16 de abril de 2009

Dobles Sentidos Literarios

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Hola a todos. Buenas tardes. Espero que hayáis pasado una buena Semana Santa y estéis todos de vuelta, perdidos una vez más en este bosque de palabras tan mágico en el que Francisco nos adentra cada martes. Yo, como siempre, ando vagando entre historias fantásticas de caballeros y princesas, de dragones y magia y sobre todo de aventuras y hazañas increíbles. Y como todas las semanas voy a procurar invitaros a visitar los reinos de la fantasía.

Y qué mejor manera de empezar nuestra sección fantástica de esta semana que hablando de la presentación de un libro de la literatura que más nos gusta y de una de las escritoras de este género de las que más hemos hablado por aquí, porque este jueves, 16 de abril, la valenciana Laura Gallego presenta Alas Negras, será en la Fnac de Callao a las ocho de la tarde. Aunque si queréis tener toda la información al respecto o si queréis saber en qué otros actos o eventos participará Laura, sólo tenéis que entrar en su web personal, www.lauragallego.com, porque esta joven escritora tiene un trato continuado y muy cercano con sus lectores e informa en su web de todos los sitios en los que va a estar, dónde va a firmar y cosas así. Si os pica la curiosidad, ya sabéis, el jueves tenéis una cita con Laura Gallego en la Fnac.

Y para continuar os cuento que hay un nuevo concurso literario especialmente pensado para los aficionados a la literatura fantástica y de terror. Porque la Asociación Besarilia y la Editorial Salto de Página convocan el primer premio Avadoro de Novela Gótica, que se celebra en el contexto de la primera Semana Gótica de Madrid. Hay de plazo hasta el 1 de junio para presentar una novela que se ajuste a la definición de gótica, con una extensión mínima de 150 páginas. El premio son nada menos que ocho mil euros y la edición de la novela ganadora, que no está nada mal ¿no? Aunque la Editorial Salto de Página se quedará con todos los derechos de la novela ganadora durante 10 años… no sé yo si habrá mucha gente interesada en participar, pero yo os lo dejo caer, para que estéis bien informados.

Y vamos ya con nuestro comentario de la semana. Esta semana además estoy muy contento, porque mi colega Yosu, que nos escucha desde Galicia, me escribió un mensaje la semana pasada diciéndome que le había hecho pensar de tal manera con uno de mis comentarios que había tenido que escribir un artículo en su blog. Así que, por lo menos, ya hemos provocado que uno de nuestros amigos se vea obligado a escribir después de escucharnos o leernos, porque muchas de las cosas de las que se hablan en este programa también se pueden leer. Con lo que, habiendo hecho que Yosu tuviese que escribir por nuestra culpa, ya me puedo sentir más que satisfecho, aunque espero que nos lleguen muchos mensajes más parecidos al suyo.

De todas maneras, de lo que hoy os quería hablar es de los dobles sentidos en la literatura, o de los dobles sentidos que muchos lectores encontramos en las líneas de algunos escritores sin que existan en realidad. Yo, sin ir más lejos, hace unos meses me leí el Gusano del Mezcal de Miguel Sandín, una novela que no es de Fantasía, pero que también os recomiendo. El caso es que entablé conversación con el escritor y le dije que estaba muy bien aquel significado que daba a sus palabras al envolverlas con el olor del alcohol del mezcal cuando hablaba de las heridas y eso, porque el alcohol escuece las llagas y tal… y Miguel me dijo que era una buena idea, pero que él no había buscado ese significado en especial, así que yo encontré un significado donde no lo había…

Y es que eso de los significados ocultos o las dobles intenciones siempre me ha dado mucho que pensar, cuando en clase de literatura me decían que este o aquel escritor al escribir una palabra específica lo que quería decir era en realidad un mensaje oculto o que esas palabras guardaban una doble significación, yo siempre pensaba en cómo era posible que alguien que ni siquiera se había aproximado a la época del escritor en cuestión podía afirmar eso de una manera tan firme.

Es como cuando yo hago uso de mi recurso favorito en los cuentos, el Dragón, y alguien me dice que uso la figura del saurio para ocultar la presencia del diablo, de un ejército oscuro o una ideología en particular, o… y no es así, cuando yo saco a la palestra un dragón sólo quiero sacar eso, nada más, a no ser que haga uso de un caballero capaz de derrotarlo o que, por el contrario, encuentre una muerte lenta y dolorosa en su estómago protegido por escamas.

No siempre hay dobles sentidos, aunque parezca que siempre andamos buscándolos en casi todo y que, en muchas ocasiones, los haya en realidad.

