29 de enero de 2009

Mandrágora, de Laura Gallego


Parece que he cogido cariño por los escritos de esta joven valenciana, pero es que desde que Jose me ha dicho que C.S. Lewis no se lee levuis, sino luis, me he decidido por procurar hablar siempre que pueda de autores españoles o de habla hispana (para no confundirme al pronunciar sus nombres). Además, qué leches, que me gusta como escribe Laura.

Ayer empecé a leer La orden de Santa Ceclina, de Susana Vallejo, escritora madrileña y barcelonesa de adopción, de la que espero hablar la semana que viene en El bosque de las palabras, a ver si me da tiempo de leerme el libro entero. Lo que llevo leído me ha gustado bastante y además, son sólo doscientas y pico páginas, así que... espero que sí. Después quiero leer el libro de Santyago Moro y así, continuar la estela de los talentos fantásticos españoles que pululan por mi alrededor (a ver si se me pega algo...).

Bueno, que me enrollo, ahí va mi comentario sobre Mandrágora.

Esta semana vamos a hablar de otro de los libros de Laura Gallego, que creo que ya conocen, por lo menos de oídas, los oyentes habituales de tu programa. El libro en cuestión se titula Mandrágora, fue publicado en 2003 y la editorial Pearson Educación sacó estas navidades una reciente edición en tapa dura, que es la que yo tengo en mi casa.

Le he estado dando muchas vueltas a la manera de empezar mi comentario de esta semana, pero por más vueltas que le daba, ninguna de las opciones que tenía me gustaban mucho, así que borré todo lo que había preparado y entre en Google en busca de inspiración.

Hoy día es fácil esto de recopilar información o de buscar datos biográficos sobre un autor determinado, estamos todos más que fichados en esto del Internet. Me pareció evidente el buscar datos sobre la propia Laura, detalles de su biografía que pudiesen resultar curiosos o sorprendentes para el público.

No te puedes imaginar la cantidad de entradas que tiene esta chica en la red, si tecleas Laura Gallego en el buscador de Google, te topas con casi medio millón de entradas. Claro, hazte a la idea de lo que es eso de bucear entre cuatrocientos y pico mil sitios diferentes y encima con lo vago que soy yo… bueno, para acotar un poco más mi búsqueda, tecleé el nombre de la escritora valenciana entre comillas y la búsqueda se rebajó, sí, pero aún eran unas doscientas mil… así que entré en la primera de todas, a ver si había suerte.


Y claro que hubo suerte, porque mira tú por dónde, fui a toparme con la web oficial de Laura Gallego, un lugar, creo, regentado por ella misma. Ahí puedes encontrar casi cualquier cosa sobre esta escritora de tanto éxito entre el público infantil y juvenil de habla hispana. Su biografía escrita por ella misma, sus libros favoritos –por cierto, coincidimos en afirmar que La historia interminable es nuestro libro favorito-, sus gustos musicales, el listado de libros y premios, confidencias… de todo, logrando una interactividad con los lectores que se agranda todavía más con un foro en el que hay registrados cientos de personas.

Pero aprovechando que me topé con todos estos datos en una sola página, te voy a hablar un poco de Laura Gallego antes de hablar de Mandrágora.


Su pasión por escribir le viene de pequeña, aún no te he dicho que Laura nación el 11 de octubre de 1977, por lo que sólo tiene 31 años. A los 11 ya quiso escribir una extensa novela de fantasía y aventuras con su amiga Miriam, tardaron casi tres años en acabarlo y nunca se publicó, seguramente esté en algún recóndito rincón de un viejo disco duro o una moderna memoria USB; el caso es que ahí ya tuvo claro que quería dedicarse a la escritura. Laura acabó el instituto y se matriculó en la universidad de Valencia para cursar filología hispánica, seguía escribiendo sin parar, pero sin publicar nada, hasta que se presentó por enésima vez al Premio Barco de Vapor, con la novela Finis Mundi y ganó el primer premio. A partir de ahí la carrera literaria de esta chica ha sido un torrente imparable, cinco cuentos y dieciséis novelas publicadas la contemplan.

