17 de febrero de 2010

La Noche del Cetrero 9

-¿Qué es lo que crees que estás haciendo jovencito?

-Yo… esto… me… estoy…

-Es evidente lo que estás haciendo Roland, ¡no soy estúpido! ¡Por todas las deidades del panteón pagano! –rugió el anciano, que solía esgrimir muy a menudo frases que podrían haberle llevado a la hoguera con un mero deseo de Laundrat, pero que siempre gritaba a los cuatro vientos sin tener en cuenta quién estuviese a la escucha-. No es eso lo que te estoy preguntando. ¡¿Qué estás haciendo?!

Roland era incapaz de sostener la mirada del cetrero, sabía que el anciano leería en su mente, como hacía siempre, no había forma humana de engañar a aquel hombre, siempre sabía lo que uno tramaba o pensaba. Margall era tenido en Sarberk por algo más que un simple cetrero o un sabio, muchos afirmaban que pertenecía a una estirpe antigua de hechiceros, aunque nadie había visto jamás su magia. A Roland le bastaba ver el modo en el que los animales le atendían para saber que, de algún modo, aquel viejo era un mago, quizás parte de su sangre perteneciese al propio Bosque… algo que también se rumoreaba por el castillo.

Lo que sí quedaba claro era que a Margall no le hacía ninguna gracia lo que su aprendiz estaba haciendo. El viejo cetrero era una persona valiente, arrojada, los más ancianos hablaban de un hombre de un coraje sin igual, que combatía como si su propia vida no valiese nada, había luchado en muchas batallas hacía años, junto con el padre de Oerges antes de que éste se erigiese en rey, pero desde que estaba bajo su tutela había intentado convencer a Roland de la maldad de las armas y las guerras, era un personaje singular ese Margall, singular, pero terrible cuando se enfadaba. Y el ceño fruncido que arrugaba aún más su cara en esos instantes era suficiente como para saber que estaba realmente enfadado.

-Yo… voy a ir a Bidem a… –se envalentonó Roland- a avisar de la llegada inminente de los Drauks y…

-¡Ni hablar! –tronó la voz del anciano, haciendo que tanto Roland como el soldado que le ayudaba a vestirse y prepararse para el viaje se encogiesen ligeramente ante su furia.

-Pero…

-¡Silencio! No he invertido tanto tiempo en tu aprendizaje muchacho para que ahora te vayas al bosque como un estúpido, en una noche de luna llena… un viaje del que, desde luego, no regresarías jamás, ni tú… ni tu alma.

-Pero Lord Margall –terció el soldado tímidamente- el propio Oerges ha ordenado que…

-Oerges tendrá que buscarse otro estúpido suicida que quiera cruzar el bosque esta noche. Bidem está senteciado, llegue un mensajero con el aviso o no, enviar a alguien allí sólo servirá para engrosar la lista de nuestras muertes, no lo permitiré…

-¿Qué es lo que no vas a permitir Margall? –la voz aterciopelada y de tintes macabros pertenecía al Capellán, que en esos momentos llegó a la sala de intendencia con una sonrisa ladina dibujada por sus delgados labios. Todo el mundo conocía la profunda enemistad entre Margall y Laundrat- ¿Sabe el rey Oerges que eres tú, un cetrero y no él quién gobierna Sarberk?

-Sarberk es gobernada por Oerges, monje, pero en lo que respecta a la vida de este joven yo soy el máximo responsable –Margall ni siquiera miró a Laundrat para responder, no quitaba la mirada de Roland, sintiéndose cada vez más sorprendido por el extraño arrojo del muchacho, que hasta el momento siempre había dado muestras de ser más bien cobarde.

-¿Quizás tú tengas un modo mejor de avisar a la aldea de la desgracia que les va a caer? Aunque, si no recuerdo mal, tus pájaros se niegan a internarse en el bosque de noche, cosa que este joven está dispuesto a hacer por sus vecinos…

-A mí no me vengas con estupideces Laundrat –Margall se giró y se encaró con el sonriente capellán- quizás tu dios esté dispuesto a sacrificar vidas humanas por capricho, ya que se ha mostrado evidentemente ineficaz ante el sanguinario avance de los Drauks, pero nosotros no somos así, no enviamos cerdos al matadero si no es por una razón… ¿Podéis tú o tu dios decir lo mismo? ¿Monseñor?

1 comentarios :

Yosu Rc! dijo...

Aunque no lo parezca, voy siguiendo La Noche del Cetrero según lo cuelgas.
Copio y pego en Word y leo cuando los estudios dejan un hueco...

Por cierto, menudo lavado de cara a la web, ahora sí que parece profesio... esto, mola mucho más que antes.