14 de junio de 2008

El Buscador de Colores 7

-Pero no todos somos así –reflexionó Lik que no pudo menos que reconocer que la humanidad actuaba tal y como la princesa la describía, a pesar de ello él sabía que había personas de corazón y alma generosos, al menos eso era lo que él creía- sé que hay hombres malos y perversos, pero también los hay buenos.
-Sí, tienes razón –reconoció la Princesa del Desierto con el gesto serio- pero ni siquiera los buenos son tan generosos como para poder dar su vida por el resto de la humanidad.
-¡Yo si podría! –gritó Lik a pleno pulmón para que hasta el Arco Iris lo escuchara-. La princesa se detuvo un instante y ladeó la cabeza como si escuchara algo dictado por el mismísimo Arco Iris, la joven asintió y su mirada retornó a ser por un instante sonriente y divertida.
-¿Eso crees? –repuso con una leve sonrisa- ¿crees que tendrías el coraje de dar tu vida por los demás?
-Sí –respondió Lik totalmente decidido y convencido, su gesto reflejaba coraje y seriedad.
-Muy bien –habló la mujer envuelta en hojas mientras chasqueaba los dedos, al momento en una de sus manos surgió un refrescante vaso de agua y en la otra una luz reluciente que intentaba escapar de la mano de la joven. Lik la contempló extrañado, pero decidido y se reafirmó en su decisión. Ella volvió a sonreír y una brisa fresca surgió de sus labios carnosos haciendo estremecer al niño.
-Aquí tengo la prueba que andas buscando –dictó la soberana- el único modo de hacer retornar los colores al mundo. En mi mano derecha tengo una vaso de agua mágico, si lo bebes no pasarás nunca calamidades, no tendrás hambre ni sed, ni frío ni calor, jamás enfermarás y tendrás una vida próspera y feliz, serás rico y nunca, nunca verás morir a ninguno de los tuyos... es un don que muy poca gente recibe y sería un regalo propio de un dios...