25 de marzo de 2008

Invasión 4

Aquí está, no necesito levantar la mirada de mi monitor para saberlo, el vello de mi nuca se ha erizado, como cada vez que me encuentro en la misma estancia que Él. Le odio con todas mis fuerzas y sin embargo voy a permitir que perdure en el poder, voy a permitir que toda la humanidad siga siendo gobernada por este tipejo asqueroso y repugnante. Ni siquiera fue a la guerra, tiene una enfermedad congénita que se lo impidió, es pequeño y enclenque, estoy seguro de que podría partirle la cara de un puñetazo y de que no me duraría ni tres buenos golpes... tengo que tener cuidado, los psíquicos suelen acompañarlo, si me descubren estos pensamientos... ¡no me harían nada! ¡Claro! ¿Cómo no lo he supuesto antes? Lo saben, si lo piensas bien tiene su lógica. Jamás he intentado ocultar lo que pienso e incluso lo he dicho en más de una ocasión en voz alta. Saben que detesto su poder, su control sobre los hombres, saben que odio profundamente a la humanidad... pero me dan plena libertad para hacer lo que quiera, saben que llevaré a cabo el plan, que los Megas caerán irremisiblemente ante los híbridos... ¡son tan agresivos y voraces! Dudo que alguien se mantenga en el planeta de los Megas con vida más de una semana. Los híbridos son buenos en su trabajo, los mejores... como dice Lobezno, la criatura sobre la que me basé para su creación.
Encontré aquellas páginas por casualidad. Habían sobrevivido a una de las piras mundiales que se formaron durante la Purificación, antes de la Segunda Guerra... no pude contenerme, me las llevé a mi sótano e imaginé cómo sería contar con un ejército de seres tan extraordinarios y violentos como ése... a los pocos días la Nueva Gestapo me reclutó y me envió a la Guerra... tuve que aceptar, era eso o remover las cenizas de una de las Fábricas... preferí luchar. Siempre prefiero luchar.