11 de agosto de 2008

Qué pronto se acostumbra uno a lo nuevo


Resulta que hace 1200 kilómetros que tengo una furgoneta nueva, una último modelo, con aire acondicionado, elevalunas eléctrico y cosas semejantes. El caso es que, cuando la conduje por primera vez pensé en lo difícil que me resultaría adaptarme a ella, pues es más grande que la que conducía antes; también me lamenté de lo poco que me entraría en la nueva guantera, que antes tenía repleta de todo; y de lo mucho que me iba a costar aparcar este trasto tan grande y poderoso.

Pues, después de dos semanas con ella, resulta que voy más chulo que un ocho, me he adaptado de maravilla, la aparco como nadie y en la guantera sólo llevo lo indispensable, por lo que no se me llena de tonterías.

Hoy he tenido que coger la furgo vieja para llevar unos andamios a un chalet y al pisar a fondo el acelerador para salir en primera me he dado cuenta de lo vieja que era y de lo chungo que lo pasaría si tuviera que repartir ahora con ella. Creo que todo se hace viejo en cuanto uno piensa que lo es, incluso las personas comienzan a hacerse viejas cuando todos las ven como trastos viejos a los que hay que apartar para comenzar a rellenar sus vidas con otras nuevas y con más detalles de serie.