18 de junio de 2008

El Buscador de Colores 9

-¿Quieres decir que si yo muero volverán los colores?

-Sí –manifestó la joven y su rostro perdió la sonrisa y pareció envejecer un millón de años- ese es el precio interpuesto por el Arco Iris, necesita volver a creer que hay hombres generosos y buenos de verdad.

Lik meditó unos instantes la oferta de la princesa, era un intercambio, él por todos los colores, su vida o el regreso de la luz a los corazones de los hombres, una nueva oportunidad para todos ellos...

-Derrama el agua –instó a la Princesa del Desierto tras unos pocos segundos- yo no podría vivir en un mundo sin colores.

Totalmente seria, la soberana asintió en un gesto mudo y vertió el refrescante líquido en las ardientes arenas del desierto entregando a Lik la luz que pugnaba por escapar de su mano. Hambriento, sediento y exhausto, el niño se puso en marcha rumbo a su poblado. Su piel ardía y su mente estaba embotada… pero en su rostro iba dibujada una amplia sonrisa de orgullo.

La princesa le dio un agradable beso de despedida y aunque no podía asegurarlo, a Lik le pareció que lloraba armoniosamente ante su partida.

Lik se alejó cuanto pudo, pero transcurridos unos segundos cayó desmayado al suelo abrasador, los colores escaparon de sus manos y pintaron de nuevo el mundo, todo volvió a ser de color y una única lágrima de alegría brotó de los agotados ojos del niño ante el retorno de los colores, después cerró los ojos.