1 de julio de 2008

Un fin de semana no apto para cardiacos


Sí, así ha sido mi pasado fin de semana... como para volverse uno loco, vamos y lo peor es, que últimamente, esto se empieza a convertir peligrosamente en algo habitual. Cada fin de semana es una nueva locura y todo eso por culpa de querer hacer tantas cosas. Ya lo dicen los que saben de esto, aprendiz de mucho maestro de nada, pues está claro que no seré nunca maestro de nada, pues no soy aprendiz de mucho, en ocasiones me parece que soy aprendiz de todo. Pero bueno, esos son los marrones en los que me meto yo solito, sin que nadie me obligue, así que...

Mirad, el fin de semana comenzó el jueves, con el partido de semifinales de España ante Rusia, ¡partidazo oye! Aunque dejaré el fútbol para la próxima entrada, en la que os explicaré toda mi Eurocopa. Llegó el vienes y comenzó el carrusel, parecía que todo comenzaba de modo relajado, pues me tomé la tarde libre para ir con Miriam a ver a mi nuevo primo recién nacido, Adrián. Moisés vino con nosotros y aunque no es bueno ni recomendable llevar a un niño sano a un hospital, Miriam y yo estimamos que merecía la pena llevarlo en una ocasión semejante. El caso es que estuvimos allí muy poco tiempo, pues resulta que en ese hospital en particular los niños menores de doce años no pueden estar. Así que pasamos la tarde tranquilos y de compras, aunque yo empezaba a pensar que se mascaba la tragedia, que la tormenta se estaba fraguando...

El sábado por la mañana fui al pabellón José Ramón de la Morena, a llevar a los peques del Encinar a jugar un triangular de fútbol sala. Sí, el sábado por la mañana trabajo, pero calculé que tendría tiempo más que de sobra para llegar, preparar los pedidos y repartir, con lo que no contaba era con la tremenda caravana formada cualquier sábado por la mañana de camino al Encinar del Alberche, sí, contaba con bastante tráfico, pero en algún instante pensé que no llegaría antes de la hora de cerrar (o de comer, que sería peor, porque yo reparto el pan a domicilio en la urbanización). Y además, nos la volvieron a liar, yo entreno a un equipo de prebenjamines, sí, niños hasta seis años. Pues bien, los dos equipos contrarios eran de benjamines, esto es, de dos o hasta tres años más, así que... encima perdimos.

Así que llegué tarde y encima perdí, sólo fueron cinco niños al partido y encima tenía que ir de boda esa misma noche (y estaba en vaqueros). ¿Qué podía hacer? Lo obvio, claro, en cuanto acabé de repartir (al final llegué al Super a las 12.45 y repartí en tiempo record), me comí un bocadillo de salami y cogí la Jumpy para ir a mi casa, en busca del traje para la boda de por la noche. Pero claro, todo no podía ser tan fácil. Cuando llegué otra vez al Super me di cuenta de que me había dejado los zapatos y el cinturón en casa, ¡joder! Pues en playeras a la boda. Los sábados por la tarde también curramos en el supermercado y aunque tenía prisa por ir a la boda no podía decirle a mi padre que me tenía que ir pronto, sobretodo después del terrible retraso de la mañana. Pues nada, a eso de las 20,15 me cambié y con las zapatillas puestas (cual Emilio Aragón con olor de pies y todo) cogí el coche y me fui de boda. La boda fue... pues eso, una boda como cualquier otra, todos felices y comiendo (no, perdices no) como burros. Llegamos a casa a las 2.00 de la mañana.

Me levanté a las 8,00 (como todos los días) y me piré a currar al Super, a repartir el pan, pero el finde no se había acabado, no, tenía que hacer varios viajes aún. El domingo por lo menos repartí de forma mucho más cómoda y cuando terminé de hacerlo cogí la Jumpy y me fui a la comida de fin de temporada de la liga de fútbol sala QDQ, donde además se entregaban los trofeos. No, no tenía que recoger ningún trofeo propio, otra vez será (espero). Bueno, como casi siempre hago, llegué a la comida tarde y con prisas (por lo que me gané un comentario jocoso por parte del presidente de la liga). Pero la cosa no concluía aquí, no creáis.

No, aún me tocó coger a Miriam y a Moisés para ir al Encinar del Alberche para celebrar el cumpleaños de mi hermano (y encima jugaba España la final) ¿Qué hacer? Pues lo que parecía más evidente, ver la primera parte allí, coger el coche en el descanso para llegar a Navas y disfrutar como un enano los últimos minutos de la segunda parte de España...

Largo ¿no?