15 de junio de 2010

La Espada del Destino

Hace un par de meses recibí en el correo electrónico la ficha de un libro que me llamó mucho la atención, la ficha venía avalada con una afirmación categórica, el autor de ese libro era un nuevo referente en la literatura fantástica mundial y un revolucionario del género (más o menos)... tengo que decir que la imagen de la cubierta fue lo que más me impactó, tenía muchísima curiosidad por saber quién leches era la mujer de la foto, cubierta con capa, un tatuaje incitador en la muñeca, piel pálida, ojos relucientes y milana en el brazo... después leí la sinopsis y me terminó de embrujar.

Hablaba de un brujo cazador de monstruos, uno que lo hacía por dinero, capaz de meterse en cualquier problema por sacar unas pelillas y que si se enfrascaba en la caza de un dragón (por poner un ejemplo) éste no sería el mayor ni más peligroso de sus problemas, ya que estos vendrían tras la caza, cuando se tuviese que repartir el botín con otros cazadores de dragones...

El nombre de su autor también tiene tintes exóticos que invitan a querer leerlo Andrzej Sapkowski "el gran renovador de la literatura fantástica de nuestro tiempos", ¿no os invita a querer saber cómo escribe?

Según Alamut la prosa de Sapkowski es brillante e irónica... no puedo estar más de acuerdo con ellos. El autor y su manera de escribir no sólo me han parecido brillantes, sino envolventes, abrumadores a veces. El toque mundano que da a las historias me ha parecido innovador y sugerente, nunca la fantasía me resultó tan cercana, extravagante y oscura al mismo tiempo.

No había leído antes a Sapkowski ni otras aventuras del Brujo Peloblanco, Geralt de Rivia, pero he disfrutado como un enano de sus aventuras. El libro está trazado en seis aventuras diferentes escritas a modo de cuentos largos o novelas cortas entrelazadas entre sí y siguiendo el hilo del tiempo sucesivamente (como debe de ser), si bien las historias comienzan con la cotidianidad, los vulgarismos y la normalización de la fantasía hasta límites insospechados (la aventura de la caza del dragón y de todos los tipos que se juntan para cazarlo es impagable, irónica, genial), la trama se va oscureciendo a medida que transcurren las hojas.

Geralt de Rivia me ha sorprendido gratamente, no sé si pasarle ya a la lista de mis héroes o de mis antihéroes, si hago caso al personaje en cuestión en sus palabras y sus planteamientos no dudaría en subirle al pedestal de los antihéroes, casi incluso de los villanos, pero si me ciño a su modo de actuar, a su heroicidad velada, me lo tendría que llevar al panteón de los caballeros andantes, tendré que leer más sobre él para opinar, porque quiero leer más, mucho más sobre este brujo tan siniestro de un corazón tan grande (aunque él jure y perjure que no lo tiene, o que está vacío).

Os recomiendo esta lectura para aquellos que busquen algo más en la fantasía que princesas que salvar o demonios que matar o vampiros y hombres lobo... tampoco hay grandes guerras ni batallas increíbles entre ejércitos... sólo hay un hombre (bueno... un brujo drogado y entrenado desde pequeño) enfrentado al mundo, a situaciones imposibles, al destino y a sí mismo... sobre todo a sí mismo.

Geralt de Rivia es un personaje tremendo, trazado con irregularidades y controversias personales que lo convierten en uno de esos grises tan aclamados por los lectores... podría compararse a Raistlin Majere (aunque Raistlin, en su ambición, no resulte tan oscuro como Geralt en su bondad oculta). Si os adentráis en esta saga lo vais a pasar muy bien y hasta os podréis enamorar de una joven cuentacuentos enamorada o de una hechicera mortífera.

Para mí, si tuviese que ceñirme a un par de palabras lo tendría claro: sencillamente genial.

Sólo una cosa, Geralt me recuerda muchísimo a Elric de Melniboné, ¿no será uno de esos guerreros místicos del Multiverso del que nos hablaba Moorcok? Puede ser, drogas, pelo blanco, brujería, incluso en una parte del libro le llama Lobo Blanco... semejanzas que no logran borrar la originalidad de este autor ni de este personaje tan apabullante.