#MalditaGuerra

Porque la Guerra es una mierda, se mire como se mire

"La gran aventura de Sir Wilfredo - El asedio de las sombras"

Una novela para disfrutar de las princesas y de los caballeros.

Microrrelatos en 3 Capítulos

Disfruta de más de cien historias cortas

La importancia de las librerías

Artículo publicado en Diábolo Magazine

25 de abril de 2008

Escribir

Creo que se puede escribir casi sobre cualquier cosa, aunque hay algunos asuntos de la vida sobre los que no creo que escriba nunca, aunque termine teniendo que dedicarme a esto... al menos sobre algunas cosas no escribiré nunca por gusto. Otra historia es que tenga que hacerlo a través de un artículo o noticia... o que mi alter ego particular precise hablar de algo para criticarlo. No me pondré aquí a enumerar sobre qué escribiré o qué no, sobre todo porque es más que probable que me deje algo olvidado o incluya en la lista prohibida cosas de las que después me apetezca escribir.
Escribir es como ir de copas, puede que estés acostumbrado a un whisky con Coca Cola o a cualquier otro tipo de combinado, pero llega una noche cualquiera y ves que te apetece una cosa diferente... quizás un vodka... de una marca especial, y precisamente ése, no puede ser otro. Da igual que estés abonado al JB o que cualquier otra bebida te siente realmente mal, esa noche en particular te apetece un Eristoff. Y por más que creas que puede ser perjudicial para ti o para tu vida, sabes que ya no podrás vivir tranquilo si, por lo menos, esa noche te has bebido la bebida que te apetecía desde hace tanto tiempo.
Puede que sea sólo por transgredir las normas o puede que sea que en verdad te sienta bien cambiar el sabor y el color de tu bebida por una vez, la textura de lo que estás tomando, el cuerpo... no lo sé. Quizás después de haber probado esa bebida nueva y extraña, casi exótica, sientas que nunca deberías haberla tomado, pero creo que no sería demasiado perjudicial probar gustos nuevos de vez en cuando...
La literatura es igual, a mí me encanta escribir sobre asuntos fantásticos, sin embargo decidí probar con algo nuevo para variar, una novela con ciertas dosis de historia... y mira, resulta que es lo mejor que he escrito hasta hoy.
Puede que, de tanto en tanto, sea bueno para nosotros cambiar. No lo sé. Cuerpo, bebida, textura, versos, labios, temas, una mirada, un sabor... una piel, quizás si cambiásemos más deprisa, más a menudo, todo sería un poco más agradable.

24 de abril de 2008

Boom!

Hoy he escuchado que comienza a haber restricciones alimenticias en Estados Unidos, una serie de grandes almacenes han decidido restringir la venta de alimentos debido a la fuerte subida de precios y a la alarma de escasez que amenaza a todo el planeta... y no puedo más que sentirme realmente intranquilo.
Siempre he pensado que este mundo estaba en orden, cada nación se mantendría inamovible y cada país estaba fijado para siempre. No obstante esa percepción va cambiando. Por alguna razón que desconozco (a lo mejor es por leer tanta historia) empiezo a pensar que todo el mundo puede dar un vuelco en cualquier momento.
Sí, cada vez tengo más claro que esto tiene que estallar por algún sitio, si no es por culpa de la gasolina será por el agua y si no por la comida... o por un desastre nuclear... dios no lo quiera. El caso es que cada día que pasa tengo más claro, para mí es más evidente que esto tiene que terminar reventando, que los países ya no están tan aislados como lo estaban antes y todos sabemos cómo se vive a unos kilómetros de nuestras fronteras.
No sé cuántos años quedará para eso, no sé si lo veré, pero creo que las naciones dejarán de existir como tales y el gran imperio americano desaparecerá sin dejar rastro.
Aunque créeme, estoy muy ilusionado con equivocarme.

