20 de mayo de 2008

Los amigos

Hace años en una clase de ética... ¡uf! Cada vez que lo pienso me echo a temblar, ¡cuántos años han pasado! Me ocurre una cosa curiosa, suelo hablar de mis años en el instituto como si hubiesen transcurrido hace poco tiempo y sin embargo, son ya más de diez años los que en realidad han pasado. Me voy haciendo viejo, aunque sea una vejez temprana aún. Ya no puedo pensar en mí como un chico, aunque lo haga demasiado a menudo, no, con casi treinta tacos a mis espaldas debería considerarme y ser considerado un hombre... no obstante, en estos tiempos que corren aún soy poco más que un adolescente entrado en años. Según la media de edad debería aún vivir en casa de mis papis. Pero no, estoy casado, independizado y con un hijo que se ha convertido en mi pensamiento diario a todas horas. Un pequeño renacuajo que me tiene loco. Un pedacito de mí, como dice la canción...
¿Ves? Ya me he desviado, tengo tendencia a irme por las ramas. He titulado esto “Los amigos” y empezaba a hablar de una clase de ética... bien, retomo la frase en el punto en el que la dejé.
... una profesora que tenía, una mujer muy pesada y anodina en apariencia, una mujer que siempre pensé que había sido hippy de joven y seguía pensando como entonces, aunque se comportara como una profesora aburrida, monótona y, esto es opinión personal, mediocre. La buena de Carmen siempre traía los mismos apuntes, año tras año y curso tras curso, de modo que uno podía repetir el curso con los mismos apuntes, exactos, sin cambiar ni un punto ni una coma, cuanto menos una palabra o expresión. Era profesora de filosofía, pero a mí me daba ética en aquella ocasión.
A lo que vamos, en aquella clase tratamos el tema de los amigos, de lo que significaba realmente la amistad. La tía no tuvo reparos en sacar sus apuntes y comenzar a dictar y a escribir en la pizarra todos lo requisitos necesarios para poder se amigo de alguien. No un simple compañero, sino un amigo. La lista era increíblemente larga.
Yo, como siempre, protesté, indicando que yo tenía decenas de amigos verdaderos y que si tenía que tener en cuenta todos y cada uno de los requisitos necesarios no tendría ninguno, o un par de ellos a lo sumo. Ella sonrió y me dijo como respondiendo a la duda inocente de un infante. ¿Y no es eso lo que estoy explicando? ¿Qué, amigos verdaderos no se tienen mas que uno o dos?
Negué rotundo aquella afirmación y creo que, una vez terminada la clase, llegué a mofarme del pensamiento de Carmen. ¡Qué idiota fui!
Años más tarde, mientras regresaba de la “mili” sin haber recibido más que una carta de todos mis presuntos amigos, recordé aquella clase y me paré a pensar en la amistad que creía conocer mejor que mi profesora.
No tenía amigos verdaderos, ni uno sólo. Tenía compañeros y simpatizantes, no sé cuál será la palabra adecuada, pero ahora sé, como supe entonces, que aquellos que solían ir conmigo por la noche o con los que conversaba durante horas no eran mis amigos. Toda mi percepción cambió de golpe en ese viaje de vuelta, cuando me di cuenta de hasta qué punto era poco importante para ellos.
Durante mi último mes de “mili”, cuando sólo me quedaban unos días para regresar, ocurrió una desgracia que me tocaba de cerca: Iván, el “Cáver”, como solíamos llamarle, decidió que este mundo era demasiado deprimente para él y se marchó como lo hacen quienes están muy cansados de luchar... ¿sabes cuándo me enteré? No te lo vas a creer, hasta que no llegué a mi casa no me enteré de su muerte y lo hice a través de la ventanilla de un Peugeot 205 blanco y de pura casualidad. Nadie se dignó a avisarme de su muerte, nadie me preparó para el golpe, ahí me di verdadera cuenta del valor que tenían de la amistad aquellos a los que yo llamaba amigos.
Creo que nunca he tenido verdaderos amigos, de esos a los que puedes hablar de todo, de los que no esperas nada porque te lo ofrecen en cuanto te hace falta, de esos que son capaces de saber lo que piensas con sólo mirarte a los ojos. Será porque no me quedé quieto en un sitio durante mi juventud, o porque nunca he sabido ganarme el cariño y el respeto de los demás. No lo sé. Sólo sé que cada vez que recuerdo aquella clase me doy cuenta de lo estúpido que fui por creerme más conocedor de la vida que mi profesora de filosofía.

4 comentarios :

Silvia dijo...

Si la pesaaaa de tu profesora de filosofía...( a la que por cierto yo también sufrí) tenía razón o no... no entraré...

Pero está claro que los amigos deverdad no son esos que sólo están para echar unas risas o ir de fiesta... sino..alguien que te sonrie cuando sabes que más lo necesitas sin necesidad de decir nada mas....bueno.. no se que dijo Carmen..pero a lo mejor algo de razón tenía.

sr.stromboli dijo...

Y sin embargo Javi... Silvia... no todo es blanco o negro. Quizás haya amigos a los que parece que no les importas nada, y en el fondo están ahí, solo que ni tú se lo has preguntado ni ellos te lo han dicho.

Aún así, en el fondo pienso lo mismo que vosotros, aunque no quiera aceptarlo. Seguiremos viviendo en los mundos de Yupi, y sortearemos la vida como buenamente podamos...

Cohen dijo...

-Difiero de la opinión sobre Carmen, en aquella época quizás pensase como vosotros, pero creo que consiguio su objetivo, al menos conmigo ahí esta sus consejos para leer "Un mundo feliz" y todavía busco libros de Skinner.

-Sobre los amigos, mantengo mi opinión de entonces, no hace falta ningún adjetivo para que ellos lo sean, puedes opinar de diferente forma que ellos, que no lo soportes y no coincidais en gustos, y luego, hay lo tienes para lo que quieras, a pesar de no haber hablado en años.

-Existen palabras para las que no existen definición, y una de ellas es la amistad.

-Por cierto, eso de amigos "de verdad" para mi lo son todos, a excepción del gnomo verde que siempre esta en mi hombro izquierdo y me dá sabios consejos.

Javi dijo...

Quizá ese gnomo verde sea tu mejor amigo "de verdad". Sí, sé que al decirlo suena muy mal, pero piénsalo y dime, ¿quién está a tu lado en todo momento? ¿Hagas lo que hagas? Encontrarás que muy pocos lo hacen.