31 de mayo de 2008

El Buscador de Colores 2

Alarmado, Lik descorrió todas las cortinas de todas las ventanas de su choza, pensando que la ausencia de luz o su reciente despertar le hacía ver todo en blanco y negro, pero al cabo de un rato restregándose los ojos, la luz del sol aparecía demasiado apagada y él seguía sin ver ningún tipo de color, todo parecía gris. El muchacho se acercó a un espejo para verse a sí mismo y se vio como veía el resto de las cosas, blanco y negro. Después se miró una mano y la vio como siempre la había visto, en colores.
Aquello era algo de lo más extraño y Lik pensó que algo grave ocurría en su aldea, pensó en ir hasta donde su padre araba para contarle aquel suceso tan extraño, pero pronto desechó esa primera idea, el campo en el que su padre trabajaba estaba a varios kilómetros de la aldea y quizás se perdiese por el camino, ya que nunca había ido hasta allí él solo. Así que decidió acercarse a la casa de Pomek, el chamán de la tribu, al que los niños llamaban Ologa-mirei, el Cuentacuentos.
Cuando Lik salió al exterior y cerró tras de sí la delgada puerta de mimbre, se dio cuenta de cuan grave era la situación, todo el pueblo era invadido por los blancos, los negros y los grises, nada, ni siquiera sus vecinos escapaban a aquella extraña maldición, solo él era de color.
El niño habló con cuantas personas se encontró de camino a la choza de Pomek, el Cuentacuentos de la aldea, el más sabio de los ancianos de la tribu y ninguna pareció dar muestras de recordar que una vez había habido algo llamado colores, todos hablaban de los grises como la situación natural del mundo y miraron a Lik como si de un loco se tratase, el niño estaba más asustado a cada segundo que pasaba y aceleró el paso todo cuanto pudo, consciente de que aquello era realmente preocupante…