15 de enero de 2009

Una amistad extraordinaria


A finales de año terminé de leer dos libros de Fantasía, que hicieron no sólo confirmarme lo que me gusta este tipo de literatura, sino que además me hicieron pensar de lo lindo… aunque no precisamente por sus textos, que también podrían haberlo hecho de por sí.

Uno es El león, la bruja y el armario, de CS Lewis, uno de los siete que componen la famosa saga, gracias a la Disney, de las Crónicas de Narnia y el otro es Las aventuras de Tom Bombadil, el libro que Tolkien publicó a petición de una tía suya, que no es más que una recopilación de poemas y canciones relacionados en su mayoría con hechos o criaturas recogidas en El Señor de los Anillos u otras obras suyas relacionadas con la Tierra Media; cuyo nombre, me he enterado gracias a la genial Wikipedia, proviene de Midgar, que es la ciudad que los dioses crearon para los hombres según la mitología escandinava.

Después de leerlos me dio por leer las biografías recogidas en Internet de estos dos colosos de la literatura fantástica… bueno, John Ronald Reuel Tolkien es mucho más que un coloso literario, fue situado por la revista Times en el sexto lugar en cuanto a literatura británica se refiere y además es para todo el mundo, el padre de la alta Fantasía moderna… y para mí, también. Más grande incluso que el creador de Conan el Bárbaro o escritores de talla y éxito internacional. Si preguntas por ahí el nombre de un escritor de literatura fantástica, el 80 por ciento de los encuestados responderán, con casi plena seguridad, el nombre del padre de Frodo, Bilbo y compañía.

Había oído por ahí que Tolkien y Lewis eran colegas y que el creador de El Hobbit criticó duramente al de Narnia cuando leyó su libro… y sí, efectivamente, estos dos grandes eran amigos, pero su amistad era mucho más profunda de lo que yo sospechaba y si alguno criticó al otro sólo fue dentro de la enorme confianza que se tenían entre sí. Aunque por lo visto las discusiones entre ambos escritores, profesores y amigos eran de órdago y no solían hacer enemigos, como se suele decir. El propio Lewis comentó después de la desaforada crítica de Tolkien de su primer libro sobre Narnia que no pasaba nada, que su colega sólo necesitaba una buena bofetada para entrar en razón.

Muchas veces pienso que los escritores no sólo son grandes por su labor o sus textos, sino también por su entorno y amistades. Como si el relacionarte adecuadamente o en un ambiente propicio a tu forma de expresarte, ayudase a la creación y mejora de tu obra. Sí, hay pocos escritores buenos (aunque seguro que tú conoces muchos casos), que hayan sido muy conocidos o reconocidos y no hayan tenido a su lado a amigos escritores, confidentes artistas o enemigos declarados con talentos tan grandes o mayores que los suyos. Un buen escritor siempre crece gracias a la gente con la que se rodea y en muchos casos no crearía lo que crea o de la manera que lo hace si fuera incapaz de contarle a nadie lo que piensa hacer… creo que me estoy explicando ¿no?

A mí, sin ir más lejos, me viene genial mi amigo Jose, porque contarle lo que planeo escribir o escuchar sus críticas, me ayudan a continuar adelante, Telluón hace ya tiempo que habría sido una tierra incompleta de no ser por nuestras largas charlas sobre las aventuras de Galraím. Pero hay más, no sé, los escritores de la Residencia de Estudiantes son el mejor ejemplo de un entorno adecuado o amistades necesarias para crear, Góngora y Quevedo también, pero en el caso de las enemistades que hacen crecer tu ingenio para insultar o menospreciar al contrincante.

Tolkien y Lewis son un caso excepcional. Los dos eran profesores en la universidad de Oxford y amigos de juventud, formaban parte del grupo de pensamiento y cruce literario de los Inklings, un grupo de amigos que se reunían para debatir, charlar, recitar poesía, comentar a los clásicos medievales o narrar al resto sus propias ideas, literarias o no. Aquí germinaron buena parte de las historias sobre Narnia o la Tierra Media. De hecho, fue el propio CS Lewis quien aconsejó a Tolkien el que publicara El Hobbit, quién sabe si nos habríamos quedado sin conocer la historia de Bilbo, Frodo y la Tierra Media de no ser por esta recomendación.

