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Artículo publicado en Diábolo Magazine

29 de enero de 2009

Mandrágora, de Laura Gallego


Parece que he cogido cariño por los escritos de esta joven valenciana, pero es que desde que Jose me ha dicho que C.S. Lewis no se lee levuis, sino luis, me he decidido por procurar hablar siempre que pueda de autores españoles o de habla hispana (para no confundirme al pronunciar sus nombres). Además, qué leches, que me gusta como escribe Laura.

Ayer empecé a leer La orden de Santa Ceclina, de Susana Vallejo, escritora madrileña y barcelonesa de adopción, de la que espero hablar la semana que viene en El bosque de las palabras, a ver si me da tiempo de leerme el libro entero. Lo que llevo leído me ha gustado bastante y además, son sólo doscientas y pico páginas, así que... espero que sí. Después quiero leer el libro de Santyago Moro y así, continuar la estela de los talentos fantásticos españoles que pululan por mi alrededor (a ver si se me pega algo...).

Bueno, que me enrollo, ahí va mi comentario sobre Mandrágora.

Esta semana vamos a hablar de otro de los libros de Laura Gallego, que creo que ya conocen, por lo menos de oídas, los oyentes habituales de tu programa. El libro en cuestión se titula Mandrágora, fue publicado en 2003 y la editorial Pearson Educación sacó estas navidades una reciente edición en tapa dura, que es la que yo tengo en mi casa.

Le he estado dando muchas vueltas a la manera de empezar mi comentario de esta semana, pero por más vueltas que le daba, ninguna de las opciones que tenía me gustaban mucho, así que borré todo lo que había preparado y entre en Google en busca de inspiración.

Hoy día es fácil esto de recopilar información o de buscar datos biográficos sobre un autor determinado, estamos todos más que fichados en esto del Internet. Me pareció evidente el buscar datos sobre la propia Laura, detalles de su biografía que pudiesen resultar curiosos o sorprendentes para el público.

No te puedes imaginar la cantidad de entradas que tiene esta chica en la red, si tecleas Laura Gallego en el buscador de Google, te topas con casi medio millón de entradas. Claro, hazte a la idea de lo que es eso de bucear entre cuatrocientos y pico mil sitios diferentes y encima con lo vago que soy yo… bueno, para acotar un poco más mi búsqueda, tecleé el nombre de la escritora valenciana entre comillas y la búsqueda se rebajó, sí, pero aún eran unas doscientas mil… así que entré en la primera de todas, a ver si había suerte.


Y claro que hubo suerte, porque mira tú por dónde, fui a toparme con la web oficial de Laura Gallego, un lugar, creo, regentado por ella misma. Ahí puedes encontrar casi cualquier cosa sobre esta escritora de tanto éxito entre el público infantil y juvenil de habla hispana. Su biografía escrita por ella misma, sus libros favoritos –por cierto, coincidimos en afirmar que La historia interminable es nuestro libro favorito-, sus gustos musicales, el listado de libros y premios, confidencias… de todo, logrando una interactividad con los lectores que se agranda todavía más con un foro en el que hay registrados cientos de personas.

Pero aprovechando que me topé con todos estos datos en una sola página, te voy a hablar un poco de Laura Gallego antes de hablar de Mandrágora.


Su pasión por escribir le viene de pequeña, aún no te he dicho que Laura nación el 11 de octubre de 1977, por lo que sólo tiene 31 años. A los 11 ya quiso escribir una extensa novela de fantasía y aventuras con su amiga Miriam, tardaron casi tres años en acabarlo y nunca se publicó, seguramente esté en algún recóndito rincón de un viejo disco duro o una moderna memoria USB; el caso es que ahí ya tuvo claro que quería dedicarse a la escritura. Laura acabó el instituto y se matriculó en la universidad de Valencia para cursar filología hispánica, seguía escribiendo sin parar, pero sin publicar nada, hasta que se presentó por enésima vez al Premio Barco de Vapor, con la novela Finis Mundi y ganó el primer premio. A partir de ahí la carrera literaria de esta chica ha sido un torrente imparable, cinco cuentos y dieciséis novelas publicadas la contemplan.

Y, por si esto fuera poco, cuenta con una legión de seguidores que la defienden a capa y espada y se relacionan entre sí gracias a internet.
Quizás ahí radique precisamente el secreto del éxito de Laura Gallego, en dar a los chavales las lecturas que les gustan, con historias en las que se pueden sentir reflejados y además dejar que ellos mismos sean los que las promocionan. Para que te hagas una idea, entré en el foro de su web y pregunté acerca de este libro, en seguida me indicaron que ya había un sitio en el que se hablaba de él… hay más de cien comentarios al respecto.

A Laura le gusta mucho la novela fantástica, el manga japonés, los videojuegos, la ciencia ficción… vamos, lo que le puede gustar a cualquier chaval o chavala de su edad y eso se nota en sus libros, por lo menos en los que yo he leído.

