23 de junio de 2008

El Buscador de Colores 10


La princesa lloró amargamente al creer que Lik había muerto, pero claro, sus lágrimas no son como las de los niños humanos, ella es la Princesa del Desierto, es amiga de gigantes y elfos, de duendes y ninfas, de dioses y estrellas, ella es pariente del sol y la luna, los enanos le preguntan el modo de encender sus fraguas y los brujos cómo realizar hechizos, ella es de magia y fantasía, todo poder y buenos sentimientos. Tanto lloró que pronto se formó un charco que empapó sus pies descalzos, pero ella no detuvo su lloro y pronto nadaba con el agua a la altura del cuello. En menos de lo que un gallo tarda en decir kikiriki, el enorme desierto repleto de dunas se convirtió en un bravo océano en cuyo oleaje flotaban Lik y la princesa que nadó hasta alcanzar el cuerpo inmóvil del niño.

Pero el Arco iris no es malvado y al ver lo que había sucedido por su causa pidió ayuda a las brujas del oeste y a los dragones morados del sur, unas y otros recogieron a la princesa y al niño y los izaron a bordo de un barco pirata llegado de la Isla de la Tortuga Caprichosa, el capitán descubrió que ambos dormían y los alojó en su camarote.

Una pequeña hada azul indicó al marino la dirección en la que se encontraba el poblado de Lik y jóvenes grifos descendieron hasta la cubierta del navío para trasladarlos hasta allí meciendo las velas con el batir de sus alas de águila.