12 de noviembre de 2008

Devoradores de cadáveres


Este es mi sentido y sencillo homenaje a uno de esos extraños escritores de éxito que suelen ser criticados por los literatos, pero que a mí siempre me encantan y me saben a lecturas más simples de mi niñez, a esas de aventuras y fantasías sin más, a puro divertimento.

Descanse en paz, aunque seguro que sus libros no estarán demasiado tiempo quietos en ninguna estantería.
Por cierto, no me ha apetecido escanear la cubierta del libro (tengo dos ejemplares de este libro, uno regalo de Jose y otro que me compré un mes antes de recibir el regalo... me suele pasar), pues eso, que no me ha apetecido escanear la cubierta y como no he encontrado en Google una imagen, me he visto obligado a tomar prestadas dos de la película (cada vez me parezco más a un kender, "tomando prestado" de la red cuanto necesito, pero sin malicia y con cosas que a otros ya no les sirven...) .

Espero que os guste esta nueva intervención en El bosque de las Palabras, de Francisco Legaz.



Desde que empecé mi colaboración en tu programa, comencé a enumerar en mi cabeza la larga lista de títulos fantásticos que han pasado alguna vez por mis manos y ante mis ojos, seleccionando los que me parecían más importantes y su orden de aparición, esperando agotar las “existencias” y tener que leer muchos más para seguir contando aquí los nuevos títulos que caigan en mi poder.

Hay muchos títulos evidentemente fantásticos, de los de dragones y espadas, y otros que, siendo tan fantásticos o más que los otros, me resultan algo más serios o realistas... o, menos fantásticos. Por lo que decidí dejarlos para cuando hubiese acabado con los más conocidos.

Siempre que termino mi intervención, me pongo a pensar de modo automático en el libro siguiente, sin estar nunca demasiado seguro de qué título recomendar o comentar. La respuesta esta semana me ha sido impuesta por la actualidad, por una triste noticia de la que me enteré el miércoles pasado a eso de las siete de la tarde, la muerte de un escritor de gran éxito internacional y que a mí me encanta, pues al leerlo no sólo me divierto, sino que me creo sus fantásticas ficciones como si pudiesen llegar a ser reales, como si fuese un lector contemporáneo de Julio Verne. El escritor del que hablo y que murió la semana pasada es Michael Crichton, creador de libros tan conocidos como Parque Jurásico, Congo, Acoso, Sol Naciente o Next... que sin haberlo consultado en ningún sitio me atrevo a asegurar que están todos llevados al cine.

Michael Crichton, además, es el creador de la exitosa serie americana Urgencias, que creó gracias a su estudios de medicina en la universidad de Harvard.

Hay un libro en especial de este escritor de best sellers que me gusta en particular, uno que recomiendo y sobre el que vamos a hablar hoy. El libro en cuestión se titula Devoradores de Cadáveres, que fue llevado al cine con el título de El guerrero número 13, para que lo recordéis mejor os diré que es esa película en la que Antonio Banderas hace de un intelectual musulman de los tiempos de Al-Andalus que tiene que viajar al norte de Europa como embajador y termina formando parte de un grupo de guerreros vikingos con los que vive aventuras de todo tipo y con los que combatirá a los comedores de muertos, unos guerreros espectrales que todos temen y que se ayudan de las brumas y las nieblas para sembrar el terror por tierras norteñas.

Crichton juega con realidad y ficción a partes iguales, hasta el punto de que, en el epílogo de Los devoradores de cadáveres, nos dice en qué momentos habla de hechos históricos y en qué momento el libro pasa a ser ficción. El narrador de la obra, escrita en primera persona, emulando un tratado existente en realidad, es el musulmán Ibn-Fadlan, un personaje histórico que fue el primer hombre en escribir el testimonio más antiguo que existe acerca de los vikingos. Ibn-Fadlan era, en efecto, un embajador de Bagdad, que fue enviado por el califa a realizar labores de embajador en la corte búlgara, aunque nunca llegó a su destino, pues se topó con un grupo de guerreros nórdicos con los que permaneció casi tres años, tras los que regresó a su país natal y realizó un informe oficial de sus aventuras junto a estos bárbaros del norte.

Retomando las partes que aún se conservan de esos informes y las copias manuscritas posteriores a los años en los que vivió Ibn-Falan, además del poema épico Beowulf, Michael Crichton elabora toda una ficción fantástica acerca de un grupo de héroes vikingos que, acompañados por un árabe, impuesto por la profecía de una bruja, deben de enfrentarse a los maléficos y sanguinaros wendol, los devoradores de cadáveres. Mezclando en su rápida y precisa narración, casi como de guión de cine, a los vikingos con una rama perdida de hombres de Neardenthal.

Es un libro corto, de poco más de doscientas páginas, que se lee en un suspiro y en el que llegas a aprender bastante sobre ciertos detalles de la vida de los vikingos, gracias a la descripción objetiva de un observador ajeno a su cultura, que se hace muchas preguntas que nos son respondidas al momento. Devoradores de cadáveres es un libro muy divertido, ya os he dicho antes que para mí es comparable con algunos de los libros de Julio Verne.

Con Crichton uno siente la certeza de que lo que está leyendo es real, aunque sea una narración sobre un poema mágico de hace mas de mil años que habla de monstruos marinos, magia y dragones... todos desmitificados, o casi, a lo largo del libro, aunque seguro que para los vikingos aquella magia, que a nosotros se nos hace fantástica, era cotidiana y real; aquellos monstruos marinos, que nosotros hoy identificamos claramente con las ballenas, tenían que resultarles monstruos en realidad, criaturas con las que en muchas ocasiones colisionaban sus navíos y propiciaban trágicos naufragios; y el dragón de fuego... bueno, ese misterio os dejo que lo descubráis por vosotros mismos.

En el libro que nos ocupa, y en la realidad vikinga, sólo había una cosa a la que tener miedo de verdad, y eso era a lo desconocido, no hay nada más pavoroso que lo que se desconoce... por eso los famosos vikingos sólo temen en realidad a las brumas, pues no pueden adivinar qué hay en ellas.

Bueno, os dejo por hoy y sólo os doy una recomendación más, tened cuidado con la niebla, uno nunca sabe lo que puede haber del otro lado.

Antonio Banderas caracterizado como Ibn Fadlan, uno de mis "héroes" favoritos