La cercanía de su literatura hace que pueda parecer, en momentos, demasiado sencilla como para ser tomada como buena literatura (aunque creo que ese es su secreto, hacer que parezca sencillo lo difícil), pero te puedo asegurar que consigue el efecto buscado, te pica y logra mantenerte ante el libro todo el tiempo posible, sin aburrirte en ningún momento, aunque logres averiguar el final antes de tiempo, como me pasó a mí con Mandrágora, sigues con deseos de continuar leyendo. Así que… puede que esa sea la buena literatura de verdad.
La historia de Mandrágora es un reflejo en un país fantástico, en un marco medieval, de algo que puede suceder en cualquier instituto del mundo. Una novela perfecta para el público juvenil y adolescente.

Trata sobre la desaparición del sabio Cornelius e la corte del rey Héctor. Como éste no puede estar sin un sabio que le diga frases hechas en latín y le haga parecer algo más refinado ante el resto de reyes, busca un nuevo sabio que supla al desaparecido. El nuevo sabio es Zacarías, que llega acompañado de su hija Miriam y que, sin que el rey lo sepa, ha acudido a la corte con la intención de descubrir dónde está el sabio perdido. Miriam, que es una plebeya, es obligada a acompañar a las damas nobles del castillo de su misma edad y a comportarse como tal, pero claro, ella es la hija de un sabio, ha estudiado y ha visto mundo, mientras que las damas viven en un mundo de lujos, bordados y amoríos nobles.


Aunque Miriam aborrece ese modo de vida, también lo envidia en cierto modo, sobre todo cuando hace acto de presencia el príncipe Marco, del que se enamora locamente, sin hacer caso del pobre Santiago, que es el chico raro de la corte, tan inteligente como ella y mucho menos superficial que el resto. Vamos, como si viéramos una peli de adolescentes, donde un chico o una chica nueva llegan a un nuevo instituto… estas navidades ha tenido mucho éxito en todo el mundo Crepúsculo, que empieza de un modo similar, con una recién llegada a un lugar nuevo.

No voy a contar más de qué va la novela, sólo te voy a decir que me duró una tarde. Lo que sí te voy a contar es una curiosidad más, Laura escribió este libro gracias a los típicos chavales que se pasan el día haciendo el cabra con la moto, a los que por un lado aborrecía profundamente y sin embargo, por el otro envidiaba.


La literatura de Laura es claramente para un público juvenil, aunque he de reconocer que a mí me gusta, a pesar de las grandes dosis de romanticismo con la que la adorna y la clara referencia a un protagonismo femenino. Quizás el secreto esté en saber para quién quieres escribir y por lo que sé, la seriedad de literatura de esta joven valenciana crece a un ritmo casi tan rápido como su lista de libros publicados.

Os recomiendo Mandrágora si queréis pasar un rato agradable con una lectura amena y sencilla.

¡Ah! Y cuidado con el zumo de mandrágora, según quién lo prepare puede servir como filtro de amor o como veneno mortal y la verdad, no sé qué es más peligroso…






26 de enero de 2009

Hago un cameo en un artículo de El País (EP3)


No suelo publicar artículos de periódico en el blog, pero este sí que voy a ponerlo (porque hago un Guest Starring de esos). El caso es que hace unos días recibí un correo electrónico de Irene Serrano, periodista freelance de El País, que estaba preparando un artículo sobre la autoedición y quería tener mi opinión al respecto.

Estuvimos charlando un buen rato, aunque para alguien que está un poco involucrado en esto de la prensa (aunque sea al nivel comarcal que ofrece Almenara 21), era fácil suponer que una larga conversación derivaría en un pequeño párrafo. Bueno, pues no me equivoqué y encima hay un pequeño error en la información que me atañe, pero el artículo está muy bien y es la primera vez que salgo en el País, aunque sea de modo breve, así que... aquí tenéis el artículo de Irene.





IRENE SERRANO 23/01/2009. La Red te ofrece múltiples formas de difundir tu novela, incluso imprimirla, puenteando a los editores y sin perder pasta. España se apunta a la tendencia.

CUALQUIERA que haya querido publicar un libro habrá sufrido en carne propia la dura criba de las editoriales. "A la pequeña editorial que tenía mi familia llegaban unos 300 manuscritos mensuales que no podíamos atender", reconoce el empresario ociocultural Ángel María Herrera; "había que crear un espacio para que cualquiera pudiera publicar su obra". De esa necesidad surgió Bubok.es, la primera plataforma española de autopublicación online y Print On Demand (POD), donde colgar tus obras es tan sencillo como subir una canción a MySpace. Una iniciativa inspirada en la estadounidense Lulu.com que, cinco años antes, nacía del impulso de un autor harto de los caprichosos designios de la industria: "Publiqué Under the radar de manera tradicional, se vendieron alrededor de 20.000 ejemplares y gané la absurda cantidad de 2.311 dólares. Pensé que tenía que haber otro sistema para que la gente hiciese rentables sus obras", resume su ahora consejero delegado, Bob Young.

El mecanismo es fácil. Regístrate y cuelga tu obra previo tunning del PDF original, al que hay que darle formato, añadir una portada y elegir características físicas (tipo de papel, encuadernado, etcétera). De esta selección depende el coste final del libro, al que cada autor le añade el porcentaje de beneficio por unidad —que puede ser de cero a infinito, dependiendo de la estima en que se tenga—. La suma total es el precio al que se pone a la venta el ejemplar; las ganancias se reparten entre el autor (80%) y el sitio web (20%), y se imprimen tantas unidades como se soliciten. Bubok ofrece además la posibilidad de que los lectores lo descarguen de forma gratuita. "Si no vendes nada, no ganas, pero tampoco te supone ningún gasto", comenta Herrera.

