#MalditaGuerra

Porque la Guerra es una mierda, se mire como se mire

"La gran aventura de Sir Wilfredo - El asedio de las sombras"

Una novela para disfrutar de las princesas y de los caballeros.

Microrrelatos en 3 Capítulos

Disfruta de más de cien historias cortas

La importancia de las librerías

Artículo publicado en Diábolo Magazine

25 de marzo de 2008

Invasión 4

Aquí está, no necesito levantar la mirada de mi monitor para saberlo, el vello de mi nuca se ha erizado, como cada vez que me encuentro en la misma estancia que Él. Le odio con todas mis fuerzas y sin embargo voy a permitir que perdure en el poder, voy a permitir que toda la humanidad siga siendo gobernada por este tipejo asqueroso y repugnante. Ni siquiera fue a la guerra, tiene una enfermedad congénita que se lo impidió, es pequeño y enclenque, estoy seguro de que podría partirle la cara de un puñetazo y de que no me duraría ni tres buenos golpes... tengo que tener cuidado, los psíquicos suelen acompañarlo, si me descubren estos pensamientos... ¡no me harían nada! ¡Claro! ¿Cómo no lo he supuesto antes? Lo saben, si lo piensas bien tiene su lógica. Jamás he intentado ocultar lo que pienso e incluso lo he dicho en más de una ocasión en voz alta. Saben que detesto su poder, su control sobre los hombres, saben que odio profundamente a la humanidad... pero me dan plena libertad para hacer lo que quiera, saben que llevaré a cabo el plan, que los Megas caerán irremisiblemente ante los híbridos... ¡son tan agresivos y voraces! Dudo que alguien se mantenga en el planeta de los Megas con vida más de una semana. Los híbridos son buenos en su trabajo, los mejores... como dice Lobezno, la criatura sobre la que me basé para su creación.
Encontré aquellas páginas por casualidad. Habían sobrevivido a una de las piras mundiales que se formaron durante la Purificación, antes de la Segunda Guerra... no pude contenerme, me las llevé a mi sótano e imaginé cómo sería contar con un ejército de seres tan extraordinarios y violentos como ése... a los pocos días la Nueva Gestapo me reclutó y me envió a la Guerra... tuve que aceptar, era eso o remover las cenizas de una de las Fábricas... preferí luchar. Siempre prefiero luchar.

17 de marzo de 2008

Invasión 3

Con los Megas será algo diferente. Ellos han venido, nos han hablado de paz y enseñado nuevas tecnologías, han sanado muchas de nuestras nuevas enfermedades y de forma misteriosa han conseguido incluso que vuelva a llover en la Tierra, sí, una lluvia sucia y embarrada, pero lluvia al fin y al cabo... según sus informes el mundo aún tardará un siglo en recuperarse del todo, en recuperar su esplendor... demasiado para el Poder y sus compinches, demasiado para mí... había que hacer algo ya, la humanidad ansiaba una nueva guerra, una nueva conquista...
Dejamos que los Megas nos ofrecieran todo lo que tenían y comenzamos los preparativos de guerra a escondidas de sus embajadores, de nuestros amigos... los tomamos por estúpidos, quizás por sus cuerpecitos menudos y sus caras de niños... he de decir que ellos descubrieron nuestros propósitos muy pronto, que podrían habernos detenido o incluso atacado, disponían de una tecnología que habría arrasado la Tierra por completo en unas horas, podrían haberse quedado con todo... pero desconocían qué era hacer la guerra. Sí, nos habían estudiado y sabían lo que era, sabían que nosotros comenzaríamos una y que iríamos a su planeta con la intención de quedárnoslo... pobres, no hicieron nada. ¿Por qué no lo hicieron? Si lo hubieran hecho yo no estaría esperando al Comandante para dar la orden de ataque. Los miles de híbridos guerreros creados para la ocasión no estarían aguardando el sonido marcial de mi voz indicando el inicio de la fechoría... no me sentiría tan culpable...
Ya entran... el Poder llegará hasta aquí y pondrá su guante blanco encima de mi hombro derecho, indicándome que tengo su aprobación para cometer el mayor crimen de la humanidad. No abrirá la boca, nunca habla, al menos delante de mí, según dicen nunca lo hace, porque no quiere que se mueva ni un pelo de su pulcro bigote... dicen que su imagen es clavada a la de ese otro Poder de la antigüedad, a ese otro hombre que puso el mundo patas arriba... no lo sé, aquí no quedaron archivos fotográficos después de las Tres Guerras, todos los libros ardieron en una pira mundial, todos excepto los que yo guardo en mi sótano... espero que no me pillen... aunque qué más da, yo tengo el control, los híbridos sólo se detendrán ante mi voz, me tomé muchas molestias para que eso fuese así... de no ser por ese ligero detalle que se escapó incluso a los controles psíquicos de la Nueva Gestapo probablemente ya estaría muerto. El Poder quiere detentar el control sobre todo lo que acontece en este mundo... y lo tiene, todo excepto ése pequeño detalle. Me río de mi suerte. Yo, un viejo sin futuro, alguien que jamás verá con sus propios ojos el planeta de los Megas, soy el único capaz de organizar la invasión más importante de la historia. ¡Qué ironía! Yo, que siempre me consideré un vitalista, que fui incapaz de matar en la Guerra y que sólo sobreviví merced a la fortuna y a mis estudios de biología y clonación... yo, que pasé la mitad de la Guerra en las trincheras de África, disparando al aire y viendo cómo morían mis compañeros a mi alrededor... no maté a nadie... pero hoy llenaré mi existencia de pecados, nadie podrá reprocharme ya que no sea un hombre. Voy a comenzar la aniquilación de toda una raza y nadie puede impedírmelo, ni siquiera Él.

