23 de enero de 2010

Llanto por Haití


Alaridos sofocados por escombros,
cenizas negras,
lluvia empedrada de agonía
cayendo furiosa sobre un blando firme ya enlodado,
muerte,
dolor terrible,
pena y llanto,
miseria, gritos que por fin son escuchados
cuando ya es tarde,
como rescoldos apagados
de una llama consumida
avivados de repente,
efímeras ayudas llegando apenas
y muriendo casi al punto de nacer,
dejando leves suspiros a su paso,
desolación,
derrota,
tristeza y mugre,
deshonra de los hombres,
niños perdidos por las calles derruidas,
tambaleados por el temblor grabado en sus entrañas,
ojos que apenas abiertos ya han visto demasiado,
olor insano aferrado para siempre en sus retinas,
calores insufribles sin forma de apagar la sed,
sin sentido, sin respuesta ni esperanzas,
un pueblo apaleado hasta la muerte,
visto sólo a través del grito aireado
por los escombros sangrientos y enlutados,
que su estridente alarido de pesares,
su agonía,
no sea otra noticia ya pasada,
no se torne en un suspiro contenido,
no se olvide,
que no la desterremos a la sombra
de nuestras conciencias blanqueadas por limosnas,
olvido,
desastre,
pueblo roto,
que las cenizas negras se te impregnen
y no nos dejen olvidar tu pesadumbre,
nación mutilada: suelta el llanto,
que todos sepamos de una vez
sentirnos responsables de este mundo
y no dejemos que una nación sea tan pobre
como para no poder dar aliento a sus familias,
aprendamos de una vez
que todos tenemos parte en esta culpa,
en esta muerte,
en esta tragedia de gris y desamparo.



23 de enero de 2010

Ya os he comentado en muchas ocasiones que no considero que haga buena poesía, sólo me pongo a juntar palabras, pensamientos, sentimientos... y bueno, pues eso, que prefiero no sentir demasiado lo que escribo. He intentado alejarme todo lo posible de la catástrofe de Haití, no he profundizado demasiado, no he visto demasiado las noticias... no sé por qué, pero ver a los niños o pensar en ellos caminando por las calles derruidas de su país, totalmente desorientados me duele en lo más hondo. Por eso hoy he decidido escribir estos versos. Bueno, en realidad no lo he pensado, simplemente esta mañana, mientras conducía, se me ha venido a la cabeza la figura de la Ceniza Negra... y ya no he podido parar, he cogido mi cuaderno, me he parado en un lado de la calle y me he puesto a escribir... en fin. Aquí tenéis el pobre resultado.

He de decir que hoy, al acabar, me ha pasado algo muy extraño que no me suele pasar nunca cuando escribo poesía (o muy pocas veces), al terminar me he sentido mal, vacío, desolado... casi hasta con ganas de ponerme a llorar. No sé si en el poema digo todo lo que siente, pero creo que algo de mí se ha quedado en él. Os dejo un pedazo de mi lamento por Haití, que no es el más ruidoso, ni el más solidario, ni el más sentido, es simplemente el mío.

Aunque hago extensible este lamento a los países que ahora mismo tenemos olvidados por la primicia del terremoto, no podemos olvidarnos de ninguno, como digo entre mis versos, estamos obligados a acordarnos...

1 comentarios :

Encarna Martínez dijo...

Eres como... (cada uno que rellene el espacio como prefiera): estás por todas partes. Jeje.
Lo importante en este caso, Javi, es lo que uno tiene en el corazón, creo yo. Lo que es capaz de sentir ante el dolor ajeno y expresarlo para compartir y, en cierto modo, para buscar la solución que uno no es capaz de encontrar si no es por la solidaridad. A veces amarga la desolación que se siente ante la impotencia y uno se paraliza; como tú haces, creo que tenemos que luchar por vencerla y así lograr un objetivo positivo.
Encarna.

PD: el color impide leer bien el poema, ¿lo puedes cambiar?