#MalditaGuerra

Porque la Guerra es una mierda, se mire como se mire

"La gran aventura de Sir Wilfredo - El asedio de las sombras"

Una novela para disfrutar de las princesas y de los caballeros.

Microrrelatos en 3 Capítulos

Disfruta de más de cien historias cortas

La importancia de las librerías

Artículo publicado en Diábolo Magazine

31 de enero de 2008

El Faro de Vigo

El otro día recibí una petición para uno de mis blogs (http://plyngoandme.blogspot.com/). Me la hizo un colega gallego que tengo, que como la mayoría de los de allí está un poco... bueno, yo siempre digo que todos los gallegos están un poco locos (que no tiene por qué ser algo malo). La petición era que añadiera en los enlaces de la prensa nacional uno de El Faro de Vigo, uno de los periódicos con más solera de la prensa española. Lo puse al momento y recordé todo lo que significaba para mí ese periódico.
No sé si nunca he llegado a leer alguna de sus páginas, pero El Faro de Vigo eran las palabras escritas en el toldo del kiosko situado cerca de la playa de Vigo, un kiosko situado en un hermoso mirador que permitía contemplar el mar reluciente y bravo, las mejilloneras a lo lejos y el sol descendiendo al caer la tarde. Para mí significa mis primeras vacaciones de verdad, me huele a mar y a gaviotas chillando por un trozo de pan, me sabe a empanada de bonito y a ostras. A una ciudad vieja pero encantadora, me recuerda a los tebeos que me compraba de Mortadelo y Filemón cerca del Mercado de la Piedra o de mi primer tebeo del Corsario de Hierro y de uno de aventuras que ya ni recuerdo apenas... Me recuerda a la casa anciana de la Tía Mercedes, que tenía unos tobillos tan redondos e hinchados que me hacían pensar que podían estallar en cualquier momento. Me recuerda a mi primera vista del Cantábrico, a esos paseos por encima de las nubes y del Miño en Santa Tecla, a mariscada en el puerto, a Bayona y su parador... me recuerda a infancia. El Faro de Vigo es para mí mucho más que una portada de periódico mostrada en un kiosko. Es una atalaya desde la que soy capaz de ver momentos felices de mi infancia.

29 de enero de 2008

La ladrona de libros. Epílogo (y 2)

No relataré aquí los pormenores de su muerte carnal, basta decir que murió como lo que era, un cobarde, incapaz de asumir el mal que había causado.
Pero no murió al instante, no le dejé. Sé que mi trabajo es llevarme las almas cuanto antes, aunque no me guste hacerlo o el muerto no lo merezca, y he de decir que cuando uno muere es porque le ha tocado hacerlo. Sin embargo ese hombre necesitaba un escarmiento o lo que es peor, yo necesitaba darle uno, una propina por los servicios que me había prestado en los últimos años.
Sé que me vio en cuanto cayó al suelo, lo pude oler en sus pantalones militares y en su bigote recortado, lo pude ver en sus ojos amoratados y en sus ojeras, lo pude sentir en sus manos temblorosas. Me vio y yo le miré, pero no intenté calmarlo ni consolarlo, quería que me temiera, quería que supiera que yo me alegraba de su terror.
Dejé que se lo llevasen a rastras y caminé tranquila detrás suyo, paseándome entre los militares que le habían sido fieles hasta el final. Dejé que lo tiraran al suelo y lo embadurnaran de gasolina, dejé que le prendieran fuego aunque su alma aún estaba anclada a su cuerpo.
Escuché sus alaridos de cerdo apenas llegué a la puerta del búnker. Miré al cielo encapotado y me disculpé, aunque fui incapaz de borrar una mueca de satisfacción que surcaba mi rostro. Después de unos segundos arranqué el alma con brusquedad. Me miró implorando perdón, suplicando clemencia.
Me reí en su cara. Nunca había hecho nada igual, ni siquiera con aquellos inquisidores tan quisquillosos o con los cruzados árabes o cristianos, ni con los romanos que tenían aquellos circos tan monstruosos hoy visitados como monumentos artísticos incomparables, ni con nadie... aquel día me reí en la cara de un alma y tras hacerlo le escupí en el rostro empalidecido.
Miré a los ojos de aquel tirano, aquel asesino, aquel orador excepcional, aquel dibujante de acuarelas que había pintado la cara de media Europa con sus pinceles sangrientos. Después lo arrojé a lo más hondo de la Creación, allí donde sólo tienen cabida los monstruos más aberrantes y me marché a continuar trabajando.
Aquella tarde tuve muchísimo trabajo y por primera vez, me sentí satisfecha de involucrarme en los asuntos de los hombres.
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Lo prometido es deuda, aquí tenéis la conclusión.