14 de marzo de 2008

Invasión 2

¡Vaya ¡ El comandante viene acompañado del Poder en persona... ¿estoy sudando? ¿Por qué temo a ese hombre si yo soy la única solución a este nuevo conflicto al que nos enfrentamos? Debería mostrarme arrogante y confiado ante él, demostrarle que soy un hombre capaz de manejar cualquier problema, que soy útil... ¿para qué me engaño si sé que no voy a demostrarle eso? Si aún no he sido enviado a las Fábricas es porque tengo esta inverosímil situación bajo control, lo sé... ya soy viejo para ellos –tengo más de cuarenta años-, así que no me llevarán al nuevo hogar de los hombres, me dejarán aquí para que muera con todos los millones de personas que dejarán atrás. No hay tantas naves... a lo sumo podrán llevarse hasta allí a unos pocos miles... tampoco creo que les interese llevar más, incluso el Poder ha aprendido el gasto que supone la guerra, es más fácil manejar sólo a unos pocos... creo que perdió en ella a toda su familia... aunque no me lo imagino preocupándose por una nimiedad así cuando lo que él busca es el bien mundial... o por lo menos su bien mundial...
¿Qué nos pasó? ¿Cuándo dejamos de ser hombres y nos convertimos en asesinos? ¿En lobos? Alguien dijo una vez que el hombre es un lobo para los hombres... no podía estar más de acuerdo con quien lo dijera... y son hombres como el Poder, el Comandante y yo mismo los que hacemos válida esa cita.
Pobres Megas, ellos vinieron a la Tierra a ofrecernos su ayuda incondicional, su apoyo ante nuestra penurias... fue todo un acontecimiento saber que no estábamos solos en el universo, que había otros mundos habitados, que había nuevas tierras que socavar con nuestro incansable apetito... nunca lo reconocerá, pero sé que desde el primer momento la Nueva Gestapo estuvo espiando a los Megas. Nuestro sistema de espionaje es excepcional, tanto que ni siquiera estos seres superiores se percataron de ello, ni siquiera su inteligencia superior, su talento innato y su tecnología pudo frenar nuestras ansias de conquista. He leído algunos libros de arqueología... los hombres siempre nos hemos comportado así cuando encontramos un nuevo mundo. Lo hicieron los españoles con América o los ingleses con Oceanía... lo hicieron los europeos con África... conquistamos, matamos y destruimos, nos apropiamos de lo que queremos y después nos vamos como si no fuera con nosotros, somos así.