Todavía nadie ha ingresado en el Olimpo de las letras por este camino, pero ya existen ejemplos en los que empiezan a vislumbrase beneficios —económicos o no—. Young recuerda el caso de Goh Koon Hoek, autor de un manual —que suelen ser los best sellers de estas editoriales— llamado eStart Your Web Store With Zen Cart que "se ha embolsado unos 84.000 dólares publicándolo en Lulu.com". En España, a otra escala, también tenemos nuestras estrellas, aunque sus éxitos no tienen nada que ver con el dinero. El madrileño Javier Fernández estudió hasta tercero de BUP, trabaja en un supermercado familiar y a sus 30 años ya ha escrito cinco novelas y un libro de cuentos, que también puso a la venta en Lulu.com. "No tenía ganas de patearme Madrid buscando editoriales. Publiqué de esta manera y, gracias a ello, empecé a escribir en un periódico local y a colaborar para un programa de radio junto a un escritor de mi barrio".

Nacho Corredor, un joven catalán que acaba de cumplir la mayoría de edad, se curró el trabajo de fin de curso del último año de instituto como si fuese una tesis doctoral. "Entrevisté a personas que no suelen hacer declaraciones sobre el tema del que escribía —la tregua de ETA de 2006—, como Iñaki Gabilondo". Movido por la teoría generalizada de que lo impreso tiene más prestigio, lo puso a la venta en forma de libro en el portal estadounidense. Lleva vendidos 1.035 ejemplares, que más que dinero, le han proporcionado contactos: "Políticos, periodistas que han ido a las presentaciones... Principalmente, me ha abierto puertas", revela.

También escritores reconocidos han sucumbido a los encantos de la Red. Alberto Vázquez Figueroa ha publicado su última novela como eBook en su página web y como libro de los de toda la vida en Bubok. "Cuando empecé, nadie quería publicarme por una sencilla razón: para editar un libro hay que imprimir por lo menos mil ejemplares, y muy poca gente se arriesgaba a imprimirlos para sólo vender cien, como ocurrió con mis primeros títulos", explica nostálgico. Pero el autor da un consejo a quienes, desesperados, vean que sus ventas online no superan los cien ejemplares: "Uno no puede tener tantísimos lectores con sus primeras novelas. Yo escribí con 16 años Arena y viento, y no fue hasta catorce o quince libros después cuando empecé a ganar dinero, a mis 39".

Si le ocurrió a John Kennedy Toole

—cuya La conjura de los necios (premio Pulitzer 1981) no vio la luz hasta 11 años después de su muerte— o a Gabriel García Márquez —se rumorea que algunos editores catalanes y argentinos rechazaron el manuscrito de Cien años de soledad y que, incluso, se le recomendó que abandonara la prosa en favor de la poesía—, no es descabellado pensar que más de una obra maestra haya acabado en la basura del departamento de marketing de alguna editorial. Con la Red, los malos escritores seguirán siendo malos, pero al menos su suerte no dependerá exclusivamente de la crueldad de un editor.

22 de enero de 2009

El Poema de Gilgamesh



Estoy convencido de que, con las pistas que di el otro día, más de uno habrá acertado que iba a comentar el Poema de Gilgamesh. Sé que no es un libro fantástico al uso, pero después de leerlo, he llegado a la conclusión de que sería uno genial. Y además, es la primera gran epopeya escrita de toda la humanidad, ¿cómo no iba a homenajearla quí?

Esta semana me ha costado encontrar un tema, un libro o un autor sobre el que hablar… primero pensé en contar a los oyentes la espléndida y novelesca biografía de Tolkien, que parece una novela en sí misma, aunque como hablé de él la semana pasada, decidí dejarlo para otro día.

Después me planteé hablar sobre la última novela de Laura Gallego que he leído, por cierto, me duró una tarde, Mandrágora se titula. Con esta chica me pasa algo extraño, siempre pienso, al iniciar sus novelas, que su narrativa parece escasa o incluso, si se le permite la licencia a un novato como yo en esto de la crítica, un poco simple; pero termino cautivado con sus historias, me olvido que estoy leyendo y me enfrasco en la lectura hasta que las termino, así que, supongo, ha dado en el clavo, sabe conjugar texto y formato, de modo que uno lee sin más, sin ponerse a pensar que lo está haciendo. A lo mejor ése es uno de sus secretos a la hora de atraer a miles de lectores en todo el mundo, sobre todo adolescentes.

También tengo pendiente por ahí una historia con la que me topé hace unos meses en el Mundo, una que hablaba sobre la relación de amistad entre Bram Stoker, creador de Drácula y Oscar Wilde, escritor de El retrato de Dorian Grey, o de mi cuento favorito, El príncipe feliz; con un robo de novia en medio, pero también lo voy a dejar para otro programa.

