#MalditaGuerra

Porque la Guerra es una mierda, se mire como se mire

"La gran aventura de Sir Wilfredo - El asedio de las sombras"

Una novela para disfrutar de las princesas y de los caballeros.

Microrrelatos en 3 Capítulos

Disfruta de más de cien historias cortas

La importancia de las librerías

Artículo publicado en Diábolo Magazine

31 de mayo de 2008

El Buscador de Colores 2

Alarmado, Lik descorrió todas las cortinas de todas las ventanas de su choza, pensando que la ausencia de luz o su reciente despertar le hacía ver todo en blanco y negro, pero al cabo de un rato restregándose los ojos, la luz del sol aparecía demasiado apagada y él seguía sin ver ningún tipo de color, todo parecía gris. El muchacho se acercó a un espejo para verse a sí mismo y se vio como veía el resto de las cosas, blanco y negro. Después se miró una mano y la vio como siempre la había visto, en colores.
Aquello era algo de lo más extraño y Lik pensó que algo grave ocurría en su aldea, pensó en ir hasta donde su padre araba para contarle aquel suceso tan extraño, pero pronto desechó esa primera idea, el campo en el que su padre trabajaba estaba a varios kilómetros de la aldea y quizás se perdiese por el camino, ya que nunca había ido hasta allí él solo. Así que decidió acercarse a la casa de Pomek, el chamán de la tribu, al que los niños llamaban Ologa-mirei, el Cuentacuentos.
Cuando Lik salió al exterior y cerró tras de sí la delgada puerta de mimbre, se dio cuenta de cuan grave era la situación, todo el pueblo era invadido por los blancos, los negros y los grises, nada, ni siquiera sus vecinos escapaban a aquella extraña maldición, solo él era de color.
El niño habló con cuantas personas se encontró de camino a la choza de Pomek, el Cuentacuentos de la aldea, el más sabio de los ancianos de la tribu y ninguna pareció dar muestras de recordar que una vez había habido algo llamado colores, todos hablaban de los grises como la situación natural del mundo y miraron a Lik como si de un loco se tratase, el niño estaba más asustado a cada segundo que pasaba y aceleró el paso todo cuanto pudo, consciente de que aquello era realmente preocupante…

30 de mayo de 2008

El Buscador de Colores

Lik se despertó sobresaltado al escuchar el amortiguado crujir de una puerta al cerrarse, su padre se marchaba a trabajar en el campo, del mismo modo que lo hacía todos los días; a veces Lik lo acompañaba, los pequeños callos incipientes de sus suaves manos así lo atestiguaban, pero ese día su padre había resuelto dejarlo dormir y Lik decidió que se dedicaría a pasear junto al estanque con sus amigos. Aunque a juzgar por el aire que se colaba por el ventanuco de su choza y que silbaba armonioso a través del orificio abierto en la pared de adobe, esa mañana sería demasiado fresca para ser verano y no podrían bañarse en sus aguas calmosas.
Lik se encogió bajo la suave sábana de esponjoso algodón que lo envolvía y se acurrucó en su mullido colchón de plumas dispuesto a dejarse atrapar por el apacible arrullar del sueño una vez más, no tenía excesiva prisa por levantarse esa mañana.
Sin embargo, el primer rayo de sol diurno no estaba dispuesto a alumbrar la tierra para nada y se coló por entre las cortinas que bailaban al son del viento y fue a irradiar travieso sobre su rostro oscuro y curtido por el sol de la sabana. Lik frunció el ceño, ligeramente molesto por la bienvenida al nuevo día que le dispensaba el astro rey del cielo, el sol. Apenas tardó un segundo en abrir los ojos y levantarse de un ágil salto de su cómoda camita.
Nada más hacerlo, cayó en la cuenta de que algo iba mal.
La luz que penetraba por su ventana apenas iluminaba la estancia pues se trataba de una luz mortecina y gris nada parecida a la habitual energía con la que lucía el sol. Es más, una mirada más detenida le indicó que nada de lo que veía parecía ser como antes de acostarse la noche anterior y tuvo que pensar largo tiempo antes de percatarse de que nada presentaba su color habitual.
Todo era gris o blanco.

