6 de mayo de 2010

Oda al cubo de basura


Eres penúltimo lugar de la esperanza,
de los versos malgastados en un kleenex,
de ensueños ocultos tras papel de plata,
de estados de ánimo ya sin envoltorio
y ya resueltos,
ya gastados,
de noticias que vendrán mañana
y de recuerdos de nuestra vida ya pasada…

Eres baluarte cierto de nuestras dichas y desdichas
donde van a morir nuestros anhelos
o aquello que consiguieron finalmente lograr nuestros empeños.

Hogar de metal, petróleo o piedra,
refugio de mi vida cotidiana,
en ti mora nuestro ser unos minutos
o unas horas
o unos días…
como en un limbo,
aguardando por nacer o ya difuntos
nuestros juegos, llantos, miserias o alegrías,
antes de caer para siempre en el olvido,
antes de fugarse con el resto eternamente
para ser nuestro y dejar de ser tuyo o mío.

Testigo final de mis congojas,
de noches lujuriosas y repletas,
de pecados no contados,
del cariño más sincero,
de desamor… de amor,
de recuerdos.

Es ante ti, ante tu juicio
que me entrego cada día,
sólo tú me conoces tal cual soy,
sabes de todos mis secretos no contados,
me conoces…
sólo tú me conoces tal cual soy
y no sé si tú llegarás a comprenderme
mejor de lo que yo mismo lo hago,

y al final de los tiempos, si en verdad hay quien nos juzgue
serás tú y no Dios
quien pueda decir al final
si merezco las puertas del Cielo
o por contra un castigo eterno me he ganado.