Y cómo no, el día después del doscientos aniversario del nacimiento de Edgar Allan Poe, el inventor del relato detectivesco y uno de los padres de la Fantasía moderna, también pasó por mi cabeza el hablar, aunque fuese levemente, de este gran escritor que murió a los cuarenta años de la borrachera más grande que nadie se haya cogido nunca antes en el mundo, aunque según leí ayer en un reportaje, su muerte es aún un misterio, lo que parece atestiguar una vida tan extraordinaria y extraña como sus propios textos.

Pero al final me he decantado por un libro que llevo leyendo de poco en poco desde diciembre, dejándolo de vez en cuando para enfrascarme en otras historias, pero que me tiene totalmente embaucado, además, me he propuesto responder a una de las preguntas que les sueles hacer a todos los escritores invitados a tu programa.

Antes de darte el título de este libro, que podría ser el primer relato fantástico de la historia, quiero que sepas la pregunta en cuestión. Sueles preguntar a tus invitados por qué escriben y la inmensa mayoría te responden que porque lo necesitan, a lo que sueles pedir otra explicación…
Pues voy a responder por todos ellos y te voy a asegurar que es cierto, necesitan escribir, necesitan contar a los demás aquello que tienen en su interior. Y eso ha sido así desde que el hombre es hombre.

Todo empezó de una forma oral, imagino que allá, en las lejanas cavernas de las que todos procedemos, los hombres ya contaban a otros hombres lo que su creatividad les instaba a narrar. Ya fuera por explicar hechos que para ellos se hacían inexplicables, para enseñar a los novatos qué peligros se podían encontrar en los bosques o las sabanas, o incluso para que el hombre nunca más olvidase cómo se encendía el fuego. Las narraciones pasaban de generación en generación y los escritores-oradores de entonces eran quienes se encargaban de ello, procurando que la esencia de los relatos no se perdieran, aunque fuesen adornados por su propia imaginación.

Ése es el origen de los cuentos, las canciones, las mitologías, las religiones…

Pero llegó un momento en el que la tradición oral no fue suficiente, la humanidad se asentó, aprendió a escribir y comenzó a reunirse en grandes urbes allá por la zona de Mesopotamia, entre el Tigris y el Éufrates… allí, en lo que hoy es Irak, la cuna de nuestra civilización se escribió el primer poema épico del que tenemos constancia, o lo que es lo mismo, la primera novela fantástica de la historia: El Poema de Gilgamesh.

Durante años se creyó que Gilgamesh era un ser mítico, aunque hoy día parece probado que es en realidad una figura histórica real, sin embargo, las doce tablillas de barro que componen el grueso de esta historia recogen la primera gran epopeya literaria de la humanidad.


El texto es un compendio de poemas míticos realizados en torno a la figura de Gilgamesh, rey de Uruk la cercada, la de las amplias puertas, una de las primeras grandes ciudades de la humanidad, que vivió hacia el 2650 antes de Cristo. Por su calidad y por el interés que despertaron en su tiempo, estos poemas acabaron por conjuntarse en un todo argumental. Una vez que la civilización sumeria fue tragada por el paso del tiempo y por otros imperios y ciudades, la historia de Gilgamesh desapareció con ella, hasta que en 1872, George Smith lograba descifrarla y devolverla a la literatura universal y a la propia humanidad.

Los estudiosos podrán decirme que estoy loco al pensar en el Poema de Gilgamesh como una historia fantástica, pero es que tiene todos los ingredientes. Un héroe tan imponente como Hércules o tan sabio como Ulises, un amigo fiel, Enkidu, que le acompaña en sus imposibles aventuras. Luchas con monstruos infernales, como Khumbaba, el guardián del Bosque de los Cedros, dioses y profecías, acción y una búsqueda de la inmortalidad que parece haber acompañado a la humanidad desde siempre, ¿no parece una novela de Fantasía?

La edición que tengo yo, tiene añadido un estudio preliminar, la traducción de diferentes idiomas de las tablillas descubiertas y notas explicativas. La verdad es que leer El Poema de Gilgamesh es una delicia. Y estoy seguro de que explica eso de que los escritores tengan necesidad de escribir, de contar. Porque es una muestra más del gusto de los hombres por narrar aventuras y acontecimientos.

Además, nos hace recordar de dónde venimos… aunque eso no siempre significa que vayamos a saber hacia dónde vamos.

20 de enero de 2009

Esta tarde a la misma hora.


Esta tarde también se emite (como casi todos los martes, menos cuando hay una fiesta gorda) El bosque de las palabras, el genial y premiado programa de radio del escritor Francisco Legaz Nieto.

La emisión comienza a las 18.00 y concluye a las 20.00. Si tienes Windows XP puedes escucharlo a través de la emisión en directo de Radio Morata. A eso de las 19.00 saldré yo, a través de la línea telefónica, para hablar de la primera novela fantástica de la historia... no, no es la Biblia, aunque también es una genialidad fantástica. Escuchad esta tarde el programa y os enteraréis de qué libro voy a hablae, será interesante (espero).

