4 de mayo de 2009

Caballeros Andantes

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Buenas tardes a todos, oyentes, escritores o simples aficionados a esto de la literatura. Bienvenidos una semana más a la sección fantástica de El Bosque de las Palabras.

La locura de la semana del libro no me ha permitido terminarme aún Los Libros Mágicos, de Santyago Moro, aunque prometo tenerlo leído para la semana que viene y a medio terminar el de Carolina Lozano. También tengo pendiente la lectura del libro fantástico de Xavier deTusalle Todos buscan desde siempre al rey… pero bueno, esta semana ha sido una locura y no he podido ponerme a leer todo lo que quisiera. Incluso a los reinos de la Fantasía llega el estrés…

Como colofón a los actos relacionados con el Día del Libro, el domingo se celebró en la localidad de Navas del Rey la Feria del Libro de la que os hablaba el otro día y a la que os invité a todos y una vez concluida, a una velocidad vertiginosa que no me dejó ni saludar a los amigos como es debido, me puse a pensar en la importancia que tienen los héroes fantásticos en la existencia cotidiana. Todo esto al relacionar la multitud de actos culturales y festivos que se celebraron durante toda la semana pasada, gracias a los libros y a sus protagonistas, los personajes… porque no nos engañemos, nos gustará la poesía, el relato o la perfecta descripción de un paisaje en un buen libro, pero al final, casi todos los que leemos nos reflejamos en los personajes, e incluso, me atrevería a decir que enfocamos en ellos nuestras emociones. Los amamos o los odiamos, hasta puede que nos sean indiferentes, según, pero siempre pensamos en esos personajes, sobre todo en literatura fantástica, en la que la eterna lucha entre el Bien y el Mal, ambos con comillas, hace que sintamos simpatía o no por los protagonistas que desfilan ante nuestra mente.


Sólo espero, que todos esos actos no sean un empacho y no consigan que no hagamos nada en relación a los libros hasta el año próximo por estas mismas fechas… en fin.

Todos hemos oído hablar de las novelas de caballería, aunque sólo sea de puntillas cuando escuchamos referencias a la hoguera que se erige en la casa de Alonso Quijano en cierto capítulo del libro más homenajeado durante la semana pasada, un libro que comienza en Un lugar de la Mancha de cuyo nombre no quiero acordarme.

Bien, pues la novela de caballería, que podría ser, o es, directamente, las precursoras de las novelas fantásticas, hablaban del prototipo de héroes que se llevaba por aquel entonces: tipos bizarros, varoniles y gentiles a un mismo tiempo, duros con los villanos o el monstruo de turno y sin embargo, también capaces de mostrarse débiles y sumisos para con sus damas. Tan diestros y fieros con las armas propias de su profesión como afilados y galantes con las del poeta. Un buen caballero andante podía estar matando a un dragón mientras pensaba en versos dedicados a su hermosa princesa.

Los caballeros andantes eran, como ya he dicho, los héroes de su tiempo. Podían derrotar gigantes y dragones, embarcarse en la locura de las Cruzadas y volver sanos y salvos por la gracia de Dios… ya os hablaré algún día de una novela que tengo yo por ahí dedicada a los caballeros andantes… pero sigo con lo que os decía, que pierdo el hilo. Las novelas de caballería no sólo enseñaban a aquéllos hombres como los que todos los hombres querían ser, sino que eran las novelas fantásticas de la época. Criaturas, leyendas, razas desconocidas, países exóticos… vamos, lo mismo de lo que hablamos aquí todas las semanas, pero sin colmillos ni varitas mágicas.

Bromas aparte, cuando leemos literatura fantástica lo que buscamos es evadirnos de la realidad, soñar con reinos lejanos y princesas… o príncipes de leyenda. Sentirnos, aunque sólo sea por un momento como el héroe en cuestión. Siempre hay excepciones, incluso en este mundo ficticio, pero por lo general, la literatura fantástica es muy semejante en estructura a la caballeresca. Infancia o juventud, aprendizaje, viaje iniciático, compañeros de fatigas, aventuras y, casi siempre, consecución del objetivo buscado. El amor está tan presente en la prosa moderna como en los versos de los Cantares del pasado. Se ha evolucionado en las historias, pero no en el fondo, que suele ser el mismo. Hace unas semanas hablamos del Poema de Gilgamesh y evidenciaba lo mucho que se parecía, con diferencias, a una historia moderna.

Aragon y Arwen, los amantes que protagonizan El Señor de los Anillos, podrían ser el reflejo de los amores que un día vivieron Amadis de Gaula y su novieta en cuestión. En fin, que sí, que evolucionamos y crecemos como sociedad, pero no somos demasiado distintos a como éramos hace siglos. Si antes queríamos ser como los caballeros andantes, ahora todos ansiamos ser los caballeros modernos: futbolistas, actores, modelos…

La semana pasada leí un artículo muy interesante en el que se decía que los héroes de los TBOs estaban de moda. Que los Lobezno, Spiderman, Hulk, Thor o el Capitán América, representaban nuestros anhelos más buscados desde el inicio de los tiempos. Volar, atravesar paredes, ser el más fuerte, Valor, Osadía, Poder… pero además simbolizaban lo mismo que desde siempre han simbolizado los dioses, inventados o no por las civilizaciones de la Tierra desde que el hombre es hombre. En estos héroes de tebeo, en los que yo incluyo a los deportistas de élite y a los personajes de ficción de todo tipo, están reflejados nuestros deseos, confesables o no. Y ése es el secreto de su éxito. En un tiempo fueron los dioses, más tarde fueron los atletas o incluso los gladiadores, luego vinieron los caballeros… y así, evolucionando pero representando siempre lo mismo.

Al final, como he escuchado muchas veces, todas nuestras historias son en realidad la misma historia. Todos los héroes de los que oímos o leemos hacen el mismo camino que Hércules o Ulises. Así, no me extraña que haya quien diga que, desde que se escribió el Quijote, todos usamos una parte de ese libro para crear nuestra propia historia.

Os dejo pensando… espero. El jueves se dará a conocer el ganador del premio literario de relato fantástico del concurso de la Asociación Cultural Los espejos de la Rueda, la semana que viene os diré el ganador y con esto me despido, no sin antes volver a invitaros a que leáis literatura de la buena y si es de fantasía mejor. Por cierto, si queréis recomendarme algún libro sólo tenéis que enviar un mensaje al blog del programa o a mi correo electrónico, javienci@hotmail.com. Hasta la semana que viene.