22 de enero de 2009

El Poema de Gilgamesh



Estoy convencido de que, con las pistas que di el otro día, más de uno habrá acertado que iba a comentar el Poema de Gilgamesh. Sé que no es un libro fantástico al uso, pero después de leerlo, he llegado a la conclusión de que sería uno genial. Y además, es la primera gran epopeya escrita de toda la humanidad, ¿cómo no iba a homenajearla quí?

Esta semana me ha costado encontrar un tema, un libro o un autor sobre el que hablar… primero pensé en contar a los oyentes la espléndida y novelesca biografía de Tolkien, que parece una novela en sí misma, aunque como hablé de él la semana pasada, decidí dejarlo para otro día.

Después me planteé hablar sobre la última novela de Laura Gallego que he leído, por cierto, me duró una tarde, Mandrágora se titula. Con esta chica me pasa algo extraño, siempre pienso, al iniciar sus novelas, que su narrativa parece escasa o incluso, si se le permite la licencia a un novato como yo en esto de la crítica, un poco simple; pero termino cautivado con sus historias, me olvido que estoy leyendo y me enfrasco en la lectura hasta que las termino, así que, supongo, ha dado en el clavo, sabe conjugar texto y formato, de modo que uno lee sin más, sin ponerse a pensar que lo está haciendo. A lo mejor ése es uno de sus secretos a la hora de atraer a miles de lectores en todo el mundo, sobre todo adolescentes.

También tengo pendiente por ahí una historia con la que me topé hace unos meses en el Mundo, una que hablaba sobre la relación de amistad entre Bram Stoker, creador de Drácula y Oscar Wilde, escritor de El retrato de Dorian Grey, o de mi cuento favorito, El príncipe feliz; con un robo de novia en medio, pero también lo voy a dejar para otro programa.

Y cómo no, el día después del doscientos aniversario del nacimiento de Edgar Allan Poe, el inventor del relato detectivesco y uno de los padres de la Fantasía moderna, también pasó por mi cabeza el hablar, aunque fuese levemente, de este gran escritor que murió a los cuarenta años de la borrachera más grande que nadie se haya cogido nunca antes en el mundo, aunque según leí ayer en un reportaje, su muerte es aún un misterio, lo que parece atestiguar una vida tan extraordinaria y extraña como sus propios textos.

Pero al final me he decantado por un libro que llevo leyendo de poco en poco desde diciembre, dejándolo de vez en cuando para enfrascarme en otras historias, pero que me tiene totalmente embaucado, además, me he propuesto responder a una de las preguntas que les sueles hacer a todos los escritores invitados a tu programa.

Antes de darte el título de este libro, que podría ser el primer relato fantástico de la historia, quiero que sepas la pregunta en cuestión. Sueles preguntar a tus invitados por qué escriben y la inmensa mayoría te responden que porque lo necesitan, a lo que sueles pedir otra explicación…
Pues voy a responder por todos ellos y te voy a asegurar que es cierto, necesitan escribir, necesitan contar a los demás aquello que tienen en su interior. Y eso ha sido así desde que el hombre es hombre.

Todo empezó de una forma oral, imagino que allá, en las lejanas cavernas de las que todos procedemos, los hombres ya contaban a otros hombres lo que su creatividad les instaba a narrar. Ya fuera por explicar hechos que para ellos se hacían inexplicables, para enseñar a los novatos qué peligros se podían encontrar en los bosques o las sabanas, o incluso para que el hombre nunca más olvidase cómo se encendía el fuego. Las narraciones pasaban de generación en generación y los escritores-oradores de entonces eran quienes se encargaban de ello, procurando que la esencia de los relatos no se perdieran, aunque fuesen adornados por su propia imaginación.

Ése es el origen de los cuentos, las canciones, las mitologías, las religiones…

Pero llegó un momento en el que la tradición oral no fue suficiente, la humanidad se asentó, aprendió a escribir y comenzó a reunirse en grandes urbes allá por la zona de Mesopotamia, entre el Tigris y el Éufrates… allí, en lo que hoy es Irak, la cuna de nuestra civilización se escribió el primer poema épico del que tenemos constancia, o lo que es lo mismo, la primera novela fantástica de la historia: El Poema de Gilgamesh.

Durante años se creyó que Gilgamesh era un ser mítico, aunque hoy día parece probado que es en realidad una figura histórica real, sin embargo, las doce tablillas de barro que componen el grueso de esta historia recogen la primera gran epopeya literaria de la humanidad.


El texto es un compendio de poemas míticos realizados en torno a la figura de Gilgamesh, rey de Uruk la cercada, la de las amplias puertas, una de las primeras grandes ciudades de la humanidad, que vivió hacia el 2650 antes de Cristo. Por su calidad y por el interés que despertaron en su tiempo, estos poemas acabaron por conjuntarse en un todo argumental. Una vez que la civilización sumeria fue tragada por el paso del tiempo y por otros imperios y ciudades, la historia de Gilgamesh desapareció con ella, hasta que en 1872, George Smith lograba descifrarla y devolverla a la literatura universal y a la propia humanidad.

Los estudiosos podrán decirme que estoy loco al pensar en el Poema de Gilgamesh como una historia fantástica, pero es que tiene todos los ingredientes. Un héroe tan imponente como Hércules o tan sabio como Ulises, un amigo fiel, Enkidu, que le acompaña en sus imposibles aventuras. Luchas con monstruos infernales, como Khumbaba, el guardián del Bosque de los Cedros, dioses y profecías, acción y una búsqueda de la inmortalidad que parece haber acompañado a la humanidad desde siempre, ¿no parece una novela de Fantasía?

La edición que tengo yo, tiene añadido un estudio preliminar, la traducción de diferentes idiomas de las tablillas descubiertas y notas explicativas. La verdad es que leer El Poema de Gilgamesh es una delicia. Y estoy seguro de que explica eso de que los escritores tengan necesidad de escribir, de contar. Porque es una muestra más del gusto de los hombres por narrar aventuras y acontecimientos.

Además, nos hace recordar de dónde venimos… aunque eso no siempre significa que vayamos a saber hacia dónde vamos.

2 comentarios :

Sr. Stromboli dijo...

Buena frase esa última mi querido Javier.

Y respecto a lo de Laura Gallego... es que muchos se empeñan en que escribir un libro debe enseñar y ser culto, pero a veces también es necesaria una historia que te evada del mundo, y simplemente leas... Quizás como dices ese sea el secreto del éxito de Laura.

Javi dijo...

Aig, qué cosas me dices...