5 de marzo de 2010

El Elefante de Marfil


Hace poco más de una semana nos llegó al buzón herrumbroso y cubierto de maleza de nuestro castillo un libro con una cubierta que ya invitaba a leerlo, El elefante de marfil, al mirarlo por delante y por detrás, por arriba y por abajo, tuve la certeza de que estaba ante una de esas novelas en las que uno se adentra sin saber demasiado bien a lo que atenerse, novela histórica, sagas familiares, intriga, aventuras… tenía de todo en sus más de 500 páginas, al menos en apariencia.

No suelo hacerlo casi nunca, pero antes de leer la novela me interesé por su escritora, Nerea Riesco, una joven escritora y periodista bilbaína que se crió en Valladolid y que ahora reside en Sevilla con varios premios a sus espaldas a pesar de su juventud. El Premio Ateneo Joven de Novela de Sevilla con su primera novela “El país de las mariposas” y el puesto de finalista en el Premio Espartaco por otra de sus novelas “Ars Mágica”, que además ha sido traducida a infinidad de idiomas. En fin, que tenía entre mis manos un libro de una calidad asegurada de antemano por el currículo de su creadora.

Esperaba encontrarme con una novela histórica más, aderezada con un misterio claro está, protagonizado en este caso por una partida de ajedrez sin disputar y una búsqueda desesperada de un “tesoro” perdido que enmarca un pacto antiguo entre cristianos y musulmanes… casi nada. Pero no esperaba toparme con el ambicioso novelón que he tenido el placer de disfrutar entre mis manos. Ambientada en la Sevilla de finales del siglo XVIII (la novela arranca con el tristemente famoso Terremoto de Lisboa), la historia nos cuenta los avatares familiares de una familia atípica durante tres generaciones, la familia Montenegro, poseedora de una imprenta famosa (y real) y contenedora de un secreto que marcará sus vidas… aunque todos encontrarán el amor y la pasión tan necesarios en nuestra vida cotidiana. La verdad es que el libro está trazado entre hechos históricos reales, aderezado con detalles de la vida cotidiana de la Sevilla de la época y de los azares menos naturales que corren los miembros de la familia.

A lo largo de sus páginas disfrutaremos de sus logros y sufriremos con sus derrotas y capitulaciones, tendremos que contener las lágrimas con algunas de sus muertes y con la pérdida de un civismo y una ilustración semejantes a las de la Francia de comienzos del XIX… aprenderemos historia española y nos toparemos con muchos detalles históricos que lejos de aburrir y contener la historia narrada lo que hacen es llevarla en volandas de uno a otro punto.

La narrativa de Nerea es vibrante y continua, no te cansa a pesar de ser extenuante y no permite que uno se pare demasiado para no perderse lo siguiente… eso es lo único que permite que no aburra una búsqueda de cinco décadas de un papel custodiado por un personaje del que sólo conocemos el apellido y el fruto de su trabajo y que, sin embargo esté siempre presente, como un recuerdo lejano que siempre regresa. Nos embarcamos en la vida de los Montenegro sin importarnos ya esa partida de ajedrez ni ese elefante de marfil del título, nos amoldamos a la familia, a sus logros y avatares y sin darnos cuenta nos encariñamos con ellos… tanto que cuando al fin el destino aparece para exigir su parte de la trama, a nosotros casi nos trae sin cuidado y sólo queremos que esa gente sea feliz, sin importarnos si al final del libro ganan cristianos o musulmanes o si la Pepa sigue adelante o Fernando VII se burla de todos y la deroga… ¿qué más nos da? Nosotros sólo queremos que se recuerde a los Montenegro y que su imprenta siga adelante, que nuevas manos impriman en ese lugar en el que hay un cartel que reza “Aquí se imprimen libros”.


No se nota que me ha gustado esta novela ¿no? Felicidades Nerea por esta novela tan ambiciosa, estupenda, entretenida y entrañable a partes iguales… yo no sé a los demás, pero a mí me ha encantado… espero que el bandolero regrese a su refugio…

1 comentarios :

Anónimo dijo...

Me ha parecido una historia maravillosa que te introduce la tan complicada alma humana.