Pero el programa en sí será la mar de interesante (y eso no lo espero, lo sé). Francisco estuvo la semana pasada con Rosa Regás y grabó para nosotros su conversación. Además, en directo en el estudio de Morata de Tajuña estarán las escritoras Carmen Cordero y Nieves Garrido. Y mi viajera favorita en el programa de Francisco, Rosalía, se ha vuelto a marchar a París, ¿de quién nos hablará?

Pues eso, chicos y chicas, que espero que os perdáis todos y todas en las palabras que conforma este bosque radiofónico tan especial que aparece todos los martes a eso de las seis de la tarde.

15 de enero de 2009

Una amistad extraordinaria


A finales de año terminé de leer dos libros de Fantasía, que hicieron no sólo confirmarme lo que me gusta este tipo de literatura, sino que además me hicieron pensar de lo lindo… aunque no precisamente por sus textos, que también podrían haberlo hecho de por sí.

Uno es El león, la bruja y el armario, de CS Lewis, uno de los siete que componen la famosa saga, gracias a la Disney, de las Crónicas de Narnia y el otro es Las aventuras de Tom Bombadil, el libro que Tolkien publicó a petición de una tía suya, que no es más que una recopilación de poemas y canciones relacionados en su mayoría con hechos o criaturas recogidas en El Señor de los Anillos u otras obras suyas relacionadas con la Tierra Media; cuyo nombre, me he enterado gracias a la genial Wikipedia, proviene de Midgar, que es la ciudad que los dioses crearon para los hombres según la mitología escandinava.

Después de leerlos me dio por leer las biografías recogidas en Internet de estos dos colosos de la literatura fantástica… bueno, John Ronald Reuel Tolkien es mucho más que un coloso literario, fue situado por la revista Times en el sexto lugar en cuanto a literatura británica se refiere y además es para todo el mundo, el padre de la alta Fantasía moderna… y para mí, también. Más grande incluso que el creador de Conan el Bárbaro o escritores de talla y éxito internacional. Si preguntas por ahí el nombre de un escritor de literatura fantástica, el 80 por ciento de los encuestados responderán, con casi plena seguridad, el nombre del padre de Frodo, Bilbo y compañía.

Había oído por ahí que Tolkien y Lewis eran colegas y que el creador de El Hobbit criticó duramente al de Narnia cuando leyó su libro… y sí, efectivamente, estos dos grandes eran amigos, pero su amistad era mucho más profunda de lo que yo sospechaba y si alguno criticó al otro sólo fue dentro de la enorme confianza que se tenían entre sí. Aunque por lo visto las discusiones entre ambos escritores, profesores y amigos eran de órdago y no solían hacer enemigos, como se suele decir. El propio Lewis comentó después de la desaforada crítica de Tolkien de su primer libro sobre Narnia que no pasaba nada, que su colega sólo necesitaba una buena bofetada para entrar en razón.

Muchas veces pienso que los escritores no sólo son grandes por su labor o sus textos, sino también por su entorno y amistades. Como si el relacionarte adecuadamente o en un ambiente propicio a tu forma de expresarte, ayudase a la creación y mejora de tu obra. Sí, hay pocos escritores buenos (aunque seguro que tú conoces muchos casos), que hayan sido muy conocidos o reconocidos y no hayan tenido a su lado a amigos escritores, confidentes artistas o enemigos declarados con talentos tan grandes o mayores que los suyos. Un buen escritor siempre crece gracias a la gente con la que se rodea y en muchos casos no crearía lo que crea o de la manera que lo hace si fuera incapaz de contarle a nadie lo que piensa hacer… creo que me estoy explicando ¿no?

A mí, sin ir más lejos, me viene genial mi amigo Jose, porque contarle lo que planeo escribir o escuchar sus críticas, me ayudan a continuar adelante, Telluón hace ya tiempo que habría sido una tierra incompleta de no ser por nuestras largas charlas sobre las aventuras de Galraím. Pero hay más, no sé, los escritores de la Residencia de Estudiantes son el mejor ejemplo de un entorno adecuado o amistades necesarias para crear, Góngora y Quevedo también, pero en el caso de las enemistades que hacen crecer tu ingenio para insultar o menospreciar al contrincante.

Tolkien y Lewis son un caso excepcional. Los dos eran profesores en la universidad de Oxford y amigos de juventud, formaban parte del grupo de pensamiento y cruce literario de los Inklings, un grupo de amigos que se reunían para debatir, charlar, recitar poesía, comentar a los clásicos medievales o narrar al resto sus propias ideas, literarias o no. Aquí germinaron buena parte de las historias sobre Narnia o la Tierra Media. De hecho, fue el propio CS Lewis quien aconsejó a Tolkien el que publicara El Hobbit, quién sabe si nos habríamos quedado sin conocer la historia de Bilbo, Frodo y la Tierra Media de no ser por esta recomendación.

Pero la amistad entre estos dos no se limitó al marco literario, no. Tolkien ayudó a Lewis a encontrar esposa, aunque más tarde le recriminó que, tras encontrarla, se hubiese alejado levemente de los amigos. La verdad es que, por lo que he leído aquí y allá, las discusiones entre estos dos amigos hasta la muerte tenían que ser impresionantes… lo que decía antes de la confianza.

