18 de noviembre de 2010

El Corredor


Cuando no tenía nada mejor que hacer corría, era su modo de desahogarse, de mantenerse ocupado, de sentirse útil.

Corría y sudaba y podía notar que en cada gota de sudor dejaba escapar una de esas sonrisas que nunca dedicó, las lágrimas que nunca sufrió y los sueños que nunca llegaron a hacerse realidad.

Y al llegar a la meta, al morir, Supo por fin que no se puede huir de uno mismo.