23 de abril de 2008

Mociones de censura

Veo en la tele muchas imágenes de protesta que vienen desde integrantes de ETA, me da igual que pertenezcan o no a un partido legal o ilegal, me da igual que hayan sido votados por el pueblo, me da igual que se hayan ganado en las urnas el derecho a estar en los ayuntamientos... simplemente me dan asco, me inspiran repulsa y mala leche. Les veo con sus cínicas sonrisas, llamando fascistas a los demócratas y a las gentes de bien... y por un momento, aunque sólo sea por un segundo, entiendo a todos aquellos que defienden la pena de muerte y la ausencia de una democracia real.
Me gusta la democracia, nací con ella y, aunque sé que es la menos mala de las opciones conocidas, es mucho mejor que cualquier otro régimen político. Sin embargo, veo a gentes como los de ANV siendo alcaldes de pueblos en el País Vasco y siento que hay algo en la democracia que no funciona. ¿Cómo pueden ser gobernantes tipos que no respetan la libertad? ¿Cómo pueden pertenecer a esto personas que actúan como el peor de los fascistas?
Puede que yo no sea demasiado inteligente o que no me llegue con las escasas neuronas que contiene mi cerebro, pero no comprendo cómo personas que defienden a asesinos pueden llegar a ser los gobernantes de una democracia.
Simplemente no lo entiendo.

12 de abril de 2008

Los tacos también están en el diccionario

Hace unos meses gané un concurso de cuento, sí, aunque parezca mentira, hubo un jurado al que le pareció que mi cuento era el mejor entre casi una treintena de trabajos, una suerte y un orgullo para mí. Aunque no es de eso de lo que quiero hablaros en esta entrada, es de otra cosa relacionada que me ha hecho recordar a mi primer año de instituto, cuando aún vivía en Leganés y cursaba estudios en el IB III o lo que es lo mismo en el Instituto de Bachillerato Butarque 3, el que estaba al lado del cementerio (o más bien del tanatorio, el cementerio quedaba un poco más lejos, aunque se veía desde algunas clases y al que nos acercamos en alguna ocasión por curiosidad).
Lo que me hizo recordar aquellos tiempos fue la cantidad de tacos que incluí en el texto, sí, el cuento llevaba un buen número de palabras malsonantes, aunque claro, son palabras que también están en el diccionario coño, aunque el corrector de Windows se empeñe en marcarlas como puñeteras faltas de ortografía.
Aquel año nuestra profesora de Lengua y Literatura nos mandó la lectura obligada para el primer trimestre de El guardián entre el centeno, hoy no recuerdo mucho de aquel libro (que quiero releer, por cierto), salvo que en él encontré varios tacos y muchas referencias violentas y sexuales, algo que para mí no correspondía con una novela, acostumbrado como estaba a los libros infantiles o con la reciente referencia de mi libro favorito, la Endiana Historia Interminable. Bien, a lo que vamos, que me voy por las ramas como siempre, Esa misma profesora... o puede ser que fuese el de ética, al que no recuerdo nada bien, sí, creo que fue el de ética, nos mandó como tarea la escritura de un relato corto. ¡A saber lo que escribí! Nunca me acordaré de aquel texto. El que sí que recuerdo, aunque la historia tampoco la recordaré jamás, es el que hizo mi compañera Laura, uno que tuvo que repetir y corregir (he de decir, que si me hubiese pillado la misma situación cuatro años después, Laura habría entregado su trabajo tal cual, ya me habría encargado yo de ello, aunque ahí me pilló demasiado pardillo)...
Pero empecemos por el principio ¿no? Laura era una chica que había ido a mi mismo colegio, aunque a una clase colindante (ella había sido de la B desde los cinco años y yo siempre había sido de la A en el cole), en el instituto coincidimos y fue una suerte, porque Laura estaba buenísima. Sí, era una chica de estatura media y muy bien formada, tenia una carita redonda y repleta de traviesas pecas, con unos carrillos que invitaban a la caricia y unos ojos del color de la miel que conjuntaban a la perfección con su cabello castaño recogido habitualmente en una cola de caballo. Bueno, no os daré demasiados detalles más, pero con Laura fue con una de las primeras con las que tuve pensamientos privados poco honestos... Laura también era una chica muy inteligente y estudiosa, seguro que estudió una carrera, que pena no poder volver a saber de ella, ya lo dijo Ana Belén cuando nos despedimos en la puerta del colegio en octavo de EGB mientras lloraba y yo me reía de ella por llorar “una vez que acabe el colegio no volveremos a vernos más”, qué razón tenía, no he vuelto a ver a nadie de entonces, ni a Roberto, ni a Paco, Borja, Yolanda, Susana, Joaquín Gómez (con el que hice el peor trabajo sobre Inglaterra que nunca hizo nadie), Paulino, mi buen amigo Paulino, con el que también coincidí en el insti ¿qué habrá sido de él?
Al caso, que me vuelvo a enrollar, qué serán los recuerdos que nos hacen divagar más y más según los desgranas... Laura, supongo que movida por la inercia de las fechas, hizo un texto en contra de la Guerra del Golfo (para los más jóvenes de mis lectores les diré que fue la primera guerra que Estados Unidos le declaró a Sadam Hussein, o lo que es lo mismo la guerra de Papá Bush contra los moros malos, esa que hace poco decidió continuar su hijo), creo que el texto era cojonudo, pero la influencia de El guardián entre el centeno hizo que poblara su discurso con algún que otro taco... eso propició que el profesor rechazara su texto y la obligara a cambiarlo para no suspenderla. Al principio Laura se quejó y se negó en redondo, aceptando su castigo con valentía. No estoy muy seguro, pero creo que fui uno de los que la aconsejó cambiar los tacos por sinónimos menos sonoros, hoy estoy convencido de que habría apoyado a Laura hasta el propio suspenso, es más, habría poblado mi texto de tacos en solidaridad con ella. Pero el profesor ganó la batalla y Laura cambió las palabras para no suspender...
Hace unos meses me dieron un premio por un texto repleto de tacos y no pude evitar acordarme de Laura y su texto corregio, aunque no volvamos a vernos jamás y no volvamos a saber nunca el uno del otro, quiero dedicar todos y cada uno de esos tacos premiados a Laura, a la chica de primero de BUP del IB III Butarque de Leganés que se atrevió por unos días a desafiar a un profesor por sus ideas.

