28 de enero de 2010

La Noche del Cetrero 6


Ambos callaron un instante y después se rieron a carcajadas. Por un instante olvidaron las preocupaciones, la guerra, la muerte que se avecinaba inclemente, sus miedos… por un minuto olvidaron quiénes eran y se entregaron al compañerismo, a la amistad, a los recuerdos de cuando sólo eran dos aprendices de guerrero y todo era mucho más sencillo, para Roland fue una revelación aquel abrazo y aquellas risas, fue la constatación de que su rey era un hombre, como él, sólo un hombre que precisaba de consuelo como el niño lloroso que busca a la madre o el amante que se encuentra con su amada perdida. Aquella noche, Roland aprendió que los nobles eran hombres, solamente y eso fue algo que no olvidaría nunca.

Tras ese remanso de paz, Rigrard y Oerges hablaron largo y tendido sobre el irremediable avance de los Drauks, sobre la endeble defensa que podían trazar para contener en la medida de lo posible a los diablos y dar una leve oportunidad a los reinos interiores para prepararse ante su llegada, aunque ambos coincidían en que no había nada que hacer, el mundo civilizado estaba perdido. Según las informaciones de Rigrard, los demonios se contaban por millares, nadie sabía de dónde habían surgido y muy pocos afortunados habían salido con vida de un enfrentamiento directo con ellos. El propio general se había enfrentado a los monstruos y había sido el único superviviente de una mesnada de cincuenta hombres, matar a uno sólo de esos engendros era una tarea inmensa, enfrentarse a un ejército de ellos era impensable.

-Y sin embargo, tiene que haber alguna forma de matarlos. No puedo creer que estemos condenados.

-Eso creía yo Oerges, pero he luchado contra esas fieras, créeme, no hay modo alguno de detenerlos, ni por mediación de la magia ni de las armas. Si les arrancas un miembro les vuelve a crecer, sus heridas se cierran en segundos, las estocadas sólo los detienen unos minutos, sólo mueren si consigues cortarles la cabeza y resulta casi imposible hacerlo para un hombre…

-¿Y los rezos y cruces que pregona tu hermano?

-Pregúntale a él. Llevamos con nosotros a tres hermanos de su orden sacerdotal, iban armados con sus cruces y con sus aguas bendecidas, iban vestidos de blanco inmaculado y conocían los ruegos, los rezos… eran lo mejorcito de su iglesia. Además, he de admitir que eran valientes y tenían una fe ciega en su Dios… pero éste les dio la espalda. Su osadía les llevó a adelantarse a nuestro ataque, te repito que su fe era ciega, no tenían discernimiento propio, mi hermano les había lavado el cerebro de tal forma que realmente pensaban que detendrían a los engendros. No vieron que ante ellos se erguían bestias de músculos imposibles y casi tres metros de altura, no vieron sus garras afiladas ni sus colmillos, no vieron que se les venía encima la muerte. Murieron de una manera atroz… y sus túnicas cayeron empapadas en sangre.

-Y aun así continúa en sus trece, ¡maldita sea!

-Lo sé, creo que él también cree firmemente en lo que dice…

-Vayamos a asuntos más importantes por el momento. Acabo de recibir un mensaje de Rögar, los Drauks están a menos de una jornada de viaje de Bidum, no creo que sobrevivan al amanecer y no hay forma de avisarles, la noche ha caído…

-¡Maldita sea! –ahora fue Rigrard el que maldijo- no podemos dejar que los aldeanos sean sorprendidos por los Drauks, será una masacre y Rögar no puede abandonar su puesto...

-No creo que Rögar esté vivo… su mensaje era apresurado y estaba teñido de sangre… -el rostro de los dos hombres se ensombreció ante la constatación de la pérdida de un hombre como el capitán de los puestos fronterizos avanzados, uno de los guerreros más cualificados de Sarberk.

-¡Eso no quiere decir nada! –argumentó Rigrard, más intentando convencerse a sí mismo que pensado realmente en lo que decía- Rögar es un guerrero experimentado, seguro que no se dejará matar fácilmente… volverá. Deja que envíe a dos de mis guerreros a avisar a la aldea de Bidum…

-Sabes que no se puede salir del castillo en noches de luna llena.

-Esos hombres se han enfrentado con demonios y engendros que harían empalidecer a los Habitantes de la Luna, podrán atravesar el bosque y llegar a tiempo a Bidum…

-No, no podrán hacerlo y lo sabes. Nadie ha atravesado el bosque de noche y con luna llena, ni siquiera los Drauks osarían hacerlo. Además, necesitamos a todos los hombres disponibles en Sarberk para resistir todo lo posible ante los Drauks, no podemos perder un solo combatiente. La suerte de Bidum está echada.


La resignación y el desánimo se adueñaron del salón, un frío muy superior al de la noche invernal se instaló en la estancia, los dos hombres cerraron los ojos y hundieron sus hombros, Oerges incluso murmuró una oración pagana por los caídos, por los inocentes que morirían en la aldea, por las víctimas de los demonios que poblarían los suelos pisoteados de Bidum.