26 de enero de 2008

La ladrona de libros. Epílogo

No sé si habrás leído "La ladrona de libros". Si lo has hecho entenderás mucho mejor este pequeño homenaje y si no... bueno, es un pequeño cuento que puede leerse para pasar un rato... creo que agradable. Además, me sirve para conmemorar el Día del Holocausto que se celebra el 27 de enero todos los años desde 1959. Espero que te guste.
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¿Quién dice que ser la Muerte no tiene sus ventajas? Sí, es una carga muy pesada el recoger día tras día las almas de aquellos que ya no precisan de su cuerpo para existir, notar el peso de los sentimientos humanos, ver las miserias diarias o el salvajismo de los hombres, sentir que no puedes hacer nada por evitar el dolor de aquellos que no merecen sufrirlo... pero también tiene sus momentos buenos, supongo que es como todo en la vida. Qué ironía hablar de la vida siendo yo la Muerte.
Aquel día tenía más trabajo de lo habitual en mi, ya de por sí, ajetreada carrera ordinaria, estábamos en agosto de 1945 y había alguien, alguien al que llevaba mucho tiempo deseando ver, al que le había llegado la hora de postrarse ante mí. Hay almas que te llaman anhelantes, otras te gritan pidiendo ayuda o incluso tiran de ti hasta que logran llevarte a su lado, las hay que me esperan en silencio o comprenden que tienen que acompañarme aunque no querrían tener que hacerlo. Pero hay almas, menos de las que puedas creer, que esperas poder aferrar muy fuerte y no dejar escapar, almas oscuras y sucias que dejan marca en mis manos, almas destinadas a un lugar no demasiado agradable que nunca he llegado a visitar más que a través de sus ojos incandescentes. No son demasiados en comparación con la masiva existencia humana, pero son suficientes como para que un observador puntual quede escandalizado o aterrorizado ante la malevolencia de los hombres.
Dejé todo lo que tenía que hacer, sabía que después tendría que hacer un sobreesfuerzo para recuperar el tiempo perdido, pero merecía la pena hacer ese breve receso, esa alma me había dado demasiado trabajo en unos años, había llegado el momento de ajustar cuentas.
Últimamente pasaba demasiado tiempo en Alemania. La guerra estaba a punto de concluir y las bajas se contaban por cientos día a día. Por suerte habían terminado muchos de los bombardeos aliados y el frente ruso hacía tiempo que había dejado de estar tan cargado, aunque después del negocio que me llevaba a Berlín aún tendría dos momentos que me harían estremecer –no sabes qué difícil es hacer estremecer a la Muerte- y pensar en si la humanidad valía la pena, un par de bombas en Japón, sólo dos, me hicieron trabajar a destajo durante días, ni siquiera yo fui capaz de llevarme de una vez todas las almas cuyos cuerpos habían sido arrasados en Hiroshima y Nagasaki...
Volvamos a Berlín, pues esto puede llegar a ser divertido, aunque me tomo mi trabajo muy en serio.
Llegué a través de la Wilhenstrasse y me colé en el búnker en el que el Führer daba sus últimas órdenes. Vi por allí a varios de sus ministros, generales y subalternos, vi a más asesinos juntos de los que en pocas veces puedes contar. Vi sus rostros pálidos, asustados, vi que me esperaban tarde o temprano, sabían que yo estaba por allí y la mayoría había perdido ya su orgullo patrio, su soberbia nazi. No pude evitar reírme ante la famélica expresión de sus corazones embotados por el miedo. De haber tenido el poder suficiente o las ganas habría querido poder dejarlos en medio de un campo de exterminio, entre los presos, a los pies de los hornos crematorios, sin armas, sin soldados... sólo ellos ante las víctimas indefensas. ¿Qué habría ocurrido? Puedo imaginarme que en ese caso los verdugos habrían sido distintos, pero no menos crueles, los hombres atesoran una crueldad extrema en sus corazones, lo que ocurre es que hay almas capaces de borrarla y hasta de hacerla desaparecer.
Pero me estoy extendiendo demasiado. Está a punto de ocurrir. El hombrecito pequeño y con bigote, de pelo grasiento peinado hacia un lado está a punto de verme de verdad No en los ojos de los contrarios a su régimen, no en sus fábricas de muerte, no en las lápidas y medallas de sus soldados... no, va a verme a mí.
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Bueno, ésta es sólo la mitad del cuento, creo que iba a resultar demasiado largo... el lunes o el martes cuelgo el resto.

