20 de octubre de 2010

La última carta

La mujer tomó la carta que el cartero le ofrecía con una tímida sonrisa que no le hizo despegar la mirada de sus zapatos polvorientos. Él salió dando un leve traspié que habría resultado cómico en cualquier otra situación. Ella cerró la puerta con un suspiro y rasgó el sobre para ver quién le había enviado una carta después de tanto tiempo… sus ojos se abrieron como platos y estuvo muy cerca de golpearse en la cara con la hoja de la puerta al abrirla precipitadamente. El cartero apenas tuvo tiempo de prepararse para recibirla y el vecino de enfrente creyó que la mujer pretendía golpearle al verla correr.

-¡Sí! ¡Sí! –Gritó eufórica- ¡Claro que quiero casarme contigo!

La mirada del cartero se levantó de sus zapatos por primera vez en mucho tiempo y su sonrisa, esta vez mucho más amplia, fue sofocada por un beso de película ofrecido por su joven amada. Aquella a la que había regalado tantos y tantos versos anónimos. A su alrededor flotaron las cartas que aún no había repartido aquella mañana y que ya no llegarían a sus dueños hasta el día siguiente.