29 de mayo de 2008

Libradme de los admiradores repentinos

No soy un tío que despierte demasiadas antipatías, hace años hasta me llamaron en alguna ocasión el risitas, porque siempre me reía ante todo (eso se me ha curado con los años), aunque soy consciente de que cuando lo hago consigo crearme unos enemigos que ya querría para é cualquier héroe del celuloide. Tampoco soy de los que son demasiado admirados y no me gusta sentirme demasiado bien visto por los demás. A ver si me explico... soy escritor, o pretendo serlo, y eso significa que tengo una vanidad fuera de lo común y unas ganas de agradar extremas (aunque deba de ser a base de cosas que me satisfagan a mi mismo), pero cuando siento que alguien siente una admiración demasiado evidente hacia mi persona o hacia mi obra, procuro retirarme prudentemente.
Sí, ya lo hacía en el instituto, como aquella vez (no es que me haya sucedido demasiadas veces ni que yo estuviera para desaprovechar situaciones) en Leganés, cuando en clase de música, mientras sonaba el Bolero de Ravel, unas chicas de mi clase empezaron a sonreírme y a avisarme de que una de ellas quería algo conmigo... ¿sabéis lo que hice? Reírme de ellas, decir que le buscaran a uno algo más guapo y pasar del asunto... ay, qué tonto, y el caso es que la chica era la mar de mona (por lo menos lo que puede parecérselo a un chaval regordete de 13 años). No, en serio, era muy guapa y yo me sentí tan inferior que decidí hacerme el sueco.
Bueno, como os he dicho no me ha pasado muchas más veces cosas parecidas, pero sí me ocurrió algo muy curioso hace unos años. Soy entrenador de fútbol sala de chavales y una de las madres de dos niños nuevos comenzó a enviarme correos electrónicos en los que me decía que sus hijos querían ser como yo de mayor, que era un tío genial... ¡sape! -pensé- y respondí con mi propio mensaje en el que la dije a esa señora que yo sólo era un tío normal, que no era nada extraordinario... y la cagué, a partir de ahí me fragué mi Drácula particular (pensando en mi como en val Helsing), esa señora ahora critica todo lo que hago, cualquier cosa.
Y es que yo prefiero pasar desapercibido... bueno en realidad no, pero esa es otra de mis contradicciones naturales. El caso es que no me gustan esas personas a las que parezco gustarles tanto de golpe, porque sé, que con la misma celeridad, comenzaré a resultarles un estorbo o un ente criticable.

24 de mayo de 2008

Amén

Acabo de ver por segunda vez el final de “Amén”, una película más sobre la Segunda Guerra Mundial... ¿una película más? No, me atrevería a decir que es una de las más crudas de todas las que he visto hasta ahora. En su sencillez resulta totalmente estremecedora, gris.

Creo que ya hablé de ella aquí, en el blog, pero mientras veía de nuevo los retos de una sotana vacía de un cura católico capaz de pegarse la Estrella de David en el pecho y colarse en un tren de “ganado humano” al que no estaba destinado se me hacía irreal, casi ficticia. Me parecía una mentira más grande que esa que nos regala la última película de Indiana Jones, donde su protagonista escapa de una explosión nuclear al meterse en una nevera... No puedo creer que alguien capaz de librarse del castigo que se había auto impuesto, pero del que podía escapar sólo con decirlo, decidiera morir gaseado junto a personas de una creencia diferente a la suya, por el mero hecho de intentar comprender el por qué Dios, sí, con mayúsculas, Él; por qué, digo, permitía tales atrocidades.

Ya estaba preparado para esas imágenes constantes de trenes llegando llenos y marchándose vacíos, repletos sólo de acciones perversas y muertes gratuitas, pero aun así me he vuelto a entristecer de una forma escandalosa y he sentido un escalofrío al ver los ojos vacíos, dirigidos al infinito cielo, de una madre abrazada a su bebé con fuerza, aferrándose a su pequeño cuerpecito en un último remedo de esperanza ante el terror representado por el acecho de lo desconocido, de las alambradas y los muros de piedra o madera, por la certeza de una cárcel asesina. He sentido un angustioso rabiar al escuchar el murmullo de otro de los viajeros del mugriento tren, su susurro que anunciaba que el bebé estaba muerto. Pienso en Moisés y no sé qué haría en una situación así, por primera vez me puse en la piel de un padre sin futuro y ya sin esperanza...

El otro día decidí escribir otro libro que hable de esa guerra vergonzosa que nadie debería olvidar jamás y mi amigo José me preguntó que por qué iba a escribir otro libro semejante al de Hans... no supe qué contestar, sin embargo ahora lo sé, lo he recordado, si físicamente dispusiera de tiempo dedicaría un libro a cada víctima de aquella guerra y después pasaría por el resto de las mismas, pues me consta (aunque por fortuna para mí no lo he vivido) que en todas ellas hay imágenes y hechos tan cruentos o más que en aquélla.