Además, Lewis era ateo y entre algunos de los miembros de los Inklings, Tolkien incluido, favorecieron el que éste se convirtiera al cristianismo, aunque después la disputa vino porque eligió el anglicanismo en vez del catolicismo, Tolkien era un católico creyente y practicante y esto no le sentó demasiado bien. De hecho, dicen que El señor de los anillos está repleto de simbología católica, apostólica y romana.



Nadie critica a Tolkien por eso, porque sus símbolos parecen estar muy bien escondidos y no es sino una lectura muy rigurosa y un estudio muy preciso lo que hace que uno sea capaz de encontrar dicho simbolismo. Sin embargo, la obra de Lewis es mucho más facilona y sus símbolos están dispuestos para todos los públicos y a simple vista, lo que le generó también la crítica de su amigo. Estos dos, está claro, siempre estaban discutiendo y peleando por todo. Incluso hace un par de años, cuando se estrenó en cine la primera de las películas sobre Narnia, hubo muchos comentarios sobre esta simbología cristiana incluída en la obra de Lewis. Claro que si no los buscas, no los encuentras. Por ejemplo, Aslan, el rey de Narnia, el hijo del mago que vive más allá del océano, representa a Jesucristo y su sacrificio sirve para salvar el reino, aunque después resucite y venza la batalla frente al mal.

El primer libro fantástico de Lewis es El regreso del Peregrino, que por cierto me he pedido en la carta para Navidad, y el subtítulo del libro es claramente un mensaje claro y meridiano: “una apología alegórica del cristianismo, la razón y el romanticismo”.

Las obras de estos dos escritores son fantásticas sí, pero son opuestas y muy diferentes, lo que ya en sus tiempos ocasionó más disputas y amargas batallas dialécticas entre ambos. El mundo recogido por Tolkien en sus libros, que voy a enumerar, aunque mantengo pendiente mi idea de dedicar un día a este escritor tan fantástico, que tiene una vida de lo más novelesca en sí mismo, El Hobbit, El libro de los cuentos perdidos o el Silmarillión, Los cuentos inconclusos, El señor de los Anillos, Los hijos de Hurin o Las aventuras de Tom Bombadil, están escritos por un erudito que busca no sólo la perfección en su obra, sino que crean y recrean un mundo propio y privado, en el que todos los personajes, situaciones, conflictos y lugares son propios de Arda, el mundo Tolkienano, sin referencias a nada más. Además, están escritos para adultos, aunque los jóvenes disfruten también con su lectura.


Los libros de Lewis son diferentes, por lo menos Las crónicas de Narnia están escritas para niños y narrados a modo de cuento. Incluye a niños que llegan a un mundo fantástico, animales que hablan, una bruja… incluso aparece Papá Noel por allí. La narración hace continuas referencias a capítulos, como para recordar que estás leyendo.

La verdad es que son buenos los dos a su manera y a mí me encantan tanto uno como el otro, aunque me esperaba algo más de las Crónicas. Incluso al acabar tuve la sensación de que, por una vez, la película, sin ser una obra de arte, era más completa que el libro.

En fin, que son dos escritores que hay que leer si quieres ser un buen lector de literatura fantástica.

Y como recomendación… que os leáis los libros por lo que son y por lo que cuentan y no por los símbolos o las creencias que ocultan.

Creo que la semana que viene será la que dedique en exclusiva a Tolkien, ya veré…




12 de enero de 2009

Pasaba por aquí


Pues eso sí, que pasaba por aqui y he decidido pasar a saludar, para que luego digáis, si es que soy más majo... esta mañana he escrito un cuento sobre las religiones, un cuento que seguramente presente a algún concurso por ahí, ya os contaré que tal. Nada, que hoy no me apetece escribir mucho más por aquí, sólo pasaba a saludar. A intentar cumplir con las promesas dadas (o por lo menos con algunas de ellas).

9 de enero de 2009

Miradas Infinitas


Ahí os dejo el poema ganador del concurso, yo aún no me lo explico, pero al jurado, por alguna extraña razón que escapa a mi intelecto lo consideró merecedor del primer premio. Para qué os voy a engañar, a uno, cosas así, le sientan la mar de bien.


Miradas infinitas, ensueños.
Noches eternas de insomnes desvelos,
perenne agonía, rincón apartado,
pozo sin sombra que oculte mi cuerpo
y evite que se abrase con el ardor
de tus ojos de noche, donde me pierdo,
donde me pierde el deseo.

Quiero escapar de ti,
mas a ti me acerco.
Quiero dejarte atrás,
pero me sigues en sueños.

Vivir, morir, soñar o sentir,
Tanto da, pues soy incapaz de
borrar tu recuerdo.

Condena. Condenado soy a morir en tus besos
o dejarme llevar al infierno de una vida sin ti,
sin mis sueños.

No sé si podré vivir o será mejor morir cuerdo.


8 de enero de 2009

Ni una semana


Pues eso que os digo, que como ya indicó el amigo Cohen (Dani para los colegas) en un comentario escrito en mi anterior entrada, ya he faltado a mi promesa para este 2009 en varias ocasiones. El asunto era muy sencillo, sólo se trataba de escribir algo diariamente por aquí (en mi fuero interno pensaba escribir algo literario, no sé, acabar el cuento que empecé, seguir alguno de los libros que tengo pendientes... lo que fuera). Pero no y esta es la segunda vez que escribo en 9 días...

