16 de junio de 2008

El Buscador de Colores 8

Lik notó su garganta reseca, recordó lo lejos que estaba de su hogar y lo mucho que echaba de menos a su familia, a sus amigos y al viejo Pomek, sería maravilloso poder volver a verles y no enfermar nunca... pero ¿cómo podría vivir sabiendo cuan egoísta había sido? ¿cómo podría habitar un mundo sin colores? ¿su propia alma se tornaría fría y gris?
-¿Y qué tienes en la mano izquierda? –se interesó el muchacho a la par que se sentía desfallecer a causa del hambre y la sed. Aquella pregunta supuso para él todo un acto de valor.
-Ah, esto –murmuró la princesa, simulando indiferencia- esto es algo mucho peor, tú ni siquiera lo disfrutarías, créeme.
-¿Qué es? –insistió el niño suspicaz, notando que con cada palabra ardía su garganta.
-Son todos los colores del mundo –accedió la hermosa muchacha-, todos menos los que tú retienes en ti mismo, sólo tengo que abrir la mano y regresarán a todos los rincones de la tierra.
-¿Y por qué no la abres? –interrogó Lik esperanzado.
-Porque tendría que derramar el líquido contenido por el vaso de mi otra mano y tú te quedarías sin beber de su agua y no podrías volver a tu poblado, morirías de sed, enfermarías y no volverías a ver a tus amigos nunca más.