Creo que cualquier homenaje es escaso cuando se trata de una víctima o un héroe verdadero de cualquier guerra. Si me preguntáis qué es un héroe verdadero os diré que, para mí, es todo aquel que consigue que haya, al menos, una víctima más en cualquier conflicto armado.

23 de mayo de 2008

Entrevista en radio Morata

¡Quién me lo iba a decir a mí!


Nunca había pensado en ir a un programa de radio, bueno, miento, siempre había pensado ¿qué diría en un programa de radio? ¿En una entrevista? Y os diré una cosa, nunca dices nada que hayas preparado de antemano, al menos yo. Todo el tiempo que pasé hablando lo hice de manera expontánea, según salía. Sí, y creo que ahí estuvo el éxito de la entrevista, aparte de que me lo pasé genial haciéndola. Como no era una entrevista al uso, sino que me sentía como si estuviese conversando con un amigo o un colega (es lo que tiene conocer al presentador), todo fue como la seda.
Quiero agradecer al escritor Francisco Legaz (presentador de El Bosque de las Palabras) el que se hubiese acordado de mí para participar en su programa de radio, que además creo que está genial y que, cuando pula algunos fallos técnicos propios de un novato, será un programa de referencia en la Comunidad de Madrid.
También quería enviar desde aquí un saludo a Guillermo Sastre, que compartió "cartel" conmigo y se mostró sumamente cercano, espero que venda muchos ejemplares de su nueva novela, Al son del alma.
Poco a poco empiezo a sentirme un escritor "de verdad", aunque aún sea a pequeña escala.

21 de mayo de 2008

Bueno, acepto a Jose como animal de compañía

José Luis es uno de las pocas personas a las que sí puedo llamar amigo. Sí, es un poquito plasta a veces (pero ¿quién no lo es?), tiene más pájaros en la cabeza que la niña de El Mago de Oz y es el tío más malqueda que conozco (después de mí). Pero es mi amigo, con sus virtudes (que no voy a enumerar aquí, no vaya a ser que ponga alguna de más) y con sus defectos. En la entrada de ayer me metí con aquellos a los que llamaba "amigos", hoy puedo afirmar rotundo que éste es amigo de verdad, de esos a los que les puedes contar sin miedo y a los que les confiaría cualquier cosa... bueno, a lo mejor no, y porque sé cómo es puedo llamarle amigo (aunque tampoco me escribió ni llamó a Melilla). El caso es que es capaz de tirarse una hora entera escuchándome divagar y hasta de hacer un blog porque está hasta las narices de que se lo diga... yo tampoco soy un amigo perfecto, pero considero a este tipo el mejor de los que tengo yo.

