo, aquel niño significaba esperanza, significaba que aún había algo por lo que luchar... tras un infructuoso forcejeo consiguieron arrebatármelo y me echaron una manta por encima...
Alguien vino y me dio una taza de café caliente. Recuerdo que temblaba sin control, casi no recuerdo más de aquella noche, sólo que mi conciencia gritaba como loca. Alguien más se acercó y me dijo algo triste con palabras aún más tristes.
Mi conciencia, siempre mi conciencia.
Alguien dijo algo...
El niño había muerto hacía sólo unas horas y yo ni me había dado cuenta.
Había estado tan cerca...
Ese pequeño golpeó y mató a mi conciencia...
Nunca volví a hacerla caso.