24 de enero de 2008

Las musas trabajan cuando quieren

Así me lo han demostrado en más de una ocasión. Esas ninfas de los sueños o sirenas de las nubes, esas diosas capaces de encumbrar o hundir al más pintado de los artistas rehusaron acudir a mí cuando las necesité el otro día. Encontré un hueco para escribir unos cuentos que quiero presentar a un par de concursos y no hubo forma humana de escribir algo bueno de verdad, o al menos algo que me llenara del todo. Debe ser que Ellas estaban distraídas en busca de algún dios hermoso o tras algún querubín travieso... pero como te asisten en el momento más inoportuno, bastó que no necesitara de su susurro para que llegaran y poblaran mi cabeza de ideas infinitas. Ahora busco tiempo para escribir los tres cuentos que me han murmurado al oído las más bellas de las diosas. Si no fuera por ellas...

21 de enero de 2008

¡España!


No soy lo que puede considerarse como un patriota, no voto a ningún partido político en particular (aunque siempre voto, considero que muchos han luchado para que podamos hacerlo), tampoco es que sea un tío demasiado sentimental, pero hay cosas que incluso a mí me ponen la piel de gallina y escuchar el himno de España cuando voy solo conduciendo es una de esas cosas, ésta es otra. Pongo aquí este vídeo en respuesta a mi amiga Silvia, para que luego me diga si para un español es o no emotivo el "lalala". A mí por lo menos me emociona escuchar a más de sesenta mil gargantas entonando su himno sin necesidad de entender de letras o signos. Espero que os guste.

19 de enero de 2008

Nueva publicación en lulu.com

Lo prometido es deuda, aquí está el enlace para ¿Tú me habrías disparado? Espero que os guste y que comentéis aquí qué os ha parecido, os recuerdo que la descarga es gratuita.
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Apoya a la publicación independiente: compra este book en Lulu.
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18 de enero de 2008

Homenaje a un gran ilustrador

Tras ver esta ilustración en la web de Santyago Moro, no he tenido más remedio que copiarla y colgarla quí para que la pueda admirar todo el mundo, yo no sé a vosotros pero a mí me parece excepcional. Espero que este gran ilustrador no se enfade por colgar su obra. Sam ya estuvo nominado el año pasado a los premios Ignotus, además de tener publicados más de diez libros de ciencia ficción, otro de recetas de cocina, uno de gramática y tiras cómicas... todo un Nuevo Renacentista del siglo XXI. Para ver su obra completa sólo hay que entrar en su página web o acceder a su blog de ciencia ficción para entablar con él contacto directo. Además, sus libros son de los más solicitados en www.lulu.com y son distribuidos por una editorial.
Sam salió hace poco tiempo en Cámara Abierta de la 2, donde habló de su obra y de lulu.

17 de enero de 2008

La portada!!!

Muchas gracias a todos por ayudarme a elegir la portada, a aquellos que han respondido a través del blog y a los que lo han hecho por el correo electrónico, pero Sam me envió esta versión "recauchutada" y creo que es la elegida, ¿qué os parece? Sí, me han hecho cambiar de opinión (y eso es algo que todos los que me conocen saben que es complicado). Como buen cumplidor, mañana a estas horas podréis leer el cuento y descargarlo de lulu. Espero que os guste.