20 de mayo de 2008

Los amigos

Hace años en una clase de ética... ¡uf! Cada vez que lo pienso me echo a temblar, ¡cuántos años han pasado! Me ocurre una cosa curiosa, suelo hablar de mis años en el instituto como si hubiesen transcurrido hace poco tiempo y sin embargo, son ya más de diez años los que en realidad han pasado. Me voy haciendo viejo, aunque sea una vejez temprana aún. Ya no puedo pensar en mí como un chico, aunque lo haga demasiado a menudo, no, con casi treinta tacos a mis espaldas debería considerarme y ser considerado un hombre... no obstante, en estos tiempos que corren aún soy poco más que un adolescente entrado en años. Según la media de edad debería aún vivir en casa de mis papis. Pero no, estoy casado, independizado y con un hijo que se ha convertido en mi pensamiento diario a todas horas. Un pequeño renacuajo que me tiene loco. Un pedacito de mí, como dice la canción...
¿Ves? Ya me he desviado, tengo tendencia a irme por las ramas. He titulado esto “Los amigos” y empezaba a hablar de una clase de ética... bien, retomo la frase en el punto en el que la dejé.
... una profesora que tenía, una mujer muy pesada y anodina en apariencia, una mujer que siempre pensé que había sido hippy de joven y seguía pensando como entonces, aunque se comportara como una profesora aburrida, monótona y, esto es opinión personal, mediocre. La buena de Carmen siempre traía los mismos apuntes, año tras año y curso tras curso, de modo que uno podía repetir el curso con los mismos apuntes, exactos, sin cambiar ni un punto ni una coma, cuanto menos una palabra o expresión. Era profesora de filosofía, pero a mí me daba ética en aquella ocasión.
A lo que vamos, en aquella clase tratamos el tema de los amigos, de lo que significaba realmente la amistad. La tía no tuvo reparos en sacar sus apuntes y comenzar a dictar y a escribir en la pizarra todos lo requisitos necesarios para poder se amigo de alguien. No un simple compañero, sino un amigo. La lista era increíblemente larga.
Yo, como siempre, protesté, indicando que yo tenía decenas de amigos verdaderos y que si tenía que tener en cuenta todos y cada uno de los requisitos necesarios no tendría ninguno, o un par de ellos a lo sumo. Ella sonrió y me dijo como respondiendo a la duda inocente de un infante. ¿Y no es eso lo que estoy explicando? ¿Qué, amigos verdaderos no se tienen mas que uno o dos?
Negué rotundo aquella afirmación y creo que, una vez terminada la clase, llegué a mofarme del pensamiento de Carmen. ¡Qué idiota fui!
Años más tarde, mientras regresaba de la “mili” sin haber recibido más que una carta de todos mis presuntos amigos, recordé aquella clase y me paré a pensar en la amistad que creía conocer mejor que mi profesora.
No tenía amigos verdaderos, ni uno sólo. Tenía compañeros y simpatizantes, no sé cuál será la palabra adecuada, pero ahora sé, como supe entonces, que aquellos que solían ir conmigo por la noche o con los que conversaba durante horas no eran mis amigos. Toda mi percepción cambió de golpe en ese viaje de vuelta, cuando me di cuenta de hasta qué punto era poco importante para ellos.
Durante mi último mes de “mili”, cuando sólo me quedaban unos días para regresar, ocurrió una desgracia que me tocaba de cerca: Iván, el “Cáver”, como solíamos llamarle, decidió que este mundo era demasiado deprimente para él y se marchó como lo hacen quienes están muy cansados de luchar... ¿sabes cuándo me enteré? No te lo vas a creer, hasta que no llegué a mi casa no me enteré de su muerte y lo hice a través de la ventanilla de un Peugeot 205 blanco y de pura casualidad. Nadie se dignó a avisarme de su muerte, nadie me preparó para el golpe, ahí me di verdadera cuenta del valor que tenían de la amistad aquellos a los que yo llamaba amigos.
Creo que nunca he tenido verdaderos amigos, de esos a los que puedes hablar de todo, de los que no esperas nada porque te lo ofrecen en cuanto te hace falta, de esos que son capaces de saber lo que piensas con sólo mirarte a los ojos. Será porque no me quedé quieto en un sitio durante mi juventud, o porque nunca he sabido ganarme el cariño y el respeto de los demás. No lo sé. Sólo sé que cada vez que recuerdo aquella clase me doy cuenta de lo estúpido que fui por creerme más conocedor de la vida que mi profesora de filosofía.

19 de mayo de 2008

Necesidades superfluas

He escuchado en la radio que ayer se manifestaron en Madrid en contra de algún asunto sobre la educación. El otro día redacté una noticia que habla de lo molestos que están los profesores y algunos padres porque tenga que haber uno o dos alumnos más por cada aula en las guarderías madrileñas. Y he pensado en darles una solución al conflicto, una ocurrencia que he tenido con la que acabaré de golpe con todos sus problemas, sí, es algo revolucionario y novedoso... váyanse a vivir a Birmania, ahora han quedado muchas plazas libres... sí, algo así como cincuenta mil plazas nuevas para ocupar en las guarderías... seguro que allí no tienen problemas de sobreasistencia de niños a las escuelas.
¡Qué asco damos los humanos! Cuanto más tenemos más queremos (que conste que yo el primero). No logro entendernos, ¿por qué nos quejamos si tenemos más de lo que podemos precisar y mucho más de lo que merecemos?
Es una cuestión que no consigo ni conseguiré explicarme, tampoco pretendo que nadie la responda, sólo quería realizar este breve comentario y ofrecer mi más sincero pensamiento a todas las víctimas de este terrible ciclón que ha azotado Birmania, sobre todo a los niños.
Descansen en paz, aunque lo más divertido sería que volviesen loco a San Pedro con sus juegos, su vitalidad y su alegría. Seguro que los próximos ángeles serán birmanos o chinos. Aunque de pobres está el cementerio lleno.

15 de mayo de 2008

Hasta las narices de ETA

Y ahora que sigan.

