7 de marzo de 2008

El hombre solidario (y 12)

Al regresar a mi casa tras varios días en el hospital alegué una pequeña locura transitoria. Mi familia acabó por creerse mis mentiras y terminó perdonando mi estupidez. Quemé todas las cosas que había comprado en pos de una solidaridad en la que ya no quería creer, en la que ya no creía. Me borré de todas las asociaciones en las que estaba inscrito, anulé todos mis apadrinamientos... borré todo lo que recordara a mi conciencia, la encadené en un rincón y la relegué al olvido.
Como todos.
Con el dinero que antes ofrecía a los demás me compré un chalet en las afueras, empecé a salir con mis amigos otra vez e incluso ligué con la que después sería mi esposa. Me casé al cabo de los años. Me convertí en uno más, en alguien igual que todos los demás... sólo cuando dejé de creer que tenía algo llamado conciencia pude ser feliz de verdad.
Qué triste ¿no?