Pero es que he estado ocupado (no demasiado, esta vez no me puedo quejar). Como llevo ya tres semanas sin salir en el Bosque de las Palabras, tengo preparado el programa desde el año pasado y claro, uno se hace vago y no le da por escribir demasiado. El tema del periódico está en espera de una reunión de "personal" que hay esta misma tarde para cogerlo con más fuerza y más ganas; y el programa de Radio que hacemos Jose y yo tampoco se ha emitido durante las fiestas, así que... hasta el jueves que viene no podréis escuchar nuestras locuciones radiofónicas en torno a la literatura, los libros y los escritores.

Pero buen, he decidido que estaba bien eso de venir a saludaros un rato y a deciros que todo está a la espera de recibir un fuerte impulso por parte de la única persona que me puede impulsar de verdad a hacer las cosas. ¿Sabéis quién? Pues sí, ese mismo, yo.

Así que, a ver si me acabo el truño que me estoy leyendo para empezar el año (la verdad, lo siento por Jane Austen, pero Orgullo y prejuicio es un coñazo...) y me pongo a ello, que al final no voy a aprovechar el tiempo y se me va a fugar el tiempo en contaros lo vago y lo dejado que soy...

Hala, hasta la próxima.

Por cierto, como habéis sido muy buenos, os voy a dejar por aquí la poesía con la que gané el concurso de la Mancomunidad los Pinares, hala. A partir de mañana la podréis leer en estas mismas entradas.

Chao.

PD. Estas navidades sí que sí, tres quilitos que me he metido pal cuerpo (y no precísamente de euros, no).

2 de enero de 2009

Un año perdido en las Cook


Bueno, ya sé que me he enrollado demasiado, pero es que tengo tantas cosas que decir...

Feliz año nuevo a todos (y espero que alguien pueda hacer valer en este 2009 ese apelativo que suele acompañar siempre al año nuevo, eso del próspero… aunque creo que este 2009 tendrá de todo menos prosperidad… en fin).

Llevaba varios días con esta entrada en la cabeza, de hecho, quería haberla colgado (y escrito) antes de fin de año. No sé, el día 30 o 31. También pensé en hacerla después de las uvas, en la confortabilidad del salón de mi casa después del huracán de la cena (que no logró devastar completamente mi nevera), incluso me planteé escribirla ayer tranquilamente, en el día de año nuevo, para cumplir con uno de mis propósitos de 2009 (sí, tengo “un” propósito de año nuevo, que seguramente dejaré de cumplir en una o dos semanas, si llego. De momento empecé faltando a mi promesa el primer día del año, porque no escribí nada).

Pues eso, que he decidido escribir todos los días del año, aunque sólo sea una frase o un párrafo. Algo. Como podéis apreciar sólo con mirar la fecha de esto que escribo, ya he faltado a la promesa el primer día, así que…
Bueno, voy al grano, que me enrollo. Sólo le he pedido una cosa a este año que empieza. Virgencita, virgencita, que me quede como estoy. Sí, porque me parece que va a ser un año chungo y si logro pasarlo como 2008, ya iremos muy bien apañados.

El año 2008 ha sido genial para mí. No sólo he logrado superar un año más de matrimonio (lo que en los tiempos que corren ya es todo un logro), sino que además hemos celebrado el primer año de Moisés, sus segundas navidades… y se ha cumplido una de mis peticiones del año pasado, que mi hijo siga sonriendo casi siempre. Bueno, ahora está un poquito llorón porque está con anginas el pobre, pero incluso con 38,5 de fiebre el tío sabe sonreír y gastarte una de sus bromas (tengo un genio, como no se estropee va a ser la bomba el niño este, ya lo veréis, con menos de un año y medio ya es capaz de vacilar a su padre cuanto quiere y de hacer bromas y todo, ¡qué tío!).
También ha sido un año de explosión creativa.

Sí, ya sé que no he escrito ningún libro nuevo (aunque tengo seis o siete empezados), tampoco he escrito demasiados cuentos (aunque he hecho alguno) y que no me he prodigado demasiado literariamente hablando, pero es que no doy más de sí (a lo mejor sí, tendré que probar). Os cuento, porque hay tela que cortar.
En primer lugar ya he cumplido un año como redactor jefe de deportes de Almenara 21 y espero que siga muchos más, porque es una experiencia genial (aunque mi curro en el Super no me deje desarrollar mi labor periodística como Dios manda, porque no puedo ir ni a la mitad de los sitios que debería).

También, gracias a mi premiado amigo Francisco Legaz (su programa de radio ha sido galardonado con el premio al mejor programa cultural radiofónico de la Comunidad de Madrid, enhorabuena Francisco); lo que os decía, gracias a Francisco no sólo fui entrevistado en Radio Morata (y en la radio por primera vez en mi vida, una experiencia genial que os recomiendo a todos los que tengáis algo que decir), sino que además tengo mi propia sección en El bosque de las palabras (el programa premiado) sobre literatura fantástica, ¿qué más le puedo pedir a Francisco? Así que también salgo en la radio como “experto” literario (jejeje).