Sí, ahora que sigan campando impunemente por los pueblos y ciudades del País Vasco. Que sigan gobernando en muchos ayuntamientos y atemorizando a la gente para que voten lo que ellos decidan. Que sigan teniendo plazas y calles con su nombre, aunque no es de extrañar, pues aquello que quieren lo tienen y es de su propiedad. Que sigan extorsionando a empresarios para pagar sus crímenes, su trabajo diario de terror y muerte. Que sigan disponiendo de negocios propios para ellos solos, en los que, si entras por equivocación podrás salir escaldado. Que sigan. Sí, que sigan organizando en paz y cuando quieran sus actos y festejos, sus manifestaciones y sus conmemoraciones de atentados. Que sigan. Que sigan poniendo pancartas en sus balcones sin miedo a ser mancillados mientras mancillan los hogares y las vidas de todos los que no piensan como ellos. Que sigan llamando fascistas a los demócratas, colgando cabezas de caballos en los portales de los que los critican. Que sigan imponiendo su política hitleriana a los que ellos llaman “su” pueblo. Que sigan denunciando malos tratos cuando ellos no ponen reparos en poner bombas en lugares destinados a arrebatar la vida a niños inocentes. Que sigan. Que sigan entregando panfletos en las plazas mayores de las ciudades sin nadie que se lo impida. Que la gente continúe cogiendo esos papeles asesinos con temor y hagan como que los leen hasta llevarlos a su casa y, a la protección de sus muros, hagan con ellos lo que buenamente crean oportuno. Que sigan viviendo del cuento de la liberación de Euskalerría, algo que ni ellos mismos se creen ya…

Pero que alguien los detenga, mientras ellos no encuentren oposición seguirán haciendo lo que les venga en gana… sin embargo, en esta ocasión, estas palabras no van destinadas ni a políticos ni a jueces ni a policías. No, demasiadas veces hemos escuchado ya todo esto como para sorprendernos con algo novedoso. Demasiado dolor ajeno hemos sufrido como para que los últimos atentados nos duelan como deberían hacerlo. Ahora es rabia lo que sentimos, no dolor. Estas palabras van destinadas a las gentes de bien del País Vasco y de toda España. Todos los que viven por allá saben quiénes son, dónde están y qué hacen… ¿por qué no los detienen ellos mismos? ¿Por qué cada vez que dos jóvenes se ponen a repartir papeles a favor de ETA o de sus presos no se los arrancan de las manos o se los tiran a la cara? Estoy seguro que sólo es empezar, después ya veríamos quién tenía la razón, quién atemorizaba a quién… ¿por qué no arrancamos las placas que celebran los nombres de los asesinos en las plazas de Euskadi? ¿por qué no desbaratamos sus manifestaciones violentas? ¿Por qué…

Miedo, eso es lo que alegará la mayoría… otros dirán que se debe a que la Democracia terminará por derrotarlos… no, hasta que el pueblo vasco, el de verdad, no se plante en serio y se enfrente con estos desalmados, hasta entonces, no podrá hacerse nada.

10 de mayo de 2008

Supongo que sí, soy un poco retorcido en mis ideas

No sé si a tí te pasa, pero a mí me ocurre bastante amenudo. Soy capaz de defender una idea hasta la ofuscación y el extremo durante unos minutos, para después darme cuenta o cambiar de idea de improviso y defender todo lo contrario con la misma pasión.
Cuando era algo más joven pensaba que era algo usual, porque lo veía bastantes veces en los amigos con los que conversaba, sin embargo ahora que soy algo mayor creo que no es nada habitual.
También me ocurrió por entonces que imaginé que carecía de unos principios básicos, por la misma razón, aunque ahora sé que hay cosas con las que no puedo transigir, por lo que creo que sí que tengo un par de ellos. Aunque no tienen por qué ser los correctos o los únicos, soy capaz de adquirir una idea como propia en un segundo y luchar por ella hasta la extenuación. pero también soy capaz de dejar de lado algo en lo que he estado metido hasta la médula, soy así de volátil, qué le vamos a hacer.
Me ha pasado en muchas ocasiones. A veces, cuando debatíamos en clase de ética, me entretenía cambiando de idea según habñaba para confundir a mis "adversarios" de discusión, tan pronto podía defender que todos somos iguales como que las mujeres eran algo más torpes que un hombre... de hecho, muchas veces defendí argumentos con los que no estaba de acuerdo por la propia acción de contemplar cómo era capaz de sostener unos argumentos con los que no coincidía (y para joder, que tampoco estaba de más a veces). Sí, siempre he sido un poco "coñón" y un tanto difuso en mis ideas.
A mí no me ocurriría como a esos patriotas de sus ideas que prefieren morir a pronunciar una frase cualquiera, siendo como soy del Real Madrid, sería capaz de besar el escudo del Barcelona con tal de librarme de una bronca, no sé si me entendéis.
Creo que por eso no pertenezco a ninguna facción política, porque tan pronto defiendo las privatizaciones y construcciones del PP como me ofusco pensando en las desigualdades de los obreros... va, mejor no lo pienso, que si no...