Invasión (6 y último)

Y después... después yo tendría todo el poder, yo sería el nuevo Poder... formaría un partido nuevo y masacraría a todos estos asesinos... sólo los miembros de la Resistencia, sólo aquellos que demostraran su lealtad al bien y se tornaran a las ideas dictadas por mí serían salvados y elegidos... los otros... irían a las Fábricas. Sí, las Fábricas son útiles... somos demasiados... deberíamos de quedar vivos sólo unos pocos miles de humanos, el resto debería perecer para salvaguardar el bien común...
¿Por qué no?
¿Por qué no convertirme yo en el Poder?
Al dar la voz de ataque ni yo mismo sé qué es lo que digo, no sé si dicto la sentencia de muerte para los Megas o si por el contrario estoy dando un golpe de estado... el ataque de los psíquicos me muestra mi opción... la Nueva Gestapo no es tan poco eficaz como yo creía... no me dejaron todo el control... ¡claro! ¿Cómo iban a hacerlo? Soy un necio, un estúpido...
Lo último que veo antes de sentir el dolor es a ese asqueroso sobre mi consola de control, sobre mi poder, sobre mi creación... y le veo mover el detestable bigote repeinado y recortado, le veo sonreír enseñando sus dientes amarillentos... todo está perdido, los Megas serán incapaces de defenderse de los híbridos... y lo más inquietante... ellos, el Poder y sus aliados controlan todo.
Ahora sí lo hacen.