Paulino, compuesto y sin himno

Me da pena este buen hombre, sí, creo que voy a ser uno de los pocos españoles que no me meta con él o con su himno. No es que me guste demasiado, de hecho, estoy de acuerdo con que se haya anulado su letra para el himno nacional, creo que para poner esa nueva sería mejor dejar la de toda la vida, al fin y al cabo dicen más o menos lo mismo, aunque con algo de maquillaje. Lo que me da rabia es que se metan con este buen hombre que o tiene culpa de nada, que ha preparado una letra como la podía haber preparado yo o tú o quien fuera, ya que nos habían dado la posibilidad de hacerlo. A Paulino se le está vilipendiando por no ser un artista o un estudioso (como lo que ha dicho Placido Domingo, que en España hay muy buenos artistas que pueden hacer la letra del himno, vaya corporativismo oiga), a mí me gustaría que, de querer una letra, la hiciera alguien del pueblo, tan llano como yo y no un tío sentado en un sillón que no sale a la calle más que para gastar o criticar que mal están las cosas, no, prefiero que sea un currito o alguien en el paro o una ama de casa... estaría bien que el himno contase lo caro que está el pollo o las benevolencias de la dieta mediterránea...
Lo que pasa es que yo no quiero letra para el himno de España, a mí me gusta tal y como está, sin letra, que cada una le ponga la suya, además no me he emocionado tanto con una canción como el día en el que el Bernabeu completo “laleó” el himno nacional, ¡qué pasada! Me gusta el himno como está, sí, es una peculiaridad más de nuestro país, tanto como el tener varias lenguas y dialectos, varios “países”, como la ñ, como nuestro escudo retocado... no sé, me gusta como está.
¿Y si casi nadie está de acuerdo con poner letra? ¿Y si a los españoles y a los que dicen que no lo son les gusta tal y como está? ¿Por qué no hacen un referéndum como el que quiere hacer Ibarrexte o el de Chávez? A lo mejor los españoles estamos contentos con poder tararear nuestro himno sin necesidad de aludir a la sangre que derramaron nuestros antepasado ni a las muertes necesarias para crear esta nación de naciones.

14 de enero de 2008

Portada ¿Tú me habrías disparado?



Puestos a pedir... ¿qué os parecería ayudarme a elegir la portada? ¿Cuál os gusta más de las dos, la A o la B? Espero respuesta, aunque yo tengo mi favorita. ¡Ojo! Puede que me hagáis cambiar de opinión.

12 de enero de 2008

¿Tú me habrías disparado?

Pongo aquí estos dos primeros párrafos del relato que me valió el primer premio de cuento de la Mancomunidad los Pinares, para abrir boca. A partir del viernes que viene podréis leer el resto de forma gratuita en lulu.com, pondré aquí el enlace.

En un pasillo de aspecto rancio y pasado de moda, de ambiente apolillado y luz apagada aguardaban, en silencio, varios hombres y mujeres. Era un lugar estrecho y carcomido que olía a viejo. Las paredes, repletas de desconchones y grietas, estaban empapeladas con pliegos de colores marchitos y figuras geométricas: aquí y allí colgaban cuadros con imágenes de guerras lejanas o retratos de jefes militares; también podían apreciarse, a lo lejos, un par de apliques de pared, cuya luz mortecina iluminaba tenuemente el corredor. El suelo era de una madera que hacía tiempo que no veía una capa de barniz o siquiera un buen fregado. La escayola del techo estaba descascarillada y amarillenta, en algunos puntos podían adivinarse los restos de alguna gotera seca. A los dos lados del pasillo se estiraban dos delgados bancos de madera crujiente y vieja, sojuzgados por los pacientes ocupantes del pasaje.
Sentado sobre uno de los bancos estaba Rufino, un antiguo soldado republicano sucio y desaliñado. Tenía el uniforme y la piel manchados de sangre reseca y hollín, de barro. Tras la capa de suciedad de su rostro podían apreciarse, si se dedicaba una mirada más exhaustiva, unos rasgos juveniles y apuestos, aunque, en su estado actual pocos habrían podido adivinar que estaban ante un hombre joven y guapo. Los ojos del miliciano miraban hacia el frente sin ningún tipo de sentimiento o brillo, sin esperanza. Nada le importaba, ni siquiera aquella tediosa espera, hacía mucho tiempo que había dejado de sentir cualquier cosa que no fuera ese insistente dolor de riñones instalado en su espalda, eso y la continua amargura de la espera. Llevaba tanto tiempo esperando que ya ni recordaba qué era lo que esperaba.

11 de enero de 2008

Cuando leo un buen libro.

