24 de noviembre de 2008

Día Internacional del Niño


Creo que llego algo tarde para publicar este texto en el Día Internacional del Niño… y es que las ocupaciones diarias que me imponen y me auto-impongo limitan el tiempo del que dispongo para dejar en el blog mis reflexiones personales, que siempre pospongo en favor del resto de mis asuntos. La verdad es que, para una persona como yo, tan preocupado siempre por el bienestar de los más pequeños de la Tierra, sobre todo desde que soy padre del niño más guapo y travieso del mundo, un día como el Día del Niño debería de ser algo muy especial, pero tengo que reconocer que las prisas han logrado que este año ni siquiera pudiera escribir algo sobre mi segundo luluaño como escritor-editor on line.

Pero vayamos a lo importante, los niños. ¿Se puede celebrar un Día Internacional del Niño sabiendo que todos los días mueren de hambre miles de niños en el mundo? Yo diría que no, a no ser que usáramos ese día para hacer algo más que campañas publicitarias que limpian conciencias pero solucionan muy poco. ¿Sabéis en qué pensé el jueves pasado? En los veinte quilazos de euros que la Organización de las Naciones Unidas se ha gastado en adecentar el cuartillo en el que se reúnen sus mandamases internacionales. ¡Toma ya fomento al desarrollo! Al menos no se esconden, lo que debería suponer un alivio. ¿No?

Pero esa noticia, dolorosa de por sí, me jode más cuando escucho una noticia que dice que con doce millones de euros se podrían sufragar los gastos necesarios para que ningún niño más muriese de hambre o de sed en el mundo. Sí, gracias a una pasta que aporta los nutrientes necesarios para que los niños puedan crecer… aunque a lo peor es que a la ONU precisamente le preocupa que esos niños no mueran y el crecimiento demográfico se multiplique… mientras el Vaticano prohíbe que sus excelentes misiones en el Tercer Mundo repartan preservativos (porque es pecado, ¡jódete! Seguro que Dios está muy orgulloso de los cardenales, obispos, curas y Papas que viven a cuerpo de rey en todo el mundo mientras hay un montón de niños muriéndose de hambre, seguro que lo que le preocupa al Todopoderoso es que los pobres negritos no usen los condones, porque son pecado mortal… si es así… me hago ateo, porque sería un dios gilipuertas).

El caso es que no celebré el día del Niño, ni la muerte de Franco, ni el día contra la Pederastia Infantil (cualquier día dedicaré aquí mismo unas lindezas a estos valientes) ni mi aniversario como “publicador” de mis propias historias; sí, las prisas tuvieron algo (mucho) que ver, pero, ¿de verdad hay algo que celebrar?

Cuando lleguen estas Navidades –aunque para algunos ya han llegado- y nos pongamos morados de todo (yo el primero) y cuando nos gastemos un porrón de pasta en juguetes, regalos, tonterías, luces… en lo que sea, ¿no seremos todos tan vergonzosos como los de la ONU o esos religiosos que criticamos muchos?

Cada uno a nuestra escala personal sólo miramos nuestro ombligo. Todos tenemos en casa nuestra propia Cúpula de Barceló o nuestra propia Ciudad del Vaticano.

Aun así, estoy seguro de que el alarido silencioso de todos esos niños no tardará en golpearnos con toda su furia, algo tiene que cambiar de una puta vez y sólo nuestra voluntad puede obrar el milagro.

2 comentarios :

Sr. Stromboli dijo...

Pero es que Javier, lo que nosotros nos gastamos no llega ni a la suela del zapato de la Cúpula de Barceló o la Ciudad del Vaticano, esa es la gran diferencia.

Vale, estoy de acuerdo de que grano a grano de arena se hace una montaña, pero es que ni tenemos medios suficientes ni muchas veces ganas, porque esos que pueden construir montañas en sólo una vez no lo hacen, prefieren construirse cúpulas y adecentar sus automóviles, manda huevos!!

Plyngo and Me dijo...

Eso de que no podemos es una escusa barata...