26 de noviembre de 2010

Erecta y caliente

Tome entre mis manos la forma erecta y alargada, con tiento y mucho mimo. Estaba tan dura que parecía crujir entre mis dedos. La levanté con devoción y respeto, sabiendo que se podría quebrar en un segundo.

Separé la diestra entonces, con algo menos de delicadeza de la que en un principio pretendía y la manoseé ahora a ella, con prisas, deslicé mis dedos sinuosos, con urgencia, semejantes a culebras ansionas, buscando la abertura que me invitaba a penetrarla con esa forma turgente.

Todo fue rapido y certero. Casi pasional, tanto que me costó abrirla y meterla más de lo acostumbrado, aunque al final lo conseguí, como lo hacía tantas veces a lo largo del día. Y a los pocos segundos me marché de allí, dejando la barra de pan en su bolsa, colgada de la puerta de una parcela cualquiera y esperando a que el dueño precisara de ella para comer.

2 comentarios :

irene dijo...

Vaya tela vaya tela
Y luego soy yo la de los relatos eroticos, jajajajaja
me encanto, y ni de cachondeo me hubiese imaginado ese final, fantastico
(todavia me estoy riendo)

Javi dijo...

Jejeje. La verdad es que es una de mis primeras veces... en las que tengo el final pensado de antemano, jejejeje