Me pasó lo mismo al leer El Señor de los Anillos, al saber que muchos de sus pasajes e historias menores habían sido ideados en las trincheras del ejército aliado de la Gran Guerra, enseguida se me vino a la cabeza un símbolo, una explicación que desentrañaba todos los misterios ocultos en ese diminuto anillo de oro en el que residía el futuro de la Tierra Media, aunque, para ser sinceros, con esta teoría me ocurría como con las Profecías de Nostradamus o del Oráculo de Delfos, que a toro pasado, me cuadrada todo a la perfección.

Mirad, el anillo único, aquél capaz de gobernarlos a todos, es buscado y codiciado por Sauron para destruir a los pueblos libres y volver a enseñorearse con la Tierra. Por otro lado, los compañeros lo buscan y todos saben que, de usarlo, podrían derrotar al Mal con facilidad, aunque ellos serían entonces tan malvados y peligrosos para Varda como el mismísimo Oscuro…

¿A vosotros a qué os suena algo que puede desequilibrar la balanza por sí solo para cualquiera de los dos bandos? Algo que es mejor que esté en manos amigas porque en las enemigas sería el fin del mundo, aunque, de usarlo tú, sería tan malvado y peligroso como cualquier arma destructiva. O esas famosas armas de destrucción masiva, que en tus manos son buenas, pero en las de tus enemigos son suficientes para provocar una guerra ¿Y si ahora os digo que os hablo de la Segunda Guerra Mundial? Pues a vosotros no sé, pero a mí me recuerda mucho a la Bomba Atómica. Algo que todos codiciaban, pero que, incluso hoy en día, parece menos peligrosa para el mundo en las manos de tus aliados que en la de los enemigos, algo que cambió el curso definitivo de la guerra y de la historia y que, nos digan lo que nos digan, es tan terrible en poder de los unos como en el de los otros.

Cuando me leí El Señor de los Anillos por segunda vez, defendí durante mucho tiempo que el Anillo era en realidad la Bomba Atómica, la compañía del Anillo eran los países aliados y Sauron… pues eso, el malo de la película. Sin embargo, todo aquel con el que he hablado sobre esto, me ha dicho que a Tolkien ya le hicieron esa afirmación en vida y que él decía una y otra vez que eso no era así, que el Anillo era sólo el Anillo Único, nada más y parece ser que aquellas teorías no le gustaban demasiado.

Sé que mucha gente escribe con dobles sentidos y con significados ocultos, pero la inmensa mayoría de las veces las cosas son simplemente eso que representan, nada más. ¿Por qué nos empeñamos tanto en complicarlo todo?

Hasta la semana que viene.

¿Sería el Anillo un símbolo que representase a la Bomba Atómica?

2 comentarios :

Yosu Rc! dijo...

Antes de nada, gracias por darme unas líneas.
Ahora, en cuanto a Tolkien, es un tema del que pocas veces me resisto a meter baza.
Me llama mucho la idea que él decía de que sólo era un cuento para niños, cuentos sin más pretensiones que entretener y enseñar quizá, pero sin tratar de ocultar nada en su interior.
Y, si queremos buscar dobles sentidos a esta obra, podemos encontrarlo en cualquier época, ya sea en el siglo XX, en el XIV o en el XXVII. Siempre habrá Bien y Mal y alguien capaz de ponerse el Anillo. Y, quién sabe todas las cosas que se ocultan en ese círculo eterno y en el interior de ese anillo.

Aunque hay algo que siempre me gustó de Tolkien y que sí es real: las similitudes de su obra con su vida. Su Inglaterra, con la Comarca; la Revolución Industrial, con el avance de Isengard...
Y Lútien, con su esposa. De hecho, creo recordar que en la lápida de su tumba hay un poema de Lútien.
Y, cómo no, la relación del amo Frodo con el jardinero Sam, representaciones de los oficiales aliados de la Primera Guerra Mundial enviando al frente a los hombres sencillos y de campo a las trincheras. Tolkien era universitario y, por tanto, oficial; pero siempre sintió gran admiración por los "bravos samsagaces" que realmente luchaban por el Bien.
Como dice, más o menos, Robert Redford en "Leones por Corderos": "Jamás he visto semejantes leones comandados por semejantes corderos."

En fin, lo dejo, que casi me estás obligando a escribir un nuevo post.

Castillos en el Aire dijo...

Vaya comentario Yosu, parece todo un post enterito. Pero es bastante bueno. La verdad es que Tolkien tiene una biografía que alguien debería atreverse a novelar, porque es la leche.