Me encanta leer, lo que sea, a veces hasta los prospectos de medicinas o los ingredientes de los briks de zumo o... cualquier cosa. Pero es con un buen libro con lo que puedo pasarme horas y horas sin notar o recordar que tengo que hacer algo. Últimamente, con todas las cosas en las que me he metido y todos los proyectos que tengo abiertos, con la escritura, con Moisés... me es imposible leer todo lo que querría, sin embargo siempre encuentro un hueco para leer el libro que tenga empezado en el momento (cuando no son dos o tres los empezados). El pobre de Moisés ha leído conmigo el último libro que ha pasado por mis manos: La ladrona de libros. Ha tenido que escuchar a su padre leyendo párrafos que no entenderá hasta dentro de unos años, pero es lo que le ha tocado. No suelo leer libros prestados, me gusta comprarlos y tenerlos para siempre en las estanterías de mi habitación, pero con La ladrona de libros hice una excepción, me leí un libro que me dejaron y he de decir que estoy muy contento de haberlo hecho, me ha encantado, tanto que he escrito un epílogo del mismo que publicaré aquí en unos días.
Puedo estar meses leyendo el mismo libro, mas cuando llego a las páginas finales tengo que dejar todo lo que esté haciendo para acabarlo, esperando saber qué ocurre al final. Suele pasar que me quede frío al llegar a la última palabra, esperando algo más, aguardando un último milagro que resucite al protagonista muerto o añada una sentencia juiciosa, esperando que los personajes con los que me he encariñado no se marchen... nunca pasa. Una vez que llego al final, como nosotros cuando morimos, sólo quedan recuerdos y sensaciones, sólo eso.
Espero que lo que deje yo sea un buen recuerdo, una sensación de que fui un tipo estupendo, aunque para eso, espero, aún queden muchísimos años felices.

Falleció Enrique Timón




Aunque seamos conscientes de que es algo natural, cuando la muerte llama a nuestra puerta solemos pasarlo bastante mal y si la puerta a la que llama es la de un vecino o amigo solemos pasarlo bastante peor. No voy a enumerar aquí los libros y escritos de Enrique ni tampoco sus estudios o anhelos como escritor o filósofo, eso ya lo han hecho Sam, Yosu o Rudy... yo sólo voy a anotar aquí mi deseo de que la familia de Enrique sea capaz de sobreponerse de la mejor manera posible y de recuperar con el tiempo la "normalidad" de sus vidas que una muerte precipitada ha desmoronado. Desde aquí mis condolencias más sentidas y mi deseo de que su familia esté bien, pues allí donde esté Enrique estará velando por ellos.

Enrique estaba escribiendo una saga de literatura fantástica y se podría pensar que era un rival para mí (que también escribo fantasía), sin embargo desde el primer contacto en el foro se mostró un tipo cordial y sano. No lo vi nunca en persona y ahora sé que nunca lo veré, pero para mí se ha marchado un buen amigo. Hace pocos días compré El Último Titán y en poco tiempo lo leeré. Espero que alguien acabe de escribir esa saga algún día.
Me gustaría no volver a hacer nunca un comentario de esta índole, significaría que nunca más pierdo a un colega.
Reitero mi deseo de que la familia lo supere de la mejor forma posible. Seguro que enrique estaría de acuerdo en eso.
Allá dónde estés. Un saludo.

5 de enero de 2008

Empezaremos con poesía

No es que se me de bien la poesía, tampoco es mi género literario favorito, pero como acabé con un soneto y por lo menos a José y a Silvia les gustó la propuesta, he decidido empezar el año con un nuevo soneto. No es demasiado bueno y la métrica es un pelín libre. Está extraído del prólogo de la segunda parte de El Caballero Andante, del libro de un elfo "aprendiz" de Q´zer, el ogro poeta con el que se cruza nuestro caballero favorito. Bueno, espero que os guste y haré otro que sea más alegre. Palabra.

Sientes la soledad más infinita,
eternidad que es muerte venidera,
silencio sumido en aciaga espera,
llanto grabado en oro y circonita.
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Notas un dolor en lo más profundo,
mientras forcejeas con la mordaza
ruegas a Dios y pegas con la maza,
intentando hacerlo ver al mundo.
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Quisiste amar y fuiste amado,
sentiste fuego y ardor en tus venas
¿es que acaso se ha apagado?
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¿No volviste a apagar tus penas?
Licor de amor, te has derramado.
Ahora soy un Paris sin Elenas.