10 de marzo de 2008

Invasión 1

En vista del éxito obtenido con "El hombre solidario", voy a repetir con Invasión, incluído en el recopilatorio Mente y Acero de Ciencia Ficción (aunque tendré que preguntar si se me permite publicarlo completo). Si estáis interesados en el libro, podéis entrar en la web Lulu.esp y clickear en el enlace que lleva hasta él, o en el Blog Desde el Puerto... de Josué Ramos.
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Invasión
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Ya está todo preparado, sólo falta que dé la orden de ataque... Dios perdóname por lo que estoy a punto de hacer, perdónanos a todos, creo que, al final, nos hemos vuelto completamente locos. Ya viene el comandante, puedo escuchar el eco de sus botas aceradas a través de la pasarela, casi puedo verle sonreír con su siniestros labios agrietados, puedo ver su mirada vacía, su odio hacia lo diferente. Cómo hemos cambiado los humanos... ¿o es que siempre hemos sido así? Destruimos nuestro mundo y, en vez de culparnos por ello, en vez de poner remedio o al menos intentarlo, buscamos todo tipo de explicaciones externas y culpables. Algunos culparon a Dios, otros a la Naturaleza, otros al Clima... yo siempre he sabido que los únicos culpables de nuestro mal somos nosotros mismos. Siempre he sabio que somos como un virus que corroe todo lo que toca y aun así lucho porque sobrevivamos a este desastre, de hecho yo soy el que buscó, encontró y aportó la única solución que nos quedaba... invadir un planeta, masacrar a sus habitantes y llevar allí a tantos humanos como podamos... aunque millones de ellos se quedarán aquí para morir lentamente como raza y como civilización... ¿por qué? ¿Por qué encontré esta solución? ¿Por qué informé de ella a mis superiores? Supongo que por la misma razón por la que los hombres solemos llevar a cabo las proezas más increíbles, por puro egoísmo y ambición...
Los hombres somos una raza con suerte, cualquier otra se habría extinguido sin remisión, dejando sólo la estela de su recuerdo en este mundo... o ni siquiera eso... pero no, nosotros tenemos suerte, siempre la suerte, que parece estar de nuestro lado siempre. Primero fue el agujero de la capa de ozono, que hizo que los polos se descongelaran y que el agua que albergaban anegaran la mitad de nuestras tierras, llevándose además a multitud de personas con ellas y provocando que la ausencia de víveres que nos había llevado a una de las tres Nuevas Guerras –como la llamaron los gobernantes al cabo de los años-, acabara de golpe. Después vino la lucha por el poder, todos los países, al menos los que aún existían, sufrieron retoques en sus fronteras... aunque el último de ellos fue el surgimiento de El Poder, una facción del antiguo partido nazi que había estado oculta durante años, nadie quería ser gobernado por ellos, pero demostraron ser los únicos con capacidad de reconducir la situación mundial... en unos pocos años se hicieron con el gobierno del mundo, diezmando la población con sus nuevas fábricas de muerte, en las que se acababa con todos aquellos que nos sobraban y que no aportaban nada a la humanidad... pero ni siquiera ellos eran tan competentes como lo fue la Gran Sequía, que amenazó con destruir incluso ése poder establecido. Los pueblos se alzaron en busca de agua y los hombres se mataron entre ellos, con una velocidad tal que muy pronto fuimos la mitad de la población. Fue un nuevo guiño de la Suerte, gracias a esta última gran guerra y a los millones que murieron de sed o inanición pudimos sobrevivir como raza en este mundo tan desgastado...

8 de marzo de 2008

Yo sí voy a votar ¿y tú?

Vale, ya sé que hace una semanas dije aquí mismo que no me gustaba la política y que no iba a hablar más de ella, pero en vista de la llegada inminente de las elecciones me reitero en mi elección de ir a votar pase lo que pase, máxime cuando unos cafres fascistas e idiotas como los de la ETA han irrumpido en campaña con la misma tenacidad de los idiotas, ésos que nunca se dan cuenta de que sobran de una fiesta o de una conversación. No tienen cabida aquí, así que, ¿por qué no se recluyen en una isla y nos dejan en paz a todos de una vez?
Bueno, que me ofusco -aunque no sea para menos- el caso es que mañana iré con Moisés a votar, para que se empape de esta Democracia que nos ampara -mal que les pese a los nostálgicos de otras cosas o a los que piensan más allá, en ideales imposibles-. Yo voy a votar y llevaré a mi hijo conmigo y si en el futuro tengo más hijos, también los llevaré conmigo a hacerlo. Porque espero y deseo que ellos siempre tengan el derecho y el deber de ir a votar, que no haya nadie que les diga nunca lo que tienen que hacer.

7 de marzo de 2008

El hombre solidario (y 12)

Al regresar a mi casa tras varios días en el hospital alegué una pequeña locura transitoria. Mi familia acabó por creerse mis mentiras y terminó perdonando mi estupidez. Quemé todas las cosas que había comprado en pos de una solidaridad en la que ya no quería creer, en la que ya no creía. Me borré de todas las asociaciones en las que estaba inscrito, anulé todos mis apadrinamientos... borré todo lo que recordara a mi conciencia, la encadené en un rincón y la relegué al olvido.
Como todos.
Con el dinero que antes ofrecía a los demás me compré un chalet en las afueras, empecé a salir con mis amigos otra vez e incluso ligué con la que después sería mi esposa. Me casé al cabo de los años. Me convertí en uno más, en alguien igual que todos los demás... sólo cuando dejé de creer que tenía algo llamado conciencia pude ser feliz de verdad.
Qué triste ¿no?

