3 de junio de 2008

El Buscador de Colores 3

Lik llegó a la choza de Pomek y le expuso la situación. El viejo lo miró con los envejecidos ojos azules chispeantes de sabiduría y poder, sondeando sus propios ojos negros, poniendo a prueba la decisión del muchacho. Tras unos segundos pareció sentirse conforme con lo que veía y asintió para sí mismo, como si acabase de ponerse de acuerdo con su propia conciencia. Le indicó que él no recordaba la existencia de otros colores que no fuesen el negro o el blanco, mas aun así le creía y no era capaz de entender que era lo que había sucedido con eso que él llamaba colores.

Lik estaba desesperado y lloró desconsolado pidiendo consejo al anciano Ologa-mirei, asegurando que sería incapaz de vivir en un mundo sin colores. El viejo meditó durante más de diez minutos mientras Lik lo observaba aguardando en silencio a que este encontrase la solución a sus problemas, como siempre hacían los mayores.

Tras ese intervalo de tiempo, el anciano dejó de mesarse la larga barba blanca y abrió la boca para aconsejar a Lik, le recomendó viajar a la búsqueda de la bellísima Princesa del Desierto que era la más sabia de entre los sabios y conocía todo lo que sucedía en el mundo, ella le daría Lik las respuestas que necesitaba.
Lik no se lo pensó dos veces y se puso en marcha, caminó sin descanso atravesando pueblos y ciudades, cruzando ríos y paseando entre fieras, viajó sin descanso durante un largo año y conoció buena parte del mundo, aunque como todo era del mismo color, no era capaz de hallar la diferencia entre unas y otras cosas.