24 de mayo de 2008

Amén

Acabo de ver por segunda vez el final de “Amén”, una película más sobre la Segunda Guerra Mundial... ¿una película más? No, me atrevería a decir que es una de las más crudas de todas las que he visto hasta ahora. En su sencillez resulta totalmente estremecedora, gris.

Creo que ya hablé de ella aquí, en el blog, pero mientras veía de nuevo los retos de una sotana vacía de un cura católico capaz de pegarse la Estrella de David en el pecho y colarse en un tren de “ganado humano” al que no estaba destinado se me hacía irreal, casi ficticia. Me parecía una mentira más grande que esa que nos regala la última película de Indiana Jones, donde su protagonista escapa de una explosión nuclear al meterse en una nevera... No puedo creer que alguien capaz de librarse del castigo que se había auto impuesto, pero del que podía escapar sólo con decirlo, decidiera morir gaseado junto a personas de una creencia diferente a la suya, por el mero hecho de intentar comprender el por qué Dios, sí, con mayúsculas, Él; por qué, digo, permitía tales atrocidades.

Ya estaba preparado para esas imágenes constantes de trenes llegando llenos y marchándose vacíos, repletos sólo de acciones perversas y muertes gratuitas, pero aun así me he vuelto a entristecer de una forma escandalosa y he sentido un escalofrío al ver los ojos vacíos, dirigidos al infinito cielo, de una madre abrazada a su bebé con fuerza, aferrándose a su pequeño cuerpecito en un último remedo de esperanza ante el terror representado por el acecho de lo desconocido, de las alambradas y los muros de piedra o madera, por la certeza de una cárcel asesina. He sentido un angustioso rabiar al escuchar el murmullo de otro de los viajeros del mugriento tren, su susurro que anunciaba que el bebé estaba muerto. Pienso en Moisés y no sé qué haría en una situación así, por primera vez me puse en la piel de un padre sin futuro y ya sin esperanza...

El otro día decidí escribir otro libro que hable de esa guerra vergonzosa que nadie debería olvidar jamás y mi amigo José me preguntó que por qué iba a escribir otro libro semejante al de Hans... no supe qué contestar, sin embargo ahora lo sé, lo he recordado, si físicamente dispusiera de tiempo dedicaría un libro a cada víctima de aquella guerra y después pasaría por el resto de las mismas, pues me consta (aunque por fortuna para mí no lo he vivido) que en todas ellas hay imágenes y hechos tan cruentos o más que en aquélla.

Creo que cualquier homenaje es escaso cuando se trata de una víctima o un héroe verdadero de cualquier guerra. Si me preguntáis qué es un héroe verdadero os diré que, para mí, es todo aquel que consigue que haya, al menos, una víctima más en cualquier conflicto armado.

2 comentarios :

Cohen dijo...

-Has visto una película de Costa-Gravas, tú estas muy malito.

-Recuerdo cuando la vi en el cine, hará unos cuatro años, a mí lo que más me llamó la atención fue como se comportaban los vecinos del oficial nazi, unos no sabían del exterminio, otros lo atribuín a rumores falsos y por último los que lo sabían pero preferían engañarse a si mismos y decir que era mentira, mientras los judíos, los homosexuales, los gitanos, los discapacitados o los locos desaparecían de sus barrios.

Javi dijo...

Sí, la verdad es que da qué pensar... creo que es casi tan espeluznante como saber lo que pasa en África y seguir tirando una loncha de jamón serrano... no sé si me entiendes.