19 de diciembre de 2008

Escribir porque sí


Esto lo escribí ayer a eso de la una y pico de la mañana, así que me excuso de antemano por lo que haya podido escribir (que a esas horas no suelo coordinar demasiado bien). De todas formas, como tampoco me lo voy a leer otra vez para corregirlo... lo publico tal y como está, a ver qué os parece (espero no recibir demasiadas críticas).



Hace mucho tiempo que no me pongo a escribir así, porque sí, sin buscar una utilidad o un uso para lo que relato. Aunque según estoy escribiendo esto en mi ordenador, ya estoy pensando en subirlo mañana al blog, qué le vamos a hacer, la cabra suele tirar siempre al monte.

La verdad es que soy un tío de manías y caprichos más o menos pasajeros, cuando me da por algo quiero hacer lo más posible y no es hasta que encuentro algo que me resulta más interesante que empiezo a desencantarme ligeramente de mi anterior interés y comienzo a recorrer con fuerza casi imprevista mi nuevo cometido.

Lo último que me embaucó hasta límites indescifrables y ahora sólo está prendido en mí gracias a los rescoldos de un fuego muy bien encendido es el tema del fútbol. Fijaos, yo, que no había jugado al fútbol en serio en mi vida, fue ponerme a ello y querer llenar mi vida de un balón de reglamento. No sólo me dediqué a jugar, sino que me lie la manta a la cabeza y me hice mi propio equipo de fútbol sala: el AD Encinar del Alberche. Supongo que eso fue porque siempre había albergado la esperanza de poder jugar algún día una competición, algo que sólo había logrado muy levemente hasta entonces en primero de BUP, en un equipo que montamos de voleibol… el subconsciente de uno, que suele salir por sitios incomprensibles y raros.

El caso es que empecé a jugar en serio al fútbol sala a los veinte tacos, sin tener ni idea y sin haber pertenecido nunca por más de un mes o dos a un equipo de fútbol, al menos como jugador. He de reconocer que, aunque sigo siendo un paquete en esto del balompié, al principio era aún peor. A pesar de que he aprendido bastante en los diez años que llevo en esto más en serio.

Pero no me quedé en jugar, os he dicho que hice mi propio equipo, pues sí. Hice uno femenino, después añadí uno infantil… más tarde vinieron los cadetes y al final, los benjamines y pre benjamines. Las ligas de verano, los trofeos, los premios, las discusiones, los malos rollos, las cuotas, la lotería, el material, el pabellón, las pistas, las redes, los conos, los entrenamientos, los jugadores, los presidentes, los… todo, todo me lo eché yo en la espalda y hasta hoy, que empiezo a resentirme de dolores de espalda por tanta responsabilidad creada sin necesidad y tantas ostias que me he llevado por pensar en el disfrute de los demás. Pero bueno.

Ahora me ha dado por esto de los blogs (bueno, ya llevo un poco más de un año), empecé con uno sobre mí y mis cosas (este que leéis), pero al ver que era muy fácil y que me gustaba hacerlo, creé otro y después otro más… hasta que empecé a darle vueltas al tema de tener éxito con mi propio blog, para ver si me hacía rico, como esos de las noticias que uno ve por la tele. Sí, las de las ideas estúpidas que hacen millonario al que las tiene y las que, al verlas, uno se dice, “no me jodas, si eso lo haría yo mucho mejor”. Así nació cierto personaje rosa que habita en las Cook y al que tengo que robar un poco de protagonismo para que mi ego de escritor no se resienta lo más mínimo.

Sí, Plyngo empezó a convertirse en mi nuevo entretenimiento, aunque hoy día es como un trabajo mal pagado, pero del que uno se siente la mar de orgulloso. La verdad es que sigo creyendo, a pesar de todo, que la historia de Plyngo merece la pena.

Ahora, mi última preocupación creada por mí es la del programa de radio, Castillos en el Aire y ya me he percatado de que llevo unos días poniendo mucha atención en el mantenimiento de todo lo relacionado con el programa en detrimento de todo lo demás.

En medio tengo muchas cosas, y es que no paro… la verdad es que no sé cómo lo hago. Ya os contaré cómo salgo de todo esto, lo único malo es que todas esas ocupaciones no me permiten disponer de mucho tiempo libre para escribir sin más, sin un sentido concreto… aunque me miento diciéndome que todo esto sólo es un entrenamiento… sólo hacer muñeca para estar mejor preparado el día de mañana, cuando decida embarcarme una vez más y de lleno en la escritura de una nueva novela… yo sé que no es así, pero suena mejor decirlo.