Pero la amistad entre estos dos no se limitó al marco literario, no. Tolkien ayudó a Lewis a encontrar esposa, aunque más tarde le recriminó que, tras encontrarla, se hubiese alejado levemente de los amigos. La verdad es que, por lo que he leído aquí y allá, las discusiones entre estos dos amigos hasta la muerte tenían que ser impresionantes… lo que decía antes de la confianza.

Además, Lewis era ateo y entre algunos de los miembros de los Inklings, Tolkien incluido, favorecieron el que éste se convirtiera al cristianismo, aunque después la disputa vino porque eligió el anglicanismo en vez del catolicismo, Tolkien era un católico creyente y practicante y esto no le sentó demasiado bien. De hecho, dicen que El señor de los anillos está repleto de simbología católica, apostólica y romana.



Nadie critica a Tolkien por eso, porque sus símbolos parecen estar muy bien escondidos y no es sino una lectura muy rigurosa y un estudio muy preciso lo que hace que uno sea capaz de encontrar dicho simbolismo. Sin embargo, la obra de Lewis es mucho más facilona y sus símbolos están dispuestos para todos los públicos y a simple vista, lo que le generó también la crítica de su amigo. Estos dos, está claro, siempre estaban discutiendo y peleando por todo. Incluso hace un par de años, cuando se estrenó en cine la primera de las películas sobre Narnia, hubo muchos comentarios sobre esta simbología cristiana incluída en la obra de Lewis. Claro que si no los buscas, no los encuentras. Por ejemplo, Aslan, el rey de Narnia, el hijo del mago que vive más allá del océano, representa a Jesucristo y su sacrificio sirve para salvar el reino, aunque después resucite y venza la batalla frente al mal.

El primer libro fantástico de Lewis es El regreso del Peregrino, que por cierto me he pedido en la carta para Navidad, y el subtítulo del libro es claramente un mensaje claro y meridiano: “una apología alegórica del cristianismo, la razón y el romanticismo”.

Las obras de estos dos escritores son fantásticas sí, pero son opuestas y muy diferentes, lo que ya en sus tiempos ocasionó más disputas y amargas batallas dialécticas entre ambos. El mundo recogido por Tolkien en sus libros, que voy a enumerar, aunque mantengo pendiente mi idea de dedicar un día a este escritor tan fantástico, que tiene una vida de lo más novelesca en sí mismo, El Hobbit, El libro de los cuentos perdidos o el Silmarillión, Los cuentos inconclusos, El señor de los Anillos, Los hijos de Hurin o Las aventuras de Tom Bombadil, están escritos por un erudito que busca no sólo la perfección en su obra, sino que crean y recrean un mundo propio y privado, en el que todos los personajes, situaciones, conflictos y lugares son propios de Arda, el mundo Tolkienano, sin referencias a nada más. Además, están escritos para adultos, aunque los jóvenes disfruten también con su lectura.


Los libros de Lewis son diferentes, por lo menos Las crónicas de Narnia están escritas para niños y narrados a modo de cuento. Incluye a niños que llegan a un mundo fantástico, animales que hablan, una bruja… incluso aparece Papá Noel por allí. La narración hace continuas referencias a capítulos, como para recordar que estás leyendo.

La verdad es que son buenos los dos a su manera y a mí me encantan tanto uno como el otro, aunque me esperaba algo más de las Crónicas. Incluso al acabar tuve la sensación de que, por una vez, la película, sin ser una obra de arte, era más completa que el libro.

En fin, que son dos escritores que hay que leer si quieres ser un buen lector de literatura fantástica.

Y como recomendación… que os leáis los libros por lo que son y por lo que cuentan y no por los símbolos o las creencias que ocultan.

Creo que la semana que viene será la que dedique en exclusiva a Tolkien, ya veré…




2 comentarios :

Cohen dijo...

--Cuidado con Tolkien, ni él mismo era consciente de todo el nuevo mundo que había creado y resumirlo puede ser una tarea abrumador e inabarcable como decía el título de otro escritor que había creado también un gran mundo de fantasía M. Ende.

Plyngo and Me dijo...

Creo que sí que lo era. Pero su vida en sí misma es digna de novelarse, ni te imaginas que vida más interesante tuvo este tío de la pipa.