Y, por si esto fuera poco, cuenta con una legión de seguidores que la defienden a capa y espada y se relacionan entre sí gracias a internet.
Quizás ahí radique precisamente el secreto del éxito de Laura Gallego, en dar a los chavales las lecturas que les gustan, con historias en las que se pueden sentir reflejados y además dejar que ellos mismos sean los que las promocionan. Para que te hagas una idea, entré en el foro de su web y pregunté acerca de este libro, en seguida me indicaron que ya había un sitio en el que se hablaba de él… hay más de cien comentarios al respecto.

A Laura le gusta mucho la novela fantástica, el manga japonés, los videojuegos, la ciencia ficción… vamos, lo que le puede gustar a cualquier chaval o chavala de su edad y eso se nota en sus libros, por lo menos en los que yo he leído.

La cercanía de su literatura hace que pueda parecer, en momentos, demasiado sencilla como para ser tomada como buena literatura (aunque creo que ese es su secreto, hacer que parezca sencillo lo difícil), pero te puedo asegurar que consigue el efecto buscado, te pica y logra mantenerte ante el libro todo el tiempo posible, sin aburrirte en ningún momento, aunque logres averiguar el final antes de tiempo, como me pasó a mí con Mandrágora, sigues con deseos de continuar leyendo. Así que… puede que esa sea la buena literatura de verdad.
La historia de Mandrágora es un reflejo en un país fantástico, en un marco medieval, de algo que puede suceder en cualquier instituto del mundo. Una novela perfecta para el público juvenil y adolescente.

Trata sobre la desaparición del sabio Cornelius e la corte del rey Héctor. Como éste no puede estar sin un sabio que le diga frases hechas en latín y le haga parecer algo más refinado ante el resto de reyes, busca un nuevo sabio que supla al desaparecido. El nuevo sabio es Zacarías, que llega acompañado de su hija Miriam y que, sin que el rey lo sepa, ha acudido a la corte con la intención de descubrir dónde está el sabio perdido. Miriam, que es una plebeya, es obligada a acompañar a las damas nobles del castillo de su misma edad y a comportarse como tal, pero claro, ella es la hija de un sabio, ha estudiado y ha visto mundo, mientras que las damas viven en un mundo de lujos, bordados y amoríos nobles.


Aunque Miriam aborrece ese modo de vida, también lo envidia en cierto modo, sobre todo cuando hace acto de presencia el príncipe Marco, del que se enamora locamente, sin hacer caso del pobre Santiago, que es el chico raro de la corte, tan inteligente como ella y mucho menos superficial que el resto. Vamos, como si viéramos una peli de adolescentes, donde un chico o una chica nueva llegan a un nuevo instituto… estas navidades ha tenido mucho éxito en todo el mundo Crepúsculo, que empieza de un modo similar, con una recién llegada a un lugar nuevo.

No voy a contar más de qué va la novela, sólo te voy a decir que me duró una tarde. Lo que sí te voy a contar es una curiosidad más, Laura escribió este libro gracias a los típicos chavales que se pasan el día haciendo el cabra con la moto, a los que por un lado aborrecía profundamente y sin embargo, por el otro envidiaba.


La literatura de Laura es claramente para un público juvenil, aunque he de reconocer que a mí me gusta, a pesar de las grandes dosis de romanticismo con la que la adorna y la clara referencia a un protagonismo femenino. Quizás el secreto esté en saber para quién quieres escribir y por lo que sé, la seriedad de literatura de esta joven valenciana crece a un ritmo casi tan rápido como su lista de libros publicados.

Os recomiendo Mandrágora si queréis pasar un rato agradable con una lectura amena y sencilla.

¡Ah! Y cuidado con el zumo de mandrágora, según quién lo prepare puede servir como filtro de amor o como veneno mortal y la verdad, no sé qué es más peligroso…






2 comentarios :

Cohen dijo...

--¿Cómo que Laura Gallego es una chavala?
--Que ya teneis una edad ambos, ya estais en la treintena...
--Que sois unos viejos...
--Los chavales o también llamados adolescentes son los chic@s del instituto.
--Esos a los que vosotros doblais en edad.

Plyngo and Me dijo...

Di que sí, Cohen, que a este paso se van a jubilar y van a seguir diciendo que son unos críos.