Orgullo de Barrio

Nací en Madrid capital, pero antes de tener conciencia de mi propia existencia fui instalado cómodamente en Leganés, un pueblecito de la periferia, que al crecer se convirtió en lo que se llama una ciudad dormitorio. Allí pasé la mayor parte de mi infancia y el inicio de la adolescencia, hasta los quince años para ser más concretos. Recuerdo ahora, como si estuviera a punto de salir corriendo a la plaza con mi bocadillo de nocilla, de “foagrás” o de sardinas con tomate, esas tardes junto a los amigos del barrio, aquellos con los que te pasabas media vida jugando y la otra media pegándote o haciendo trastadas. Recuerdo el bote botero, el escondite, la bruja... y, cómo no, los eternos partidos de fútbol que jugábamos en plena calle, cuando aún se podía jugar en la calle... cuando dos chaquetas o dos mochilas eran todo lo que se necesitaba para tener una portería, cuando se pedían los equipos a dedo y cuando, si el balón iba algo más alto de lo normal, podías discutir si había sido alta o no... qué malo era, no es que ahora sea mucho mejor, pero entonces era mucho peor, seguro.
No podré olvidar nunca los campeonatos de chapas que organizábamos y en los que nos jugábamos cromos y cosas por el estilo, tampoco los goles de Amavisca y Zamorano vistos desde la ventana del pub de la esquina... hay tantas cosas que me hacen recordar aquellos días. Si me pongo, estoy seguro de que podría enumerar a buena parte de mis compañeros de gamberradas, aquellos con los que, o bien me pegaba o bien me pasaba horas y horas jugando a lo que fuera... pero si hay una cosa que recuerdo bien de aquellos primeros años de mi vida son los partidos del Lega.
No sé a cuantos fui con mi padre, sí, siempre iba con mi padre. A veces también nos acompañaba mi hermano o Ramón o cualquiera que nos encontrásemos en el viejo campo situado en pleno centro del pueblo, más allá del manicomio, donde, a veces, veías asomado a algún interno a través de los grandes ventanales enrejados. Mi tío Miguel sí iba mucho, siempre vestido de manera elegante, solíamos encontrarnos con él en el descanso, en el bar de detrás de las gradas, donde nos tomábamos un caldito o un bote, según la época del año. Fue en un partido del Leganés en el que aprendí de verdad el significado de la palabra deportividad, os cuento: estaba detrás de la portería del portero contrario, gritando para intentar ponerle nervioso y no me pude contener, cogí un bote vacío de Coca Cola (o de cerveza) y se lo tiré como lo había visto hacer en la tele. Pocas veces me he llevado una bronca tan grande como la que me llevé por aquel gesto... cuando yo creía que me iban a felicitar por atacar al contrario. Recuerdo en particular los partidos del Trofeo Virgen de Butarque, muchos contra el Getafe, el eterno rival... uno contra el Málaga de copa del rey y un sin fin más...
Hacía mucho tiempo que no pensaba en esas cosas, pero ayer me vinieron junto a otros muchos recuerdos agolpados mientras veía el excelente encuentro disputado por el Geta ante el Bayern de Munich, me hizo recordar que, aunque hace muchos años que ya no estoy allí, aunque la vida me haya hecho dar un par de vueltas y ya sea un señor casado y con un niño, hace muy poco que fui un chico de barrio más. Ayer fuimos más de nueve millones de personas (con picos de audiencia de once millones) los que recordamos nuestra infancia en el barrio, jugando en las centenares de plazas de nuestros pueblos o ciudades, espectaculares partidos de fútbol, deseando convertirnos en las estrellas del momento, jugando a las chapas, a las canicas o con nuestras peonzas de madera. Sí, España está formada por chicos de barrio de todos los tipos, fue en el momento en el que algunos dejaron de serlo cuando empezó a irnos algo peor, cuando los niños empezaron a sufrir sobrepeso y problemas semejantes.
Hoy he estado en Madrid por asuntos privados y he paseado por una gran plaza adoquinada, un espacio excelente para jugar un buen partido de fútbol, pero hoy no había niños jugando ahí, un enorme cartel situado en la fachada de uno de los bloques de pisos advertía de que allí estaba prohibido jugar al fútbol... qué pena. Parece que ahora todo el juego, todo el deporte tiene que estar condicionado por unas reglas, por unos precios... con lo bien que lo pasábamos poniéndolas nosotros, jugándonos a pares o nones quién sacaba, cuando esperábamos que bajara el vecino del quinto porque era el único que tenía un balón... hoy todos los niños tienen un balón en casa, pero son muy pocos los que se pasan toda una tarde maltratándolo junto a sus amigos en la plaza o en el callejón de su barrio...
¿Y cuándo te juntabas con los de tu calle o plaza para competir con los de otra? ¡Una pasada! Saltaban chispas y eran los instantes en los que hacías gala de la pasión por defender el honor de tu barrio, de tu gente.
Ayer el Getafe me hizo revivir una parte de mi vida que guardo en un rinconcito, sí, me hizo recordar que soy sólo un tipo de barrio, una persona normal y corriente, alguien que no quiere aspirar a mucho más. Alguien que, después de ver cómo un equipo de pueblo estuvo a veinte segundos de doblegar a todo un campeón de Europa de manera magistral, ha aprendido que todos podemos alcanzar nuestros sueños, por imposibles que parezcan, por lejos que estén y sin perder nuestra identidad.
He escuchado en la radio esta mañana cómo Alfredo Duro, periodista de Onda Madrid y antiguo director técnico del Getafe, se quejaba amargamente de la derrota de ayer, alegando que dentro de un tiempo nadie recordará la gesta del equipo madrileño. No sé si dentro de unos años recordaré este soberbio partido de los azulones, sólo sé que, gracias a ellos he recordado parte de mi infancia, y que gracias a su entrega he recordado lo que es tener orgullo de barrio.
Gracias al Getafe por devolverme esos recuerdos y gracias por no perder la identidad que hace que sea, por el momento, el mejor de todos los equipos de barrio, por mal que le pese a un viejo pepinero venido a menos.

