30 de noviembre de 2009

Extranjero 1

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Todo comenzó con aquel gato blanco que apareció de pronto en medio del país de los gatos negros. Nadie supo nunca de dónde vino, aunque siempre que se lo preguntaron él afirmó que había huido de su patria, donde gobernaban los perros, a pesar de ello nadie pudo precisar nunca con rotundidad qué patria era aquélla… había muchos países en el mundo gobernados por los perros. Tampoco se supo nunca cómo había llegado hasta allí. Todos los que osaron preguntárselo en alguna ocasión se encontraron con la misma respuesta: “llegué por la magia de la Necesidad”.

Aunque era un hecho sumamente extraño, porque nunca antes un gato blanco había vivido o pisado en el país de los gatos negros, apenas se le dio importancia en un principio. Un par de titulares en los periódicos y una fugaz aparición en el telediario matinal fueron suficientes para acometer aquel acontecimiento. Años más tarde, cuando todo se desencadenó, hubo muchos que dijeron que el gobierno había querido ocultar a la población la llegada del extranjero para que no saltasen las alarmas sociales.

En aquellos primeros momentos a muy pocos gatos negros les importó la presencia en sus tierras de un gato blanco, quienes investigaron o preguntaron pudieron saber que el país de los gatos blancos era muy pobre, aunque si hubiesen investigado con más rigor o profundidad hubiesen averiguado también que casi todos los países gobernados por los perros eran terriblemente pobres y que muchas de las riquezas su propio país procedían de saqueos continuados durante décadas a las tierras de los gatos blancos.

El extranjero fue pues acogido con aparente respeto y cariño en el país de sus vecinos, los gatos negros, aunque a éste no se le escapó que lo que en realidad se veía en los ojos de una gran parte de sus anfitriones era lástima…

Durante meses, quizá durante años -las noticias de la época no son claras al respecto- el gato blanco vivió acogido por los gatos negros sin ningún tipo de problemas… aunque muchos de sus vecinos más cercanos dejaron de visitarle de buenas a primeras y había muchos más que procuraban no cruzarse con él. Al cabo del tiempo algunos gatos negros empezaron a protestar a sus gobernantes por el trato de favor del que gozaba el extranjero, como empezaron a llamarlo en muchos sitios. Decían desconocer a qué dedicaba su tiempo y afirmaban que aquel gato extranjero vivía mejor que ellos sin trabajar, aprovechándose de parte del dinero que ellos pagaban en impuestos y con el esfuerzo de su trabajo diario. En un principio las autoridades no tuvieron en cuenta aquellas protestas, pero el rumor creció de intensidad y muchos gatos negros empezaron a albergar una profunda animadversión hacia ese extranjero advenedizo que vivía a su costa. Muchos empezaron no sólo a sentir recelo en su presencia, sino a odiarle realmente, aunque nunca se hubiesen cruzado con él en la vida. Además, en algunos círculos y ambientes hubo gatos negros que comenzaron a preguntarse si el acoger al gato blanco tan amablemente no sería una carta abierta a otros muchos como él que quisiesen vivir a cuerpo de rey a su costa…