El blog de Javier Fernández Jiménez

18 de noviembre de 2010

El Corredor


Cuando no tenía nada mejor que hacer corría, era su modo de desahogarse, de mantenerse ocupado, de sentirse útil.

Corría y sudaba y podía notar que en cada gota de sudor dejaba escapar una de esas sonrisas que nunca dedicó, las lágrimas que nunca sufrió y los sueños que nunca llegaron a hacerse realidad.

Y al llegar a la meta, al morir, Supo por fin que no se puede huir de uno mismo.

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