6 de marzo de 2008

El hombre solidario 11


Para todo el mundo resultó una sorpresa y un acontecimiento excepcional que un europeo arribara en la costa en un cayuco, abrazado a un pequeño negrito, acompañado de una muchedumbre de negros harapientos, negros procedentes de África, esclavos para sus minas, para sus modernas minas del siglo XXI.
Tardé en reaccionar, sólo lo hice en el momento en el que la policía municipal y los servicios sociales trataron de arrancarme al niño de mis brazos. Yo no quería soltarlo, aquel niño significaba esperanza, significaba que aún había algo por lo que luchar... tras un infructuoso forcejeo consiguieron arrebatármelo y me echaron una manta por encima...
Alguien vino y me dio una taza de café caliente. Recuerdo que temblaba sin control, casi no recuerdo más de aquella noche, sólo que mi conciencia gritaba como loca. Alguien más se acercó y me dijo algo triste con palabras aún más tristes.
Mi conciencia, siempre mi conciencia.
Alguien dijo algo...
El niño había muerto hacía sólo unas horas y yo ni me había dado cuenta.
Había estado tan cerca...
Ese pequeño golpeó y mató a mi conciencia...
Nunca volví a hacerla caso.

5 de marzo de 2008

El hombre solidario 10

Después ya no sentí gran cosa. Perdí por completo la noción del tiempo y la misma cordura. No sé cuánto tiempo estuve así, perdido en las brumas de mi mente, con mi conciencia deambulando en busca de una meta que nunca iba a alcanzar... sé que estuvimos muchos días a la deriva, sin rumbo ni sentido, nuestra propia existencia parecía una meta imposible... pero fui devuelto a la vida. El niño aferrado al regazo de su madre me cogió de la mano y me apretó con fuerza, regresándome a la aciaga realidad. ¿Por qué no me olvidó sin más? ¿Por qué no me dejó que yo olvidara?
Quise devolverle el gesto con una sonrisa y noté la sangre recorriendo mi barbilla rasposa. El sol, el viento, el salitre y la humedad habían acartonado mi cara y mis labios, me habían producido multitud de quemaduras, cortes y llagas. Tenía la garganta pegada por la sed y apenas fui capaz de abrir los ojos cerrados a la fuerza por pegajosas legañas... sin embargo yo quería ofrecerle algo a aquel muchacho... lo miré con un amor que no había sentido hasta ese momento por ninguna persona... y que nunca podré sentir por nadie, pues todo mi amor se gastó en aquel breve lapso. Los ojos del pequeño me mostraron el camino de regreso de la locura.
Noté que su madre apoyaba su cabeza sobre mi hombro... sentí el helor del frío. Antes de saber qué pasaba... supe sin el menor atisbo de duda que aquella mujer engrosaría también la lista de seres anónimos enterrados en el mar.
Sin saber ya cómo llorar esa nueva muerte, de dónde extraer las lágrimas, cogí al pequeño en brazos, arrancándolo de las manos inertes de su madre, alejándolo de la muerte. Después empujé despacio el castigado cuerpo de la mujer, deslizando despacio mis dedos por su piel, con cariño. Con el último atisbo de energía que me quedaba lancé el cuerpo de ésta por encima de la borda.
Alguien gritó con una voz muy débil pero extrañamente ansiosa. Levanté la mirada, aun a riesgo de romperme el cuello acalambrado o caer al mar y la vi, la costa, habíamos alcanzado la costa española.
La marea nos arrastró hasta la entrada a una playa, tuvimos suerte, pues nos podría haber lanzado hacia los arrecifes o habernos hecho naufragar... al llegar a la costa nos estaban esperando la Guardia Civil y la Cruz Roja...

