7 de octubre de 2008

¡He tenido una idea genial!

Sí, o al menos eso es lo que a mí me parece. A lo mejor a alguien se le ha ocurrido ya anteriormente y eso de una idea genial es una estupidez, pero... voy a ponerla en práctica. Voy a escribir un libro en directo, sí, a través del blog. Cada vez que entre aquí escribiré algo nuevo sobre ese libro, será algo así como un serial... a ver qué sale. Claro que podréis opinar, corregir o dictar cualquier cosa que se os ocurra. Podréis aconsejarme, buscar un título para el libro... corregir mis faltas o mi estilo. Bueno, sólo voy a empezar, no es nada y aún no tengo decidido qué voy a escribir, palabra. A ver qué sale...

Creo que el experimento lo voy a comenzar con un cuento, ¿qué os parece? Para calentar y eso...


Un día, el rey de Turulandia decidió prohibir los libros en su Reino. No es que él supiese mucho de libros o que algún escritor lo hubiera criticado, tampoco tenía nada en contra de los que leían y nunca en toda su vida había pensado que escribir o leer pudiera resultar peligroso para la corona del rey. Pero según Aristófocles, el mago de la Corte, había aldeanos que empezaban a refunfuñar cada vez que alguien les iba a pedir los impuestos y eso era algo sagrado que no se podía consentir.

Aristófocles era muy sabio, casi tanto como los antiguos magos de los Tiempos Viejos, que sólo se recordaban por leyendas y rumores, por cuentos y por los seres ocultos en las páginas marchitas de los libros más vetustos, pero era también muy malvado. Ambicionaba para sí la corona del propio rey, pero ocultaba sus anhelos tras un velo de consejo y servidumbre. El rey no tenía demasiadas luces, nunca había hecho demasiado caso a las enseñanzas que recibía de niño y había ascendido al trono siendo muy joven e inexperto, por lo que siempre hacía caso de los consejos del Mago Real, el único mago que habitaba Turulandia...


Bueno, éste es el inicio, espero que os haya gustado cómo empieza el cuento, cuando vuelva por aquí continuaré la narración. Acabo de titularlo El Dragón Engreído, espero que sigáis leyendo hasta que éste aparezca. Un saludo.