Pero es que además, gracias a Francisco me entró el gusanillo de hacer radio yo también y tras muchos dimes y diretes hace unos dos meses salió “on air” Castillos en el Aire, el programa de libros y escritores de Radio 21 (la radio de la Sierra Oeste de Madrid), emitido desde los estudios de Pelayos de la Presa.

Más que un programa, de momento es una sección del programa matinal de Radio 21, aunque espero que crezcamos tarde o temprano (porque si queremos quitarle el premio a Francisco en 2009, tenemos que crecer más…). Lo mejor del programa es que lo hago con Jose Luis y nos lo pasamos pipa haciéndolo (y nos sirve de excusa para irnos de pingo a Madrid, visitar librerías, conocer escritores, vamos, una pasada. En el proyecto también está incluida Silvia (mi cuñada, que ha sido elegida a dedo), pero de momento está en la reserva (es nuestra arma secreta).

Castillos en el aire también crece a través de Internet (esto de la Red es la leche). Ya tenemos un blog del programa (donde colgamos otras cosas que grabamos a nuestro aire, saludos, poesía, vídeos, de todo), una red social propia (tipo Facebook) y un montón de amigos de todo el mundo, ¿no es genial?


Sigo con los niños del fútbol sala, aunque creo que, o cambia la cosa, o este año va a ser el último de la escuela y del equipo del AD Encinar del Alberche, ya veremos, porque es un asunto espinoso y difícil.

También me he liado hasta el infinito con esto de los blogs. Ya rondaba por mi cabeza el hacer una web o algo así para mis cosas, pero lo de las bitácoras me ha enganchado (y de qué forma). Todas esas horas invertidas en la red son las que han hecho que no haya escrito tanto como acostumbro. Yo me pongo la excusa de que son para “hacer muñeca”, vamos coger más práctica a la hora de escribir (que puede ser), pero es que me tienen tan cautivado que no sé si algún día podré “desengancharme” de la droga del silicio. Empecé con este blog (No me cuentes más cuentos), para mis cosas y demás.

Después creé el blog de Ediciones JF2005, mi editorial ficticia, que en breve publicará el segundo volumen de Cuentos para leer debajo de una encina (un concurso que este año contó con el respaldo de Almenara 21 y Radio 21 y creció un 200%, teniendo participación de toda la Sierra Oeste y de allende sus fronteras), este año además el libro de cuentos tendrá beneficios que irán destinados a una ONG (creo). Después me propuse hacer un blog sobre el equipo de fútbol (¿por qué decimos fútbol si jugamos al fútbol sala?), que podrán tener un éxito enorme, pero que esta temporada tengo un pelín abandonado por falta de ganas y alicientes.


Pero luego vino la revolución, adopté a Plyngo (en realidad fue en diciembre de 2007, aunque ha sido en 2008 cuando se ha dado esta metástasis rosa y saludable por la red). Plyngo es un dinosaurio rosa de peluche que siempre va conmigo en la furgoneta (que también cambié este año pasado, antes tenía una Jumpy y ahora tengo unaTraffic, buen cambio). El caso es que hice un blog para comentar las noticias que me sorprendían y se me ocurrió que Plyngo podía ser un buen comentarista de la actualidad (di en el clavo, once mil visitas y pico así lo confirman), pero no me quedé ahí, después de Plyngo and Me, hice otro sobre deportes, cine, libros (en el que comento los libros que nos leemos en la Isla), escritores, niños y hasta uno sobre la Sierra Oeste Madrileña (que suele ser de las primeras que aparecen en Google sobre el lugar en cuestión).

La historia de Plyngo y sus amigos del CIPCOA (Asociación Internacional de Peluches) es un invento divertido con el que critico la sociedad a mi antojo (aunque os digo que cada peluche tiene personalidad propia y procuro que no digan algo contrario a sus ideas, a veces parecen tener vida propia, sobre todo Plyngo).
Por eso es por lo que digo que llevo un año perdido en las Cook, porque me paso horas y horas buscando noticias, fotos, entrando en foros, blogs… y no hago tras cosas que solía hacer. He hecho muchísimos amigos blogeros (y espero que en 2009 esto se multiplique aún más).

En este año también me ha dado tiempo para ganar dos concursos literarios, participar en dos más y ver cómo perdían mi cuento en otro (cosas que pasan).

Este 2009 espero escribir mucho más y participar en algún concurso allende las fronteras de la Sierra Oeste. Gané (por segundo año consecutivo) el concurso de relato de Navas del Rey y monté un circo en el premio literario de la Mancomunidad los Pinares (gané el de poesía y el de carta, quedando segundo en el de cuento). Bueno, también me han pasado muchas otras cosas más o menos agradables, aunque en general 2008 para mí ha sido un año bueno (por eso lo de quedarme como estoy en 2009).

Si alguien ha llegado hasta aquí enhorabuena, no creía que a nadie le interesaran tanto mis palabras.


Y antes de despedirme una promesa, este año sacaré un nuevo libro, por lo civil o por lo criminal, ya veremos cómo lo consigo.