4 de marzo de 2008

El hombre solidario 9

Te confesaré ya que me estás escuchando, que mi conciencia empezó a abandonarme en ese mismo momento, cuando me percaté de que estaba fuera de lugar... aunque aún pasaría algo más que acabaría por ahuyentarla del todo, por matarla.
Dentro de lo inhabitual que resulta pasar una noche en un cayuco en mar abierto, rodeado de personas que sólo ansían pisar tierra firme, la primera de las que pasé en aquella frágil embarcación transcurrió sin más problemas de los consabidos, los hubo incluso que se atrevieron a dormir. Yo no. De todos modos el frío comenzó ya a ser demasiado intenso y pasó factura a esas gentes tan poco acostumbradas a temperaturas bajo cero, algunos de los niños más pequeños lloraron y pidieron algo que llevarse a la boca. Mi último reducto civilizado, una chocolatina que me había dado Omar a modo de despedida, acabó en el estómago contraído del pequeño abrazado a su madre.
Pero todo fue de mal en peor a medida que transcurrían las horas... los días. Cuando alcanzamos el cuarto mediodía sin ver tierra, el mar estaba enrabietado con nosotros, era como si le molestase nuestra presencia allí, las olas nos zarandeaban de un lado a otro sin mesura y estuvimos a punto de irnos a pique en más de una ocasión. Algunos hombres nos dedicamos a vaciar las aguas que amenazaban con hundirnos con la simple ayuda de los cuencos formados por nuestras manos encallecidas. Fue agotador. Nunca olvidaré aquel día... tuve que ayudar a tirar por la borda al primer hombre cuya voluntad no fue capaz de resistir el pulso al mar. En días posteriores, en aquellos momentos en los que el mar decidía otorgarnos un leve respiro, entregamos al Mediterráneo a doce o catorce hombres más, perdí la cuenta... antes de comenzar a navegar todos parecían robustos, sanos... lo peor de aquel acto cotidiano de arrojar un cuerpo inerte por la borda fue el momento en el que me tocó tirar al agua a un niño de unos doce años... su cuerpo apenas tenía consistencia, no pesaba... fue una experiencia desagradable, traumática, difícil de contar... pocas personas serán capaces de enumerar los sentimientos que experimenté en aquel instante, fue uno de los peores momentos de mi vida. No, fue el peor. No le deseo a nadie el tener que pasar por un trago semejante.

1 de marzo de 2008

El hombre solidario 8

La barca era más pequeña de lo que nadie podía imaginarse, creo que nos embarcamos unos setenta. Sabía que otra pequeña embarcación había partido junto a la nuestra con los otros treinta emigrantes ilegales. Ilegal, que apelativo más feo para designar a una persona. Junto a mí iba una mujer que llevaba un pequeño de unos dos años en sus brazos. En medio de la noche, en medio del oleaje del Mediterráneo desatado, vi la esperanza en los ojos de aquella mujer. Yo era un punto negro en aquel mar blanco de esperanzas de futuro, de sueños, de anhelos... yo era un estorbo allí, ahora lo sé. Pero, puedo jurar que al mirar al niño que Ella llevaba en sus brazos, al verle sonreírme, vi la ilusión reunida de toda África, de todos los desamparados, de todos los pobres y necesitados del mundo.
Aquella primera noche fue durísima. Nadie miraba a nadie directamente, todos éramos iguales allí, olvidé el color de mi piel, mis ideales, mis ganas de ayudar, olvidé incluso mi conciencia al saber que había junto a mí sesenta y nueve almas rivales que competirían por sobrevivir llegado el momento, que no dudarían, pues en ellos estaban depositadas todas las esperanzas de los suyos. Yo no gozaba de aquella ayuda extra, de aquella protección. Yo sólo era un blanco estúpido en aquella diana negra como el carbón, como el dolor, como la codicia...
Se olía el miedo como se huele el orín en las esquinas. Cuando una ola más fuerte de lo común zarandeó el cayuco de forma alarmante pude oler mi propio miedo caldeando mi entrepierna. Intenté entablar una conversación con alguno de aquellos compañeros de miedo y travesía, de terror y anhelos, de ilusión... como era de esperar nadie respondió a mi invitación, y aun así pude sentir su solidaridad para conmigo. Aquel silencio compartido por setenta almas aterrorizadas fue el bastón en el que todos nos apoyamos para aguantar cuerdos aquellas primeras horas de agonía.
La verdad era que yo allí era un extraño, un intruso. Puede que sus procedencias fuesen remotas entre sí, que llegasen de distintos países o pertenecieran a etnias diferentes, que no pudieran compartir una conversación... pero eran compatriotas de la penuria, de la necesidad extrema... sí, yo era el único extranjero real y no porque fuese de un color distinto, mi diferencia con ellos era mucho más profunda que la pigmentación de mi piel, allí yo era el único que no estaba por necesidad.