23 de noviembre de 2010

Pequeño gato derrotado


Hoy, en este día gris, macilento,
enrabietado,
en nubes borrascosas,
brumas y tinieblas atrapado
hoy, pequeño gato, hoy te he encontrado
desarmado
cual anticipo leve de leyenda,
de Mal supersticioso que ya nunca serás
porque ya has sido,
aun siendo todavía semilla,
talado,
ya has sido por la muerte derrotado.

Pequeño gato negro acunado en la hojarasca
ocres y castaños y dorados te amamantan
envuelto, ya para siempre, en amarillenta mortaja,
los chopos, entristecidos, lloran tu vida apagada,
se agitan temblorosas sus copas bajo las nubes y los grises
de este otoño sin clemencia, de esta mañana aciaga,
que ya no podrás sufrir
pues nunca más podrás sufrir por nada.

Ya no recorrerás el muro
junto al que tus huesos descansan
ya no saltarán tus negros en la noche despejada,
ya no maullarás tu pena a la Luna
con el llanto arrullador mecido por tu garganta.

Has caído para siempre
y los castaños ya te guardan,
serás gris, serás polvo y serás la tierra callada
y quizás en el futuro seas tú un chopo lloroso
que en su llanto por un gato
despueble sus ramas blancas.

Los hombres somos las hojas
que despuntan en las ramas
y cuando llega el momento
el color se les apaga
y se tornan en dorados
y en ocres que no destacan
y se deslizan sin remedio
hacia la tierra grisácea
y de un todo que fuimos
nos hacemos
apócopes de la nada.

Pequeño gato negro,
terciopelo de la noche,
espía de nuestros sueños,
suave y sigiloso fantasma,
cantor de la Luna
paladín de la luz de plata,
gato negro,
diminuto maullador
de infatigable garganta,
tú no llegaste a tu invierno,
te quedaste en primavera
y los chopos, llameantes,
lloran tu condena amarga,
dejando caer en silencio
el pelaje de sus ramas canas
sus copas de oros y ocres
te cubrirán para siempre
y te acunarán
con sus lágrimas castañas.

¡Oh! Pequeño gato
prueba de nuestra desgracia
dime qué ven los fulgores
verde azules de tu cara,
dime si hay más allá
o nos aguarda la nada.

¿Recuerdas, pequeño gato,
cuando en verano, el sol doraba tu espalda?
¿Cuándo corrías el muro
y la hierba convertías en sábana, colchón y almohada?

Ya no verán los almendros
tus felices correrías
ni los pinos quejumbrosos
tus certeras cacerías,
por eso los álamos lloran
porque ya no verán tus negros
saltando bajo sus copas,
ni tu sinuoso andar
con aires de gallardía
ni tu ominoso silencio
ni tu eterna seriedad
repleta de triste alegría,
te has quedado en el camino
y las hojas te cobijan,
como a mí me cobijarán
sus ocres, dorados y castaños
en el final de mi vida.


Vale, supongo que un gatito muerto no es lo más hermoso que existe, pero aunque no me creáis el domingo cuando le vi ahí, tirado entre las hojas de los álamos, me dije ¿y por qué no le dedicas un poema al pobre gato? Pues bien, aquí lo tenéis, espero que os guste.

2 comentarios :

irene dijo...

La muerte nunca es bella, porque es la culpable de arrebatar la belleza del que la padece, pero como bien dices, todos se merecen un poema, aunque sea un pobre gato que ya fallecio
Me encanta como escribes Javier
un beso nene
Irene Comendador

Javi dijo...

Muchas gracias Irene. No sé por qué, pero la muerte de ese gato me resultó de lo más poética.

Un saludo.