30 de noviembre de 2010

Llamada a las Cuatro


Se preparó para lo peor, cuando uno recibe una llamada a las cuatro de la madrugada no solo se levanta de un salto, como si estuviese haciendo deporte durante horas, sino que sabe, a ciencia cierta, que le van a decir algo terrible.

Al descolgar escuchó el aliento agitado de una mujer, no sabía quién demonios podía ser su interlocutora, hacía meses que no cruzaba más de tres palabras con mujer alguna. Al cabo de los segundos, una voz tan agitada como esa respiración que le había respondido al coger el móvil le dijo entrecortada -asómate a la ventana, no te vas a creer lo que está pasando.

Y como perro obediente que era se asomó a la ventana, no es que habitualmente fuese demasiado independiente respecto a sus propios actos, era un borreguito más, pero a las cuatro de la mañana... pues eso, se asomó y se cagó en la madre que lo parió al recordar el día que era, al final los jodidos mayas esos tenían toda la razón... ¡mierda!