8 de abril de 2008

Ya sabía yo...

Sí, ya sabía que tener demasiados blogs podría resultar un poco complicado, pero estos días he decidido que voy a entrar en ellos algo más, que los tengo demasiado abandonados. El caso es que me encanta tenerlos ahí, para que cualquiera los pueda ver y leer, y sí, tengo visitas, pero como nadie comenta llega a cansarte escribir sin resultado... aun así voy a seguir en ello con todas mis ganas. Sobre todo dentro de unos días (ya será un mes), por fin van a ponerme Internet en casa. procuraré no viciarme mucho con esto, pero al menos intentaré poner algún pensamiento o cuento cada día. Esto de los blogs es un entrenamiento muy bueno para escribir. Yo al menos así los tengo, como entrenadores. Un saludo.

1 de abril de 2008

Invasión 5

Ya está, la mano del Poder en mi hombro, el sobresalto me recorre la espina dorsal como un Gusano Mental, esos que usan los policías para sonsacar información a los presuntos culpables... después de eso todos confiesan... no puedo imaginar cuánto dolor deben provocar esas lombrices metálicas... el Poder tiene una obsesión, algo que va más allá de la supervivencia o control de la humanidad: encontrar a los últimos resistentes... la Resistencia, pobres, ellos también se quedarán en la Tierra... aunque los pocos que he conocido estoy seguro que preferirían morir a masacrar un planeta entero, ¿o no? También son humanos... creo que la maldad es una necesidad innata en los hombres. De otro modo nada tendría ninguna lógica...
Puedo sentir su nerviosismo. Sabe cada uno de mis pensamientos, conoce el odio que siento por él y el estremecimiento que me provoca... y aun así se muestra cercano, casi podría decir que meloso... sabe que yo tengo el control, no él. Lástima, si tuviera el valor suficiente le diría lo que siento y les mandaría a todos al infierno en el que merecen estar... dictaría la orden de regreso a los híbridos y les ordenaría atacar la Tierra... serían pocos los supervivientes, pero estoy seguro de que los hombres podrían sobrevivir a los híbridos... los humanos son unos asesinos tan capaces y violentos como mis criaturas... ¿por qué no?
Me encantaría ver la cara que pondría este imbécil, me encantaría escucharle hablar, ver cómo se estremece su bigote... quizás se lo arrancara de cuajo, sí, no podrían hacerme nada pues sólo yo tengo poder sobre mis pequeños asesinos de garras de acero y esqueleto inquebrantable... ¿qué te parecería? Sería una venganza estupenda, un divertimento...